jueves, 24 de septiembre de 2015

Noches de tinta y papel.

La vida no son dos días, ni cuatro polvos, ni un suspiro. La vida tiene carreras de cien metros lisos y maratones de cuarenta kilómetros. No te aceleres si no quieres, si no estás preparada o si el miedo te impide avanzar más rápido. No hagas caso de los refranes socorridos y deja para mañana lo que no sientas que tengas que hacer hoy. Tampoco frenes si no quieres frenar, no te detengas por el mero hecho de que la sociedad establezca límites para todo y te agobie con su “vas demasiado rápido”. Que te importe absolutamente nada lo que vayas a encontrar al pisar el acelerador. Que te importe una jodida mierda lo que diga quien no te quiere, ni te valora, ni le importas, porque desgraciadamente de eso hay mucho y muy malo en este mundo. No soy mentalista ni adivina, no sé si hay alguien que vaya a quererte como tú quieres que te quieran, pero estoy segura de que hay alguien que te querrá y te querrá bien, si le dejas. Y aceptará tus ritmos, tus manías, tu piel de naranja y tus histerias premenstruales. Porque si no lo hace es que no vale la pena. Porque vale la pena quien te la quita, no quien te la da. Que aunque somos de las que pueden bajar del cielo cualquier estrella y hasta la luna entera por nosotras mismas, es ridículo negar que nos gusta sentir que tenemos alguien a nuestro lado que nos la bajaría cuando quisiéramos, si hiciera falta. Por eso hay amaneceres que tienen más de “con quién” que de “dónde”, canciones favoritas que no son de uno solo sino de dos, lugares que cobran un sentido diferente cuando estás en ellos con ciertas personas, y momentos que por mucho que lo intentes jamás podrás volver a vivir de la misma manera, pero su recuerdo permanecerá contigo siempre. Y por mucho que lo intenten, que hablen, que critiquen o que ensucien, nada ni nadie podrá arrebatarte eso.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Verano...no sé cómo despedirte.

Recuerdo la primera vez que fuimos a cenar. Viniste a buscarme a la puerta de casa, con el pelo recién cortado, cazadora azul marino y camisa de cuadros. Subí al coche sin saber muy bien qué decir, pero tú dijiste "qué mona", y me dibujaste una sonrisa. Yo elegí el sitio y tú la comida. Aquel día comprobé que con tus rarezas es mejor no perder el tiempo y directamente dejarte elegir a ti. Me daba vergüenza comer mientras me mirabas. Me daba vergüenza cómo me mirabas, fijamente, con esa cara de sinvergüenza que se te pone cuando me miras sin decir nada, o diciendo cosas de esas que no se pueden decir en público ni en horario infantil. Esa cara que tanto me gusta. Hablamos mucho, de muchas cosas, y nos reímos más aún. Después me llevaste a casa y nos quedamos un rato en el coche con el motor encendido, esperando a que sucediera algo para que no te tuvieras que marchar a trabajar. Me besaste, largo y lento, como se besan los protagonistas de las películas. Y cuando te marchaste al fin, yo me quedé parada ahí, pensando, que aunque no estaba preparada para reconocerlo, podría vivir en uno de esos besos durante el resto de mi vida.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

No esperes a que pase la tormenta. Aprende a bailar bajo la lluvia.


Ayer a la salida del colegio me choqué con una niña que iba gritando por la calle, emocionada porque llovía. “¡Papá, llueve! ¡Qué llueva más, que llueva más!”. Su padre, un atractivo joven de pelo despeinado y mediana estatura, lejos de hacerle protegerse de la lluvia dejó que continuara corriendo y gritando, aún siendo consciente de que se estaba calando entera, manchándose de barro el uniforme. Me sorprendieron tanto ambas actitudes que no pude evitar preguntarle por qué quería que lloviese. La pequeña se quedó parada mirándome, y me dijo con expresión algo desconcertada ante mi ignorancia: “Porque cuando llueve significa que mamá está bien, y nos manda besos”. Hoy me he enterado de que su madre falleció de cáncer hace unos meses. Son los pequeños detalles como este, con los que uno se choca en la vida por casualidad, los que nos hacen darnos cuenta de lo tremendamente subnormales que podemos llegar a ser las personas, al generar conflictos con otras sin necesidad, al darle importancia a cosas que realmente no la tienen, y al no valorar a quien nos quiere, nos respeta, y nos cuida, en lugar de demostrar lo que sentimos, y estar agradecidos de la suerte que tenemos de tenerle a nuestro lado. 


jueves, 10 de septiembre de 2015

Septiembre entre líneas.



