domingo, 27 de julio de 2014

Me duelen tus citas.

Hace tiempo que no me llenan los fines de semana. Te va a parecer una tontería, pero el mejor momento del día es ese en el que entras por la puerta de la oficina refunfuñando porque te has quemado la lengua con el café del desayuno. Cada vez que me miras me pierdo en tus ojos sin querer, y luego tengo que reengancharme a la mitad de tu monólogo e intentar averiguar qué es lo que me has estado diciendo. Me encanta cuando sonríes y te salen esos hoyuelos que mueren en tus pómulos, abultados y sonrojados, mientras siento como si tus labios me pidieran a gritos un beso. ¿Sabes eso que dicen de que la ignorancia te facilita el camino hacia la felicidad? Pues yo lo aprendí el día en el que me diste dos besos, y me dijiste tu nombre. No sabes cuántas noches mis sábanas te hubieran envuelto y desenvuelto hasta hacerte perder el sentido, la respiración y la noción del tiempo. Perdernos los dos, para encontrarte después enredada en mis espalda, y no saber si vas a terminar desordenándome entero. Eso es lo que me da miedo. Me parece demasiado doloroso volver a sentir, y arriesgarme a tener que vivir con un huracán en el pecho…dicen que si no arriesgas, siempre estarás solo, pero lo cierto es que la soledad sólo araña cuando se te quedan clavadas las uñas de alguien que se ha ido. Creo que a estas alturas tengo que reconocer que me daría igual, si fuesen las tuyas. Pero tú prefieres tus pingüinos en la cama, tus sueños a solas, tus madrugadas sin alma. Y yo me quedo callado, pensando, en cuánto daño han hecho las discotecas a las relaciones y los gimnasios al amor. He tardado un poco en darme cuenta, pero me dueles. Me dueles tú, y me duelen tus citas. Y me duelen tus citas porque en el fondo, en todas y cada una de ellas, cada vez que me las cuentan, que las veo con mis propios ojos o simplemente escucho cómo descuelgas el teléfono y antes de hablar sonríes sólo con ver su nombre reflejado en la pantalla, no puedo evitar pensar en "qué tendrá ese tipo que la vuelve loca…qué tendrá ese tipo, que no tenga yo." Y es entonces, el momento en el que cuelgas de nuevo, me miras, y sonríes, cuando pienso en lo jodidamente difícil que es vivir de ellas, y a la vez lo jodidamente bonitas que son…Las esperanzas. 


martes, 22 de julio de 2014

Magia.

Hace semanas que es verano, y casi no me he dado cuenta. No he ido a La Concha aún porque ahora mí playa sin ti me parece un desierto desubicado, y sin querer pienso en eso de bañarme en tus ojos, y que se joda el mar. Al final el agua es como un beso: Limpia, moja, y calma. Me he propuesto dejar de fumar desde que el humo me recuerda a los besos que salen de tu boca. Ya ves que no me queda poesía últimamente para echarte de menos tanto como en falta te echa sin conocerte mi cama de madrugada...Yo no creo ya en la magia, pero eso no quiere decir que no me gustaría hacerlo. Es como, por ejemplo, cuando le dices "te quiero" a alguien y sonríe. Eso es magia. Tu nombre. Hablemos de tu nombre. No creo en la magia, pero últimamente cuando alguien dice tu nombre sus seis letras resuenan dentro de mi cabeza durante todo el día, como una melodía indefinida que no se acaba nunca. Tu nombre que no es más bonito ni más feo, ni más largo ni más corto, ni siquiera más extraño que otro cualquiera…pero a mí me gusta, igual que tu olor, y tu sonrisa. Susurro tu nombre cuando no hay nadie, como si intentase reducir la distancia entre nosotros. Y es que la distancia más grande entre dos personas siempre es el miedo de una de ellas. El miedo es como un impermeable puesto del revés que en lugar de evitar que te mojes lo que impide es que el mundo pueda secarte. Eso es el miedo. Cuando uno desea a alguien pero tiene miedo, espera que ese alguien aparezca forzando la casualidad, en la puerta de su casa o a la salida de algún bar, como si fuese una sorpresa. Y espera así, con el impermeable del revés y con su playa convertida en un desierto en el que se dan las condiciones necesarias para que sobreviva el sentimiento. Pero tengo miedo. Miro a mi alrededor y la gente me observa desde el puerto, extrañada, porque no entienden que deje pasar las oportunidades como barcos en los que te sientas junto a mí mientras aparto la vista hacia otro lado. Y la verdad, a estas alturas yo tampoco. He dejado de creer en la magia, y no porque no exista, sino porque sólo lo hace para algunos. Dicen que hace mucho más daño lo que creemos que sabemos que lo que desconocemos, pero no os podéis hacer una idea de lo jodidamente triste que es ese momento en el que el truco falla, el As de corazones se cae de la manga, y por primera vez en mucho tiempo, eres consciente de ello.


