domingo, 3 de enero de 2016

Tinta de domingo.

Si aquella noche le hubieran preguntado dónde estaba, probablemente no hubiera sido capaz de responder. Llevaba tantas horas sumergido en copas de vozca y champagne y dejando colgar sus brazos sobre crías que intentaban convertirse en mujeres, que ni siquiera era consciente de lo denigrante y vergonzosa que resultaba para cualquier auténtica mujer que le obesrvara desde fuera la imagen que estaba dando, restregando su cabeza entre los pechos de aquella peliroja mal teniña de formas insultantemente vulgares que conocía más camas que pijamas, en medio del bar. Hora después, cuando regreasba a buscar su coche haciendo un esfuerzo inútil por mantener la línea recta, un borracho se acercó a él. Se quedó parado mirándole, y apoyándose sobre su hombro izquierdo le susurró: "¿Sabes lo que te pasa? Que has perdido lo más valioso que tenías. Así tu vida ya no va hacia ninguna parte." Han pasado semanas desde aquella madrugada, y aunque procura no pensar mucho en ello algo en su interior le hace sentirse intranquilo. Como si realmente etuviera perdiendo algo muy valioso, y con ello se hubiera perdido a a sí mismo. Coo si realmente su vida ya no fuese hacia ninguna parte, y hasta ese precioso momento, no hubieese tnido tiempo ni para darse cuenta.

martes, 22 de diciembre de 2015

Instagram.

Nos vemos en Instagram: @raquelvp7

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Siempre hay salida.


Cuando era pequeña tenía la mala costumbre de acabar metida en más problemas de los que me correspondían. Sin embargo de una manera o de otra, al final siempre conseguía salir del paso sin consecuencias importantes. Mi madre me decía que todas las personas tenemos un angel de la guarda, que nos protege en los momentos en los que resolver la situación pasa a estar fuera de nuestro alcance. Supongo que mi madre se refería también a esos momentos, en los que tus pulmones se niegan a seguir buscando oxígeno para acabar con esa sensación de falta de aire, y sientes cómo tu corazón se resquebraja separándose en mil pedazos. Es en esos momentos, cuando ese ángel de la guarda aparece, y uno a uno va recogiéndolos sin que te des cuenta, uniéndolos hasta conseguir que las piezas vuelvan a encajar, y puedas recomponerlo. Y aunque te parezca imposible, llegará el día en el que la balanza termine de decantarse para un lado o para el otro, el respirar no duela, y el latir te permita continuar con tu camino, y empezar de nuevo. Porque hay salida. Siempre hay salida.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Lunes con sabor a domingo.

Lloraba y lloraba desconsoladamente, sintiendo cómo las lágrimas se engendraban en lo más profundo de sus entrañas y le arañaban el alma, brotando a borbotones empañando sus ojos y resbalando por sus mejillas hasta confundirse con la sangre que manaba de sus labios. Intentaba por todos los medios detenerlas, pero no podía, cada vez que lograba contener su respiración algo dentro de ella le estrujaba el corazón, escurriendo el sentimiento e impulsándolo a salir fuera. Tenía tanto escondido dentro. Tanta impotencia contenida, tanta falta de cariño, tantos te quiero no dichos, tantos ratos de los de no poder más, tantos restos de tinta y papel de la que no se puede publicar. El oxígeno le abrasaba los pulmones entrando y saliendo en ellos a destiempo, provocando una respiración entrecortada que le impedía hablar. Entonces sucedió. El pequeño Lucas apareció frente a ella, arrastrando su peluche favorito, con el chupete colgando y el pañal empapado, asustado, desconcertado, perdido. Era la primera vez que sucedía delante de su hijo. Era la primera vez que le veía llorar. Una fuerza que solo alberga explicación en el amor que sentía hacia él se apoderó de ella en aquel instante. Con el labio partido y el hombro dislocado se levantó del suelo del recibidor, donde el portazo de su marido que le había golpeado en la cara la había dejado tendida. Se acercó al teléfono, y con pulso tembloroso descolgó el auricular. Decidió poner fin a su condena. Decidió llamar.

viernes, 13 de noviembre de 2015

Miedo.