Huele a bolígrafo rojo, tinta, papel, pizarra y tiza. A bote de balón y zapatillas, al sonido del viento al acariciar las cuerdas de la canasta. Al nudo en la garganta que se te forma cuando lees la muerte de uno de tus personajes favoritos. A la sensación de falta de aire en los pulmones cuando eres tú quien escribe y decide acabar con su vida. Huele al cosquilleo que provoca la barba de seis días cuando te roza las mejillas. A sábanas revueltas en la cama después de una larga noche. A esas lágrimas sinceras de quien siente amor por alguien. O lo que sea. De quien siente y no lo puede controlar. A esos abrazos entre sueños que huelen tan bien, que tanta calma te dan. A ese "cocíname las ganas, que mis sueños tienen hambre". Huele a San Mateo, a final de verano, a cerrar los ojos e imaginarte en otro lugar, muy lejos, volviendo a vivir esos momentos que te hicieron tan feliz. Huele al brillo que tienen los ojos a veces, cuando al mirarte sonríen, y sientes que sienten, haciendo que todos los relojes del mundo se detengan en ese instante. Al sonido de esa voz que te saca una sonrisa al otro lado del teléfono, sólo por ser de quien es. A los besos que duran, que te ponen la piel de gallina, que empiezan lentos y acaban con tanta pasión que dan paso a todo lo demás. A despertar sin tener claro qué día es, ni dónde estás, pero sí quién está acostado a tu lado. Huele a todas esas cosas que son demasiado bonitas como para expresar con palabras, que te ayudan a levantarte cada mañana dejando a un lado al miedo, con la sensación de que pase lo que pase, todo saldrá bien. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

Tinta de domingo.


Huele al cosquilleo que provoca la barba de tres días cuando te roza las mejillas. A sábanas revueltas en la cama después de una larga noche. A esas lágrimas sinceras de quien siente amor por alguien. O lo que sea. De quien siente y no lo puede controlar.  Huele a cerrar los ojos e imaginarte en otro lugar, lejos, volviendo a vivir esos momentos que te hicieron feliz. Al nudo en la garganta que se te forma cuando lees la muerte de uno de tus personajes favoritos. A la sensación de falta de aire en los pulmones cuando eres tú quien escribe y decide matarlo. Huele al brillo que tienen sus ojos a veces, cuando me mira, sonríe, y siento que siente, y entonces todos los relojes del mundo se detienen en ese instante. Al sonido de esa voz que te saca una sonrisa al otro lado del teléfono, sólo por ser de quién es. A los besos que duran, que te ponen la piel de gallina, que empiezan lentos y acaban con tanta pasión que dan paso a todo lo demás. A despertar sin tener claro qué día es, ni dónde estás, pero sí quién descansa a tu lado. Huele a todas esas cosas que son demasiado bonitas como para expresar con palabras. Por eso cocíname las ganas, que mis sueños tienen hambre. Que mi color favorito es el azul, pero tú construías toda la paleta de colores en mis días grises. Y hoy todo es un poquito más oscuro aquí. Sin ti.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Vísteme de inspiración, que sin ella estoy desnuda.



No existen los amores perfectos, y mucho menos las personas perfectas. Pero siempre podrás encontrar a alguien que a pesar de sus errores, sea perfecto para ti. A veces nos empeñamos en tener a alguien a quien necesitar, cuando lo que realmente merece la pena es tener a alguien a quien querer. Lo bonito del amor no está en el agobiante "no puedo vivir sin ti", sino en el pasional "podría vivir sin ti, pero no quiero hacerlo". Por eso no le hagas daño, no le cambies, y no exijas en todo momento más de lo que pueda darte. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enfadarte y échale de menos cuando no esté a tu lado. Porque que no esté pendiente de ti en todo momento no significa que no te quiera, o que no esté aprendiendo a quererte. Y si te acaba queriendo de verdad, te entregará una de sus partes más valiosas, aún sabiendo que puedes romperla: Su corazón.


miércoles, 22 de julio de 2015

De los gestos y las palabras.