domingo, 20 de julio de 2014

Apuntes desordenados para un futuro manifiesto.

En verano siempre llevo cosas puestas en la cabeza, en parte porque me gusta cómo me quedan, y en parte para que no se me escapen los pájaros que tengo dentro, aunque me duela un poco saberme pájaro en tu mano y pensar que tú anhelas el ciento volando. Como decía Neruda, existe cierto placer en la locura que sólo el loco conoce, pero hay veces que es humanamente necesario para el alma dar con firmeza cada paso sobre el suelo para seguir caminando. Lento pero seguro, que se suele decir. Y en ello me baso cuando apunto:

Que para sanar una herida hay que dejar de tocarla.
Que no hay mayor decepción que la que se siente cuando te mienten y ya sabes la verdad.
Que nada dura para siempre, sino tanto como lo cuides, y lo cuidarás tanto como lo quieras, lo valores, y lo necesites.
Que en la vida hay que saber distinguir quién te merece la pena mantener a tu lado, aprender a obsequiar con tu silencio a quien no te pide palabras, y con tu ausencia a quien no aprecia tu presencia.

Que como ya advirtió un proverbio chino, no hay puerta más segura que la que puede permanecer abierta…pero qué pocas nos quedan, de esas.


viernes, 11 de julio de 2014

Donde caben dos, no caben tres.

Dicen que donde caben dos caben tres, pero si ese dos fuese nosotros a mí me sobraba el tercero. Ojalá pudiera curarte penas, borrarte agobios, evitarte heridas. Pero sólo puedo besarte. Y aún así, no me extraña que sonrías. Píntame cualquier calle de la mano, mudémonos a la ciudad de una cama, quiero sacarme el doctorado en hacerte llorar de la risa. Recuérdame de memoria, como si te conocieses todas mis esquinas, que no te hace falta encender la luz para caminarme. Vuelve a mí. Vuelve de una vez, anda. Ven y así nos escribimos a besos en la piel común un poema no apto para cobardes, y nos matamos a polvos toda la noche para seguir tan vivos por la mañana. Polvo, curiosa palabra. No sé por qué lo llaman así, si sólo él es luz, y cuerpo, y alma. Entre orgasmos y abrazos vamos a inventar juntos tantos colores que habrá que contratar un ejército de ciegos felices para contarlos. Y cuando te vayas yo me quedaré esperando tu regreso, impasible, tumbada sobre la cama observando los anillos que salen de un cigarrillo a medio terminar, pensando en lo tremendamente agotador que es para las que hemos probado tus labios, acariciado tu espalda y estudiado los hoyuelos de tu sonrisa, tener que convencer a otras personas de que la magia existe.


lunes, 7 de julio de 2014

Ser, o no ser.

No eres el 95 de la etiqueta de tu sujetador, ni el 36 de la de tu pantalón vaquero, ese que te hace el culo tan redondo, casi perfecto. No eres ese metroloquesea de estatura ni esas gafas de sol de marca que no dejan ver tu mirada, no eres el color de tu lápiz de labios, ni tampoco el de tus ojos, ni el de tu piel, ni el de su sombra. No eres ese coche de moda con el que vas a todas partes, no eres maquillaje ni peluquería, ni si quiera perfume. No eres restaurantes caros ni noches de fiesta y alcohol. No te defines por la atracción que puedas provocar en otros hombres o mujeres ni por la envidia que despiertas en otras mujeres u hombres. No eres tus publicaciones en las redes sociales, ni la cantidad de "me gusta" que puedas obtener en ellas. No eres tus tatuajes, ni tus piercings, ni esa minifalda, ni esos tacones, ni esos abdominales de gimnasio ni esas piernas firmes, ni esa camiseta que sin mostrar insinúa lo que ocultas tras ella. Eres los motivos por los que eres feliz y las razones que te hacen estar triste. Eres tus pensamientos, tus sentimientos y emociones, eres lo que escribes, lo que hablas, y lo que callas, lo que amas, y lo que odias. Eres el placer de provocar una sonrisa. Eres esa mirada que lo dice todo, sin decir nada. Eres, y con eso basta. Hay personas que intentan aparentar algo que no son para llamar la atención, y personas que sin querer, por ser como son, la llaman. No existe un método concreto, ni una señal, ni una manera, pero es importante aprender a distinguirlas, porque son las segundas, y solamente las segundas, las que realmente merecen la pena.