Cierra los ojos y deja de pensar. Siente. Que un euro se gasta, y un polvo se acaba. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar. Y nada vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va. Alguien que aparezca por sorpresa un jueves por la noche en la puerta de tu casa, que escriba líneas para ti en un pedazo de papel, que le guste hacerse fotos contigo porque sabe que al verlas te robará una sonrisa. Alguien que te quiera y te lo demuestre cada día. Que te cuide, que se preocupe por ti sin miedo a lo que quede por vivir. Sin miedo al fracaso. Sin miedo al qué dirán. Sin miedo a perder lo que tiene. Y sobre todo, sin miedo a por no tener miedo de perderlo, acabar perdiéndolo.

lunes, 9 de noviembre de 2015

Momentos.

Cada día que pasa estoy más convencida de que lo que le da emoción a nuestras vidas son los pequeños detalles, los pequeños grandes momentos. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra momento como una porción de tiempo muy breve. Yo lo defino como una inyección de vida. La vida está compuesta por una sucesión de momentos sin importancia, entre los cuales se esconden otros que hacen que al recordarlos venga lo que venga merezca la pena seguir, que merezca la pena vivir. Momentos. La sensación de la arena húmera cubriendo tus pies descalzos el primer día de playa del verano. Escuchar por casualidad en la radio esa canción que te recuerda a alguien, robándote una sonrisa. El instante en el que conoces la noticia de la pérdida de un ser querido, y algo dentro de ti se desgarra, haciendo que te olvides hasta de respirar. Esa cicatriz en tu cuerpo que casi nadie más conoce. Esa cicatriz de tu alma. Despertar de un sueño que hubieras deseado que no acabase nunca, y volver a cerrar los ojos con fuerza en busca de la inútil esperanza de retomarlo. Los primeros rayos de sol que entran por la rendija de la persiana en un domingo soleado, y sin abrir los ojos sonríes, porque sientes ese olor que tanto te gusta y su respiración junto a tu pecho, y sabes que no tendréis que madrugar, que podréis volver a hacer el amor por la mañana. El temblor de tu cuerpo tras uno de esos orgasmos que te hacen rozar el cielo con las manos. Ese te quiero que escuchas por primera vez y te pone los pelos de punta. Y darte cuenta de lo bien que sienta de vez en cuando echar la vista atrás, y recordar. Recordar los momentos que te llevaron a estar donde estás. Mantener la mirada como aquella vez, y una vez más que no haga falta decir nada. Una vez más no poder evitarlo. No poder evitar sonreir, y sentir que en el fondo, no es tan complicado ser feliz. #nochesdetintaypapel #momentos

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Noviembre entre líneas.

Uno de los detalles más importantes que el ajedrez me ha enseñado es que hay que saber cuidar de tu reina, porque cualquier peón te la puede quitar. Y es que siempre se ha dicho que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia. Enamorarse de cosas raras y de personas perfectamente imperfectas. El olor que se queda en las manos tras echarse reflex en la rodilla. El sabor del helado de chocolate fresquito en verano y del colacao calentito en invierno. Peli mantita y sofá. Sola o en buena compañía. Despertar y que te traigan el desayuno a la cama. Las duchas de agua tan caliente que inundan de vapor el cuarto de baño entero, y te dejan los dedos arrugados. Un beso sin venir a cuento, un abrazo de los que te estrujan las costillas. Cualquier cosa escrita en cualquier lugar, y más si está escrita para ti. De pequeña leía todo, desde los carteles de alquiler de locales de las paredes en la calle hasta las etiquetas de los botes en el supermercado. Nunca salgo sin colonia, y no puedo evitar mirarme en el cristal de los escaparates mientras camino. No soy de hablar mucho pero me gusta escuchar, las conversaciones largas y tranquilas, sobre nada en concreto, sobre todo en general. Soy de sangre caliente y corazón frío, e intento acariciar el alma cuando escribo. De dibujar hasta en los manteles de los restaurantes, de cantar sin darme cuenta y de escribir poesía en la parada del autobús. De viajar de aquí para allá. Adoro el mar, y la nieve. De hacer cualquier cosa para conseguir que quien quiero sonría. De estar un día triste sin ganas de salir de casa y al día siguiente feliz bailando por ahí. Así son, los pequeños detalles. Así somos, los seres humanos. Somos de quien nos está faltando cuando mejor lo estamos pasando. Somos de quien nos mira a los ojos, y nos hace soñar. #

domingo, 25 de octubre de 2015

Tinta de lluvia.