Siempre decimos que todos son iguales, pero mentiría si no dijera que para mí él es distinto, incluso cuando está apagado mirando la pantalla de su teléfono móvil en su mundo, sin decir nada. Quizás a veces a mí me falten gestos, y a él palabras, pero cuando me mira fijamente el tiempo se detiene como un coche que frena en seco en un callejón sin salida, y puedo ver el infinito reflejado en las motas oscuras del iris de sus ojos. Es entonces cuando siento que la palabra enamorarse no suena tan fea como antes porque se puede ir construyendo con las seis letras de su nombre, que la palabra compartir se hace cada día más sencilla a su lado, y que la palabra felicidad cobra un sentido especial cuando me besa, me abraza, o cuando por mí sonríe, y me mira. Pero sobre todo, me doy cuenta de que la vida se puede poner mucho más bonita. Despertar y encontrarle a mi lado, entre ronquidos, con esa cara de tonto que se le pone mientras duerme que tanto me gusta. Sentir su olor, el tacto de su piel, el roce de sus pies entrecruzados. Y sentir también su ausencia, las noches en las que despierto de madrugada y no le encuentro entre mis sábanas, para sin querer pero queriendo querer volver a verle. Acordarme de él cuando suena esa canción que aunque millones de personas en el mundo la estén escuchando en ese momento, es nuestra, y no poder evitar que se me escape una sonrisa. Echarle de más cuando se pone idiota, y de menos en cuanto se da media vuelta. Sentirme cómoda hasta en los silencios, poder disfrutar de ellos como de cualquier conversación. Escuchar sus inquietudes, sus preocupaciones, que escuche las mías. Verle sonreir, sonreir con él. Reir, discutir sin enfadarme, bailar, cantar, soñar, y escucharle en sueños, caminar en la misma dirección, sentir a su gente un poquito mía, crecer como personas, juntos. Y por encima de todo, no dejar que el miedo a un mañana incierto nos impida disfrutar del momento, no permitir que las cicatrices del pasado nos impidan generar nuevas cicatrices. Porque justamente son esas batallas las que nos hacen ganar la guerra, las que nos hacen madurar como personas, las que nos enseñan a querer a la otra persona...las que nos hacen sentir que a pesar del orgullo, sentimos, y estamos vivos.

lunes, 6 de julio de 2015

Tinta de domingo.

Era un domingo cualquiera. Primavera, estación amiga de las mariposas y de las idealizaciones pasajeras. El sol se despedía dejando el cielo cubierto de un rojo especial. Ella le observaba sentada en el taburete de aquella cafetería, algo nerviosa, pero segura de sí misma y poco preocupada. Al fin y al cabo, tenía claro que no iba a liarse con tonterías ni romances pasajeros. Dicen que el amor es adictivo, pero cuando te acostumbras a la soledad desprenderte de ella es todo un reto, porque logras que tu felicidad dependa únicamente de ti. De ti y de tus ganas de amar la vida. Entonces sucedió. Él la miró, con una sonrisa capaz de tumbar a un ejército entero instantes antes de atacar. Charlaron, rieron, y por momentos ella dejó de pensar. Se miraban con los ojos como platos mientras se contaban lo primero que se les pasaba por la cabeza. Conectaron. Pero no fue una conexión cualquiera, no. Fue una de esas conexiones que ya venía haciendo saltar chispas, de esas que tienen electricidad suficiente como para hacer sonar las alarmas de cualquier corazón oxidado. Porque eso de que el amor surge con el tiempo es verdad, pero hay ocasiones en las que con tan sólo cinco minutos puedes saber si alguien será capaz, tocando las teclas adecuadas, de llegar a tu corazón con el paso de ese tiempo. Y justamente esas oportunidades son las que no hay que dejar pasar. Poco a poco, sin querer pero queriendo, se fueron conociendo. Parecía como si se conociesen de toda la vida, y al mismo tiempo vivían situaciones de desconcierto en las que no sabían cómo acertar, ni cómo reaccionar. Un día, mientras paseaban, él la cogió por la cintura y la besó, como otras veces. Pero ella bajó la guardia. Por un momento sintió que todo a su alrededor había desaparecido, estaban solos, el y ella, en un mundo que se escapaba de su control. Y fue justo en ese momento, cuando decidió que no podía permitirse enamorarse de él.