miércoles, 2 de julio de 2014

Soñar contigo. Marwan.

Llega la noche. Descuelgo la desgana de mi vida y marco en el teléfono la matrícula de tu coche. Aceptas dos segundos antes de mi propuesta. Preparo la casa y tacho de golpe esos renglones que dicen que te perdí. Abro la puerta como si fuera 21 de Marzo, y apareces haciendo florecer cada rincón de mi cuerpo, de mi mente y de mi alma. Otra vez esa sensación.Tu sonrisa al primer disparo pasa a limpio mi biografía, ese lugar del que no debiste haber salido. No quiero que acabe este abrazo, no deberíamos aceptar la caducidad del paraíso. Me cuentas que has vivido entre paréntesis y que la soledad es algo parecido a la vida en diferido. Yo te cuento que estoy hecho a tu medida como otros están ya hechos a una enfermedad incurable, y te cuento que conocí a otras, pero que querer acostarse con una mujer no es lo mismo que querer despertarse con ella, porque hay chicas que te alegran la piel que recubre los huesos pero no la que protege el corazón. Y creo que tú eres de esas a las que dejaría despellejarme entero. Nos callamos, tú miras el vaso entre tus manos. La ropa cae y arrastra consigo una tonelada de tristeza. Luego duermes, mientras yo te observo, poniendo en duda cuál de los dos está realmente soñando en ese momento. Tal vez sólo sea posible ese sentimiento, por ponerle un nombre, llamémosle amor, cuando no lo retienes como a un preso, porque siempre querrá escapar. Quizás deberíamos aceptar la posibilidad de la caducidad del paraíso, tolerar la intermitencia de la felicidad, no meternos más en la boca la palabra destino y agradecer que estés aquí. Conmigo. Ahora…de pronto despierto sólo, descalzo y con ropa de calle tendido sobre el sofá de casa, con la tele encendida y la ventana abierta. Hace frío, no es primavera. Definitivamente, sí. Soy yo el que sueña. Cierro los ojos en un intento desesperado por volver a ti. Déjame que sueñe, anda. Déjame esta noche, soñar contigo.



martes, 1 de julio de 2014

Frágil. Léase con cuidado.

Los ojos de Nico estaban cerrados. De una herida invisible en la parte posterior del cráneo le manaba un poco de sangre, que seguía la pendiente de la calzada como un vacilante arroyo que acababa separándose en cinco hilos distintos. Parecía el esbozo de una mano lánguida y esquelética, con sus cinco dedos estirados hacia el infinito. Contemplaba esa mano que fluía y dibujaba su vida. La vida que en aquel instante abandonaba su cuerpo. Ver el dibujo que trazaba la sangre de Nico sobre el asfalto me recordó vagamente a un sueño que tuve unas noches antes, un sueño que trataba de un bosque verde y frondoso, de un manantial de agua pura, del último rallo de sol en medio de un hermoso atardecer que iluminaba el paisaje cargándolo de vida y esperanza. Fue entonces cuando los ojos de Nico se abrieron de golpe, provocando un escalofrío que recorrió mi cuerpo como si de una sacudida de corriente eléctrica se tratara, haciendo temblar hasta anudarse a mis venas y arterias, y erizando todos y cada uno de los pelos de mi piel. Mis piernas comenzaron a vacilar arqueándose irregularmente, y sentí una punzada aguda en el centro de mi pecho que dobló mi cuerpo haciendo crujir mis costillas y reteniendo el aire en mis pulmones, hasta quedar arrodillada junto a él. Un viento seco y gris me arrancó de pronto una lágrima que resbaló por mi mejilla izquierda hasta caer sobre el asfalto, confundiéndose con el ocre que moría en la alcantarilla. No recuerdo cuánto tiempo permanecí ahí, ni creo que sea capaz de recordarlo jamás, pero todavía hay momentos en los que me sorprendo a mí misma en ese mismo lugar,  en silencio, recostada sobre su pecho. Dicen que no es sano mirar atrás, pero hay noches en las que  resulta muy difícil conciliar el sueño, pérdidas para los que uno nunca está preparado, y lugares del alma de los que nunca te vas. Del todo.


domingo, 29 de junio de 2014

Tinta de domingo.