Dicen que la mejor forma de impedir que alguien te cause dolor es no permitir que tu corazón sepa de su existencia. Si sientes que ya es demasiado tarde, es porque le quieres, y le quieres bien. No me gusta que las cosas se acaben, ni establecer un final o un principio. Quizás por eso soy incapaz de acabarme el croissant de chocolate que me trajiste para desayunar, y dos días después aún conservo un cachito en el frigorífico. Quizás  por eso duermo en tu lado de la cama las noches en las que no estás, para llenar el hueco que dejas, que a estas alturas tengo que reconocer que me genera más vacío que el mío(y conserva cierto olor a ti). Quizás por eso sonrío con cara de idiota cuando veo tus fotos, y me enamoro una y otra vez de la sonrisa que veo en ellas, llena de dientes desalineados, con hoyuelos disimulados, imperfectamente perfecta. Quizás por eso me giro cuando alguien con el aroma de One Million pasa a mi lado, con la absurda esperanza de al seguir su rastro encontrar tu rostro. Quizás por todo eso, entre unas cuantas cosas más, tenga que admitir que el amor existe, que por muchos motivos materiales impregnados de envidia que la gente invente, hay cosas que no se compran con regalos ni dinero, y no hay motivo más sencillo y bonito para que dos personas estén juntas que el sentimiento que comparten. Y que aunque sepa que podría permitirme perfectamente vivir sin ti, ahora mismo, me aterra el hecho de pensar en la posibilidad de no tenerte aquí conmigo. #Logroño #SanAntón #tintadelluviaycarretera #ratosdetintaypapel #ratosmoñas #díasgrises #winteriscoming

martes, 6 de octubre de 2015

Sé que nunca te lo dije. Pero te quiero.

Caminaba con paso lento sin saber qué dirección seguir, envuelta en su manto de lágrimas sujetando el ramo de margaritas ya secas, moribundas, que a duras penas conservaban sus pétalos impares. La lluvia comenzó a golpear con fuerza el hueco vacío que brotaba de su alma, provocándole un temblor ligero, al principio, que fue creciendo hasta hacer tiritar a todos y cada uno de los huesos que asustados se escondían bajo su piel. Su larga melena dorada se había apagado por completo, cayendo sobre sus hombros desnudos, sin un brillo de esperanza que le hiciera resistirse a los gritos del viento que la desgarraba. Pero Martina no lo sentía. No sentía el viento, ni el frío, ni el agua, ni las afiladas piedras del lúgubre y angosto camino que se clavaban en sus pies descalzos, haciendo que dos hileras de sangre manaran de sus plantas, concluyendo en un pequeño charco que se confundía con los restos de barro y salitre, dibujando un corazón. Cuando por fin se detuvo frente a Lucas, haciendo rechinar los dientes en un intento desesperado por controlar la rabia que la ahogaba por dentro, se derrumbó sobre su cuerpo ya sin vida, y con las pocas fuerzas que le quedaban dejó escapar una última frase, antes de perder el conocimiento: "Sé que nunca te lo dije. Pero te quiero".

jueves, 24 de septiembre de 2015

Noches de tinta y papel.