-Tengo miedo.-Le contó a su amiga.
-¿Miedo de qué?
-De volver a sentir.
-Mas vale sentir la intensidad de una emoción arriesgada que no sentir nada y estar muerto por dentro.
Y era cierto. Es cierto. No hay miedo más poderoso que el vacío. El que no sabe ni a dulce, ni a salado. El que ya no ríe, ni llora. El amor implica valor. Y la vida está hecha para los valientes que aún en las batallas perdidas siempre encuentran una victoria. Así que una vez más, ella cubrió de ilusión sus cicatrices, y simplemente, se dejó llevar.

domingo, 5 de julio de 2015

Tinta de domingo.


Era un domingo cualquiera. Primavera, estación amiga de las mariposas y de las idealizaciones pasajeras. El sol se despedía dejando el cielo cubierto de un rojo especial. Ella le observaba sentada en el taburete de aquella cafetería, algo nerviosa, pero segura de sí misma y poco preocupada. Al fin y al cabo, tenía claro que no iba a liarse con tonterías ni romances pasajeros. Dicen que el amor es adictivo, pero cuando te acostumbras a la soledad desprenderte de ella es todo un reto, porque logras que tu felicidad dependa únicamente de ti. De ti y de tus ganas de amar la vida. Entonces sucedió. Él la miró, con una sonrisa capaz de tumbar a un ejército entero instantes antes de atacar. Charlaron, rieron, y por momentos ella dejó de pensar. Se miraban con los ojos como platos mientras se contaban lo primero que se les pasaba por la cabeza. Conectaron. Pero no fue una conexión cualquiera, no. Fue una de esas conexiones que ya venía haciendo saltar chispas, de esas que tienen electricidad suficiente como para hacer sonar las alarmas de cualquier corazón oxidado. Porque eso de que el amor surge con el tiempo es verdad, pero hay ocasiones en las que con tan sólo cinco minutos puedes saber si alguien será capaz, tocando las teclas adecuadas, de llegar a tu corazón con el paso de ese tiempo. Y justamente esas oportunidades son las que no hay que dejar pasar. Poco a poco, sin querer pero queriendo, se fueron conociendo. Parecía como si se conociesen de toda la vida, y al mismo tiempo vivían situaciones de desconcierto en las que no sabían cómo acertar, ni cómo reaccionar. Un día, mientras paseaban, él la cogió por la cintura y la besó, como otras veces. Pero ella bajó la guardia. Por un momento sintió que todo a su alrededor había desaparecido, estaban solos, el y ella, en un mundo que se escapaba de su control. Y fue justo en ese momento, cuando decidió que no podía permitirse enamorarse de él.
-Tengo miedo.-Le contó a su amiga.
-¿Miedo de qué?
-De volver a sentir.
-Mas vale sentir la intensidad de una emoción arriesgada que no sentir nada y estar muerto por dentro.
Y era cierto. Es cierto. No hay miedo más poderoso que el vacío. El que no sabe ni a dulce, ni a salado. El que ya no ríe, ni llora. El amor implica valor. Y la vida está hecha para los valientes que aún en las batallas perdidas siempre encuentran una victoria. Así que una vez más, ella cubrió de ilusión sus cicatrices, y simplemente, se dejó llevar.

miércoles, 1 de julio de 2015

Incendios de nieve.



Pocos sentimientos tan angustiosos existen como querer a alguien y comprobar que no te hace feliz. Y agarrarte al mayor motor de nuestro corazón: La esperanza. Como a un clavo ardiendo que lo único que provoca son más heridas que no cicatrizan solas. Fumarte los restos de ceniza, las sobras de un amor que fue, que ya no es, ni será jamás, intentando no sentirte culpable por un fracaso que hace tiempo que añadiste a tu lista. Dormir hasta que deje de doler. Hasta abrir los ojos una mañana y no sentir que aún empapada en sudor las sábanas permanecen frías, ahogándote por dentro. Sonreír al espejo antes de salir de casa y forzar la sonrisa con quien te rodea, pisar fuerte para que nadie note que, en realidad, todavía estas un poco rota por dentro. Escribir hasta que las palabras se te salgan por los ojos y las grites, sacarlas fuera y que no vuelvan a entrar jamás. Beber hasta que los recuerdos desfilen uno a uno delante de ti, y llegue el día en el que te rías de ellos, en el que no te sientas como la mala del cuento. Guardar el corazón en la nevera. Congelarte por dentro. Congelarlo todo. Y en medio de todo ese caos, permitir que llegue alguien que poco a poco provoque el deshielo con sus incendios. Convencerte de que hay algo más después del dolor, de que no somos más fríos por la ausencia de sentimientos, sino por la abundancia de decepciones. Pero que todas esas decepciones se derretirán hasta desaparecer entre las llamas, si te das la oportunidad de sentir, de vivir, y de volver a ser feliz.

martes, 23 de junio de 2015

Tinta de lluvia.