Sábado 28 de Junio, 7:13 a.m…o domingo, según se mire. Dicen que de los peores sentimientos nacen los mejores textos. No lo sé. Pero sé que ningún alma es de piedra, y que toda persona se cansa de ser siempre la mala del cuento. Hay noches en las que la luna rompe el cielo en pedazos y se deja caer un montón de estrellas de golpe, haciendo que la luz que provocan sea tan fuerte que alumbre hasta el último rincón de tu alma. Cálidas noches de verano en las que sientes el frío de invierno, que te arranca las lágrimas que no puedes sacar, dejando que resbalen por dentro hasta morir en un intento desesperado por cicatrizar  todas tus heridas de una maldita vez, y que no duelan. Mientras tanto caminas de puntillas para no romperlo más, aunque se clave, aunque escueza, pensando en lo absurdo y contradictorio que puede llegar a ser sentir querer algo cuando estás mejor sin ello. Ya no sé qué es lo que prefiero, si la belleza de las inflexiones o el encanto de las insinuaciones. Si al mirlo cuando silva…o cuando acaba de hacerlo. Quiero su lágrima que ríe, sus orgasmos en cadena, su invierno tropical que ni amarga ni envenena. Su trastorno, su locura, y el placer de provocarle esa sonrisa llena de dientes y de hoyuelos que difumina sus pecas y lunares. Quiero su abrazo sin cerrojos, ni ataduras, ni etiquetas. Tocar dentro de él un concierto para instrumentos de tiempo. Tocarle. Todo. El tiempo. Totalmente. Le deseo contra el olvido, contra los miedos, contra el tiempo, contra la pared. Dicen que la perfección no existe, pero si me dejaran buscar yo la encontraría recorriendo su espalda de extremo a extremo. Él tiene un sólo defecto. Yo. Y a veces, hasta eso le queda bien.



viernes, 27 de junio de 2014

Con las ganas.

De pequeño querías ser artista, pero ni siquiera llegaste a tener una paleta de pintura. Nunca conseguiste pintar tu propio lienzo, ni construir esa casa con vistas a mi cuerpo por la mañana. Al final lo único que queda, creo, es todo eso que nunca hemos tenido, en forma de un montón de viejas revistas que catalogaron nuestro amor por imposible. Todavía recuerdo el olor de tus abrazos, pero perdí la fe en los labios de esas zorras a las que en madrugadas sin alma me imaginaba que les entregabas tu boca. Siempre me fue más fácil creer en la salvación del paraíso que tenías entre las piernas, pero ya ves, ni las religiones propias aguantan las embestidas cuando las embestidas pueden ser compartidas con otras. Quemamos aquel hilo del que pendíamos sin darnos cuenta, y ahora parece que no tengamos fuerzas para atar el nudo que separa ambos pedazos y volver a caminar por él…al final siempre se hace de noche, y nunca estás entre mis sábanas, y yo sólo espero que tu insomnio, de vez en cuando, lleve mi nombre. Hay días en los que pienso que de las veinticuatro horas me sobran diecisiete, y a las demás les faltas tú, pero jamás te lo he dicho porque se me da fatal desnudarme el alma, así sin más, sin anestesia. Así somos, los seres humanos. Tenemos tanto miedo a que alguien nos rompa que preferimos esperar, que nos esperen, incluso no arriesgarnos a que nos puedan dar placer. Ojalá esta estupidez nos dure menos de lo que podríamos tardar en irnos para siempre. Ojalá. Dicen que para poder querer bien a alguien hay que quererse primero a uno mismo. Hace tiempo que decidí empezar por ahí, y creo que poco a poco le voy pillando el tranquillo. Y sí, hay veces que para crear algo es necesario destruir otras cosas. Pero hay pérdidas para las que uno nunca está preparado, heridas que tardan en cicatrizar más de la cuenta, y lugares del alma de los que nunca te vas. Del todo.


martes, 24 de junio de 2014

Tinta de tormenta.