La vida no son dos días, ni cuatro polvos, ni un suspiro. La vida tiene carreras de cien metros lisos y maratones de cuarenta kilómetros. No te aceleres si no quieres, si no estás preparada o si el miedo te impide avanzar más rápido. No hagas caso de los refranes socorridos y deja para mañana lo que no sientas que tengas que hacer hoy. Tampoco frenes si no quieres frenar, no te detengas por el mero hecho de que la sociedad establezca límites para todo y te agobie con su “vas demasiado rápido”. Que te importe absolutamente nada lo que vayas a encontrar al pisar el acelerador. Que te importe una jodida mierda lo que diga quien no te quiere, ni te valora, ni le importas, porque desgraciadamente de eso hay mucho y muy malo en este mundo. No soy mentalista ni adivina, no sé si hay alguien que vaya a quererte como tú quieres que te quieran, pero estoy segura de que hay alguien que te querrá y te querrá bien, si le dejas. Y aceptará tus ritmos, tus manías, tu piel de naranja y tus histerias premenstruales. Porque si no lo hace es que no vale la pena. Porque vale la pena quien te la quita, no quien te la da. Que aunque somos de las que pueden bajar del cielo cualquier estrella y hasta la luna entera por nosotras mismas, es ridículo negar que nos gusta sentir que tenemos alguien a nuestro lado que nos la bajaría cuando quisiéramos, si hiciera falta. Por eso hay amaneceres que tienen más de “con quién” que de “dónde”, canciones favoritas que no son de uno solo sino de dos, lugares que cobran un sentido diferente cuando estás en ellos con ciertas personas, y momentos que por mucho que lo intentes jamás podrás volver a vivir de la misma manera, pero su recuerdo permanecerá contigo siempre. Y por mucho que lo intenten, que hablen, que critiquen o que ensucien, nada ni nadie podrá arrebatarte eso.

sábado, 19 de septiembre de 2015

Verano...no sé cómo despedirte.

Recuerdo la primera vez que fuimos a cenar. Viniste a buscarme a la puerta de casa, con el pelo recién cortado, cazadora azul marino y camisa de cuadros. Subí al coche sin saber muy bien qué decir, pero tú dijiste "qué mona", y me dibujaste una sonrisa. Yo elegí el sitio y tú la comida. Aquel día comprobé que con tus rarezas es mejor no perder el tiempo y directamente dejarte elegir a ti. Me daba vergüenza comer mientras me mirabas. Me daba vergüenza cómo me mirabas, fijamente, con esa cara de sinvergüenza que se te pone cuando me miras sin decir nada, o diciendo cosas de esas que no se pueden decir en público ni en horario infantil. Esa cara que tanto me gusta. Hablamos mucho, de muchas cosas, y nos reímos más aún. Después me llevaste a casa y nos quedamos un rato en el coche con el motor encendido, esperando a que sucediera algo para que no te tuvieras que marchar a trabajar. Me besaste, largo y lento, como se besan los protagonistas de las películas. Y cuando te marchaste al fin, yo me quedé parada ahí, pensando, que aunque no estaba preparada para reconocerlo, podría vivir en uno de esos besos durante el resto de mi vida.

miércoles, 16 de septiembre de 2015

No esperes a que pase la tormenta. Aprende a bailar bajo la lluvia.


Ayer a la salida del colegio me choqué con una niña que iba gritando por la calle, emocionada porque llovía. “¡Papá, llueve! ¡Qué llueva más, que llueva más!”. Su padre, un atractivo joven de pelo despeinado y mediana estatura, lejos de hacerle protegerse de la lluvia dejó que continuara corriendo y gritando, aún siendo consciente de que se estaba calando entera, manchándose de barro el uniforme. Me sorprendieron tanto ambas actitudes que no pude evitar preguntarle por qué quería que lloviese. La pequeña se quedó parada mirándome, y me dijo con expresión algo desconcertada ante mi ignorancia: “Porque cuando llueve significa que mamá está bien, y nos manda besos”. Hoy me he enterado de que su madre falleció de cáncer hace unos meses. Son los pequeños detalles como este, con los que uno se choca en la vida por casualidad, los que nos hacen darnos cuenta de lo tremendamente subnormales que podemos llegar a ser las personas, al generar conflictos con otras sin necesidad, al darle importancia a cosas que realmente no la tienen, y al no valorar a quien nos quiere, nos respeta, y nos cuida, en lugar de demostrar lo que sentimos, y estar agradecidos de la suerte que tenemos de tenerle a nuestro lado. 


jueves, 10 de septiembre de 2015

Septiembre entre líneas.