-¿Cómo me llama?-Preguntó el joven retomando la conversación, sin ocultar su expresión de desconcierto.
-No te llama de ninguna manera.-Respondió el anciano mientras recogía con la cucharilla los restos de nata de su taza de café.
-¿No habla de mí, entonces?
-Claro que habla. Pero no hay ninguna necesidad de ponerle etiquetas a las personas…Ni creo que tú estés haciendo nada por merecerlas últimamente.
-Gracias.-Dijo con gesto incómodo.
-Para ella eres…Especial.
-¿Especial?-Preguntó el joven sorprendido.
-Sí. Especial.-Repitió el anciano dejando ver entre sus arrugas lo que parecía una ligera sonrisa.-Es la palabra con la que le gusta describirte. La palabra que por lo general utiliza cuando algo le resulta indefinible, indescifrable, fuera de lo normal o de a lo que está normalmente acostumbrada. Lo cierto es que "especial" no quiere decir absolutamente nada, pero si es hora de sincerarse y admitir lo que pasa, para ella quiere decir que lo tienes todo. Especial radica en la necesidad de ponerle un nombre a lo desconocido, y en el hecho de que a veces le cuesta entender todas y cada una de tus puñeteras actitudes. Especial significa en su mundo, en su idioma: “Está loco, es lo más cuerdo que existe, se acerca, se aleja, me echa en falta, ni me recuerda, soy lo que quiere, habla de tantas...cree que me tiene, teme no tener nada.” Pero hay algo que está claro que sí tienes. Tienes la maravillosa habilidad de hacerla sentir. Le haces sentir, y esa sí que es la más clara influencia que generas sobre su persona. Y en ocasiones se siente idiota, manipulada, lejos de ser por momentos esa persona inteligente que creía ser, y que de hecho es, ni nada que se le parezca. Y su centro, su equilibrio, su razón, sus pilares...transitoriamente todo declina, todo se va, se esfuma. ¿Qué es lo que te pasa entonces, muchacho?
-No me pasa nada.-Susurró él, sin saber qué contestar. El anciano negó con la cabeza.
-Respuesta no acertada. Sí pasa. Pasa que como todos, tienes derecho a tener miedo, y a equivocarte. Somos humanos, cometemos errores, repetidos y frustrantes. Pero para ella tú eres, indiscutiblemente, alguien especial.

martes, 2 de junio de 2015

A punto.

Cada mañana de domingo, cuando despiertas abrazada a un hueco vacío, cuando amaneces y sientes que no hay nadie al otro lado de la cama, aunque lo haya, te encuentras queriendo huir sin saber por qué. Y no sabes por qué hasta que llega algo capaz de llenar ese hueco y acabar con una soledad que aunque te cueste admitirlo muchas veces no fue buena compañera. Es entonces cuando entiendes, que ningún viaje fugaz entre unas piernas te dará eso que buscas. Porque el que ha sentido alguna vez sabe que el amor es algo más que decir "te quiero" antes de sentirlo o caminar por la calle cogida de la mano y sentir que caminas sola. Que antes de todo eso el amor necesita de unos ojos, de una mirada, de una sonrisa donde poder quedarse a vivir cuando uno quiera. Hace poco leí en alguna parte, eso de que es bueno tener sonrisas a punto, guardadas en esos domingos llenos de vacío, por si aparece el beso que añorabas o vuelves a dormir una noche en la que tus sueños dejan de convertirse en pesadillas, porque sientes que hay alguien a tu lado que se encarga de matar a tus monstruos y fantasmas. Es bueno tener también abrazos a punto, para fundirte entre las sábanas rodeada de un cuerpo que no es el tuyo, y brindar con las mejillas enrojecidas por el primer sol de este verano que amenaza con traer las mejores madrugadas en vela que puedas imaginarte. Es bueno tener a punto la capacidad de sorprenderte, de enamorarte como la primera vez, para dejarte llevar por lo que sientes y capturar paisajes que no desaparecerán nunca más de tus retinas. Y sí, es bueno tener sonrisas a punto, por si  algún día en lugar de follar vuelves a hacer el amor como si el mundo fuese a terminar mañana mismo y el tiempo se detuviera en el instante en el que sus labios, sus ojos, su cuerpo y hasta su alma se pierdan entre los tuyos. Es bueno tener sonrisas a punto, caricias a punto, abrazos a punto, besos a punto. Palabras para decirle de las que salen del corazón. Silencios para mirarle dentro y sentir que te bañarías en él aún cuando el agua esté helada, y que podrías vivir en esa playa tendida desnuda sobre su arena durante el resto de tu vida. 


lunes, 25 de mayo de 2015

Tinta de domingo.