Las gotas caían lentamente de los árboles, resbalando sobre las hojas que evitaban que el golpe fuera demasiado fuerte. Las bajantes, en cambio, escupían violentamente el agua de los tejados sobre la acera, como si intentaran borrar las huellas de quienes horas antes paseaban por ellas en medio de la oscuridad de la noche. De vez en cuando el cielo rugía, rompiéndose en pedazos de luz, y de gris, y de sombra. Ni si quiera los paraguas eran capaces de contener el llanto desconsolado de las nubes, y sólo los más osados se atrevían a correr de lado a lado de la calle, inundando sus zapatos atravesando lo que parecía una de las piscinas de la fábrica de chocolate de Charlie. Eva contemplaba el paisaje en silencio, con expresión contrariada, apoyada contra uno de los pilares de piedra de los soportales.

-¿Qué te pasa?-Preguntó Nico, mirándole a los ojos.

-Nada.-Respondió ella, cruzándose de brazos.-No me gusta que llueva.

-¿Por qué?-Insistió él, intentando alargar la conversación para no tener que dejar de mirarla.

-Porque no se puede hacer nada. Míranos aquí, sin poder salir, esperando a que pare.

-Podemos salir.-Propuso él, mostrando en su rostro media sonrisa, de esas que llevan consigo mucho más de lo que las palabras dicen.-La lluvia no nos obliga a quedarnos.

-¿Pero has visto la que está cayendo?-Preguntó ella sorprendida, abriendo de pronto sus ojos, achinados, verde aceituna.-¡Nos calaríamos enteros! No soporto la sensación de tener la ropa pegada al cuerpo.

-Eso tiene fácil solución.-Nico sonrió de nuevo, dejando esta vez sus hoyuelos al descubierto, al tiempo que se desabrochaba la camisa, la colgaba sobre su hombro izquierdo, y daba un paso hacia delante, sumergiéndose bajo la lluvia, dejando que ésta golpeara su tersa y bronceada espalda desnuda y revolviera su pelo castaño, despeinadamente peinado, casi negro. Se giró de nuevo hacia Eva, y la miró de nuevo a los ojos.

-Lo que te molesta es la ropa, entonces. No la lluvia. Déjate llevar. Aprende a confiar en lo que está ocurriendo. Si hay tormenta, déjala rugir, se calmará. Si hay silencio, déjalo aumentar. Algo surgirá.


lunes, 23 de junio de 2014

Tormenta.

No sé qué tienen las tormentas de verano, que hacen que sin darnos cuenta nos cambie el estado de ánimo. Cuando todo se vuelve gris y el sol muerde el cielo desgarrando las nubes, intentando esconderse tras ellas. No es que se marche, simplemente prefiere no salir. Tampoco es que esté triste, simplemente no le apetece sonreír. Y yo le entiendo. También he cerrado la puerta y me he escondido. Me he quedado callada y he dejado que la vida suceda sin pedirme permiso, sin hacer caso a los relojes, sintiendo el cosquilleo de su arena entre mis pies descalzos. Pero sigo aquí, inmersa en la profundidad de algún silencio que no necesita palabras. El caso es que siempre deja de llover. El pintor del cielo encuentra su paleta de azules, y seguimos con nuestro camino intentando no hacernos demasiadas preguntas, como cuando despertamos de un sueño de esos que se deslizan entre los dedos y se marchan sin despedirse, sin darte tiempo ni de apuntarlo en una libreta de papel para aprovecharlo después en un momento de inspiración. Supongo que todo esto, la lluvia, el tiempo y las gotas de agua resbalando contra el cristal de la ventana, hablan de nosotros sin que la mayoría de las personas se den cuenta. Sólo algunas se detienen y miran. Y ellas lo comprenden. Cuando llueve, ellas saben a lo que me refiero. Ellas entienden la lluvia. El resto prefiere sacar el paraguas, o esperar a que pare. No es que no sepan sentirla, simplemente no quieren hacerlo...simplemente no se mojan.

sábado, 21 de junio de 2014

Verano…no sé cómo recibirte.