Huele a bolígrafo rojo, tinta, papel, pizarra y tiza. A bote de balón y zapatillas, al sonido del viento al acariciar las cuerdas de la canasta. Al nudo en la garganta que se te forma cuando lees la muerte de uno de tus personajes favoritos. A la sensación de falta de aire en los pulmones cuando eres tú quien escribe y decide acabar con su vida. Huele al cosquilleo que provoca la barba de seis días cuando te roza las mejillas. A sábanas revueltas en la cama después de una larga noche. A esas lágrimas sinceras de quien siente amor por alguien. O lo que sea. De quien siente y no lo puede controlar. A esos abrazos entre sueños que huelen tan bien, que tanta calma te dan. A ese "cocíname las ganas, que mis sueños tienen hambre". Huele a San Mateo, a final de verano, a cerrar los ojos e imaginarte en otro lugar, muy lejos, volviendo a vivir esos momentos que te hicieron tan feliz. Huele al brillo que tienen los ojos a veces, cuando al mirarte sonríen, y sientes que sienten, haciendo que todos los relojes del mundo se detengan en ese instante. Al sonido de esa voz que te saca una sonrisa al otro lado del teléfono, sólo por ser de quien es. A los besos que duran, que te ponen la piel de gallina, que empiezan lentos y acaban con tanta pasión que dan paso a todo lo demás. A despertar sin tener claro qué día es, ni dónde estás, pero sí quién está acostado a tu lado. Huele a todas esas cosas que son demasiado bonitas como para expresar con palabras, que te ayudan a levantarte cada mañana dejando a un lado al miedo, con la sensación de que pase lo que pase, todo saldrá bien. 

lunes, 7 de septiembre de 2015

Tinta de domingo.


Huele al cosquilleo que provoca la barba de tres días cuando te roza las mejillas. A sábanas revueltas en la cama después de una larga noche. A esas lágrimas sinceras de quien siente amor por alguien. O lo que sea. De quien siente y no lo puede controlar.  Huele a cerrar los ojos e imaginarte en otro lugar, lejos, volviendo a vivir esos momentos que te hicieron feliz. Al nudo en la garganta que se te forma cuando lees la muerte de uno de tus personajes favoritos. A la sensación de falta de aire en los pulmones cuando eres tú quien escribe y decide matarlo. Huele al brillo que tienen sus ojos a veces, cuando me mira, sonríe, y siento que siente, y entonces todos los relojes del mundo se detienen en ese instante. Al sonido de esa voz que te saca una sonrisa al otro lado del teléfono, sólo por ser de quién es. A los besos que duran, que te ponen la piel de gallina, que empiezan lentos y acaban con tanta pasión que dan paso a todo lo demás. A despertar sin tener claro qué día es, ni dónde estás, pero sí quién descansa a tu lado. Huele a todas esas cosas que son demasiado bonitas como para expresar con palabras. Por eso cocíname las ganas, que mis sueños tienen hambre. Que mi color favorito es el azul, pero tú construías toda la paleta de colores en mis días grises. Y hoy todo es un poquito más oscuro aquí. Sin ti.

sábado, 5 de septiembre de 2015

Vísteme de inspiración, que sin ella estoy desnuda.



No existen los amores perfectos, y mucho menos las personas perfectas. Pero siempre podrás encontrar a alguien que a pesar de sus errores, sea perfecto para ti. A veces nos empeñamos en tener a alguien a quien necesitar, cuando lo que realmente merece la pena es tener a alguien a quien querer. Lo bonito del amor no está en el agobiante "no puedo vivir sin ti", sino en el pasional "podría vivir sin ti, pero no quiero hacerlo". Por eso no le hagas daño, no le cambies, y no exijas en todo momento más de lo que pueda darte. Sonríe cuando te haga feliz, grita cuando te haga enfadarte y échale de menos cuando no esté a tu lado. Porque que no esté pendiente de ti en todo momento no significa que no te quiera, o que no esté aprendiendo a quererte. Y si te acaba queriendo de verdad, te entregará una de sus partes más valiosas, aún sabiendo que puedes romperla: Su corazón.