Hay noches en las que detendría el tiempo indefinidamente y días enteros que viviría dos veces. Días de esos en los que uno vuelve a creer en que las mariposas pueden revolotear dentro del estómago, en los que esta ciudad no parece tan oscura los domingos por la tarde, en los que la canción que suena a nosotros es mi nueva canción favorita. Que su culo y su voz y su cara, la forma en la que se mueve cuando camina y la manera en la que me mira, sonríe y me abraza, son cosas con las que sueño de vez en cuando y me resisto a despertar. Imagino que hoy en día estamos reduciendo el expresar lo que uno siente a escribir verdades por pantallas o a disimular sin que se nos note en los ojos la certeza, pero os juro que en su boca hay un paisaje que sólo ven mis ojos. Que cuando se calla, y le miro, y no se da ni cuenta, siento como si fuésemos el más perfecto de los atardeceres. Que cuando hacemos el amor la poesía nos envidia, que sólo él sabe bailarme los silencios, que huele bien hasta cuando sólo huele a sueño. Y que cuando me besa, en uno solo de sus besos, en lo que dura cualquiera de ellos, parece que todos los relojes de arena del mundo explotaran en mil pedazos y detuvieran el tiempo. Y aunque en cuestión de segundos las agujas vuelvan a retomar su marcha, en ese instante, siento que podría vivir en ese beso durante el resto de mi vida.

lunes, 18 de mayo de 2015

Amor y otras drogas.

La mejor forma de impedir que alguien te cause dolor es no dejar que tu corazón sepa de su existencia. Si sientes que ya es demasiado tarde, es porque algo sientes...y ante eso no hay marcha atrás. Al final sentir, estar dispuesto a que llegue el momento en el que ames a alguien, es como darle la posibilidad de destruirte, confiando ciega y desesperadamente en que no lo haga. Por eso me preocupa la gente que dice que lleva tiempo buscando el amor, como si el amor estuviera por ahí correteando de un lado al otro de la calle o escondido en un rincón. Como si existiera un amor empaquetado, un producto diseñado que adorna un escaparate o que compras en el supermercado. Se creen el cuento del amor prefabricado que nos venden en las películas de los domingos por la tarde, o que nos cantan en las canciones que suenan a todas horas en la radio. Uno no busca el amor, uno lo construye, poco a poco, con tiempo y con cuidado, sin prisas, sin agobios, incluso en el momento más inesperado. Uno no busca el amor...es el amor el que le encuentra a él.


viernes, 15 de mayo de 2015

Mi canción favorita.

Últimamente estar contigo es como cerrar los ojos mientras suena tu canción favorita. Esa canción que en determinados versos te pone los pelos de punta, en otros te roba una sonrisa...y en otros se escucha el silencio, y todo se queda en calma. Hay días que me descubro a mi misma contando las horas que faltan para volver a verte, como quien cuenta el tempo marcando una partitura y le pueden las ganas por llegar al estribillo. Hay noches en las que no puedo dormir, observo el lado vacío de mi cama, e imagino lo que te diría al oído si te tuviera entre mis sábanas. Imagino lo que te haría, si te tuviera entre ellas. Me encanta sentir tu cuerpo junto al mío, sentir tu olor, y tu piel, dejar que me uses de instrumento para hacer sonar esa canción mientras compones melodías que se deslizan entre suspiros, mientras mis manos acompañan el ritmo recorriéndote la espalda, y mis uñas desabrochan en ella tormentas que derramar sobre la cama. Te tarareo sin querer, cada vez más a menudo y sin poder evitar sonreír cuando intento averiguar cuáles serán las notas que haces sonar para que desde que estás en mi vida me resulte más sencillo ser feliz. Hay veces que me tocas y hasta tiemblo, y cuando me besas...es en ese momento, cuando me besas, cuando cierro los ojos y la escucho dentro de mí, cuando siento que mi canción favorita no es otra que la tuya...cuando siento que mi canción favorita, eres tú.