A veces es delicado vivir entre paredes que nunca han visto tu sombra. A veces es complicado ver de seguido demasiadas fotografías sin despertar las ganas de volver a ver a una persona. A veces es mejor poner tierra de por medio y dejar que corra el aire, aunque sólo sea por volver a sentir después el querer acortar milímetros, como cuando presionas el botón para encoger de uno de esos metros de modista. A veces es necesario, aunque duela un poco, descosernos y dejar de compartir el oxígeno para respirar por nuestra cuenta...Llenarnos los pulmones, y al soltar el aire echar en falta ciertas cosas, ciertos detalles. Mirarnos por dentro, tranquilos, cada uno desde su trozo de mundo, y dar tiempo a que los latidos del alma nos aceleren la respiración cuando volvamos a encontrarnos. Siempre he pensado que olvidar es una cobardía. Yo sólo quiero recordar sin que me duela, y que no me rompan. Al fin y al cabo, soy la única que tengo. 




viernes, 20 de junio de 2014

Bienvenido, Verano. Te estábamos esperando.

"Huele a hierba y calor. Huele a helado acompañado de las puestas de sol más cercanas a su salida de todo el año. Huele a pantalón corto y a cometer errores porque “qué más da, es verano”. Huele a las ganas de trasnochar, porque en verano no se dice “una más y nos vamos”. No. Nadie quiere irse nunca. Huele a la promesa de volver a la época en la que las preocupaciones eran, valga la redundancia, menos preocupantes. Huele a disfrutar en el césped, arena, toalla o donde se tercie porque la cosa está en tumbarse, disfrutar de los rayos tan ansiados durante los últimos meses y ver las nubes pasar. Huele a jugar con fuego porque es un amor de verano y nada más. Huele a comilonas-siesta-chapuzón. Huele a la evolución de “benditos bares” a “benditas terrazas”. A sillas de metal que se oyen por toda la calle cuando te mueves un centímetro. Huele a convertir la calle en tu nuevo hogar porque es inconcebible estar entre cuatro paredes más de dos horas. Huele a dormir poco pero nunca estar cansado. Huele a cielo eternamente azul.Huele a la suma de ganas de comerse el mundo y carreteras interminables. Huele a juegos absurdos y encuentros “casuales” contigo porque son los que más nos divierten. Huele a fiesta, seamos sinceros, sin especificar hora del día porque todo es aceptable en verano. Huele a redescubrirse e inevitablemente re-conocerse a uno mismo. Huele a escenario, música en directo y pelos de punta. Huele a gente guapa porque todo el mundo está mejor con gafas de sol. Huele a camisas arremangadas, alpargatas y bermudas. Huele a tirantes finos, cuñas y faldas ibicencas. Huele a más tiempo para descubrir nuevos rincones y menos tiempo para trabajar. Huele a bancarrota por la unión de la poca fuerza de voluntad y las proposiciones de viajes irrepetibles. Huele a un verano distinto, mejor que el anterior y peor que el próximo. Huele a ir a por todas. De cabeza. Porque no conocemos otra manera. Huele a brisa salada, a noches calurosas sin gota de viento. Huele a marca de bañador y a sombra de palmera. Huele a humo, a hoguera, a la mejor ecuación del mundo: barbacoa más toda la cuadrilla. Huele a las cenas de tu abuela. Huele a tirarse de cabeza, tanto en sentido figurativo como en el literal, y a cloro, que aunque nos dé la sensación de que nos están arrancando los ojos, nunca dejaremos de abrirlos bajo el agua, porque somos así de curiosos. Huele a esa colonia que no te puedes quitar de la cabeza. Huele a tres meses de relajación para los suertudos y a dos semanas de locura desenfrenada para otros. Huele a la mejor canción del verano de todas, mientras exprimes lo poco que queda del día en el porche. Huele a protección solar. Huele a madres embadurnando a sus hijos en ella. Huele a la ausencia de voluntad y falta de responsabilidad cuando se te planta delante la combinación de piel morena y ojos claros. Huele a tormenta estival, la única del año en la que no te importa empaparte. Es más, quieres. Huele a que más de uno se tirará al agua con el móvil en el bolsillo. Y qué más da, es un aparato sobrevalorado. Huele a pecas en la nariz. Huele a fin de exámenes, horizontes sin fin y esperanzas por las nubes. Huele a castillos en el aire que, durante un tiempecito, se sostienen. Huele a cambio, que aunque no nos demos cuenta en el momento, siempre es a mejor. Huele a reggaetón saliendo a todo volumen por las ventanillas. Huele a paseos de madrugada, creyéndonos invencibles y lográndolo. Huele a que te pisen cuando llevas chanclas y cagarse en todos sus muertos. Huele a juegos de cartas durante horas, apuestas demasiado arriesgadas y decisiones mezcladas con alcohol, peligrosas pero divertidas, que rápidamente se solucionan tomando otra aun peor. Huele a que unas se pintan las uñas de los pies y otros se dejen esa barba de tres días. Huele a que definitivamente es mejor insinuar que enseñar. Huele a adrenalina temporal, ola de calor y confusión demasiado conveniente. Huele al miedo a acercarse a una fuente porque hay avispas a tutiplén. Huele a quemar tacón, mojar melena y gritar al viento. Huele a declaraciones de amor estrepitosas porque es el momento de jugársela a un todo o nada."
Porque si es cuestión de ser eternamente jóvenes, ahora es el mejor momento.

lunes, 16 de junio de 2014

Punto, y Coma.

La crítica más curiosa que me han hecho hasta ahora  es que no utilizo puntos y comas cuando escribo. Me sorprende hasta qué punto la gente es capaz de examinar y apreciar ciertos detalles, pero es totalmente cierto. No utilizo el punto y coma cuando escribo, porque reconozco que nunca he entendido bien su significado. O punto, o coma, y en todo caso puntos suspensivos, que dejan paso a la imaginación del lector, pero juntar a ambos uno encima del otro nunca me ha convencido. Tampoco sé por qué tiene que ser "punto y coma", y no "coma y punto", estéticamente quedaría hasta mejor, en mi opinión. El caso es, sin irme por las ramas, que no me gustan las cosas ambiguas, los sí pero no, ni los no pero sí, no entiendo del todo las palabras que salen de la boca mientras el gesto o la mirada que las acompaña las echa por tierra expresando algo totalmente diferente, y los grises que se alargan demasiado acaban por ponerme nerviosa. No es que sea muy de extremos ni de radicalismos, pero sí que creo que en ocasiones es necesario decir: Hasta aquí. Ya basta. Para bien o para mal, para blanco o para negro, para arriba o para abajo, para la izquierda o para la derecha (esta última me da más problemas). Un buen amigo me dijo hace poco que es normal tener miedo a la hora de decidir. Nos pasamos la vida tomando decisiones, y cuanto más adultos somos más decisiones tenemos que tomar, y más complejas son. Así que no es malo sentir miedo. El problema es, que cualquier decisión puede acabar sólo de dos maneras: Bien, o mal. Y tanto las decisiones afortunadas, como las desafortunadas, parecen ser iguales en el momento de tomarlas. 


sábado, 14 de junio de 2014

Siempre tarde.

Dicen que cada persona tiene un olor particular, un olor que la hace única, de manera que si estuviésemos en una habitación con los ojos cerrados y alguien a quien consideramos especial entrarse de repente, dejando que su aire se rozase con el nuestro, seríamos capaces de reconocerla, de poder asegurar sin ninguna duda eso de: Es ella. Es esa persona. Y cuando se va, su olor permanece ahí, en esencia, en la sensación que nos envuelve tras su último abrazo, trayéndonos consigo recuerdos que vuelven cada vez que alguien que utilice su mismo perfume pase junto a nosotros, aunque no sea él o ella. No es que la confundamos, simplemente, nos la recuerda. Ella se va, pero su olor se queda. Quizás por eso he dejado de utilizar tu sudadera, pero el atractivo hombre de aspecto cansado y mirada gris con el que me cruzo de vez en cuando los viernes por la tarde acaba de pararse junto a mí frente al semáforo en rojo, en la acera. Echa un vistazo rápido a su reloj de pulsera y su rostro dibuja una expresión impaciente. Llega siempre tarde. No ha cambiado de perfume. Un día, antes de irte, me dijiste que si yo fuese un libro, sería La soledad de los números primos de Paolo Giordano, y que si fuese una canción sonaría como la voz rasgada de Sabina durante La canción más hermosa del mundo en un concierto acústico en directo. Todavía lo recuerdo. A veces. Todavía lo recuerdo. Sin ti.