Siempre decimos que todos son iguales, pero mentiría si no dijera que para mí él es distinto, incluso cuando está apagado mirando la pantalla de su teléfono móvil en su mundo, sin decir nada. Quizás a veces a mí me falten gestos, y a él palabras, pero cuando me mira fijamente el tiempo se detiene como un coche que frena en seco en un callejón sin salida, y puedo ver el infinito reflejado en las motas oscuras del iris de sus ojos. Es entonces cuando siento que la palabra enamorarse no suena tan fea como antes porque se puede ir construyendo con las seis letras de su nombre, que la palabra compartir se hace cada día más sencilla a su lado, y que la palabra felicidad cobra un sentido especial cuando me besa, me abraza, o cuando por mí sonríe, y me mira. Pero sobre todo, me doy cuenta de que la vida se puede poner mucho más bonita. Despertar y encontrarle a mi lado, entre ronquidos, con esa cara de tonto que se le pone mientras duerme que tanto me gusta. Sentir su olor, el tacto de su piel, el roce de sus pies entrecruzados. Y sentir también su ausencia, las noches en las que despierto de madrugada y no le encuentro entre mis sábanas, para sin querer pero queriendo querer volver a verle. Acordarme de él cuando suena esa canción que aunque millones de personas en el mundo la estén escuchando en ese momento, es nuestra, y no poder evitar que se me escape una sonrisa. Echarle de más cuando se pone idiota, y de menos en cuanto se da media vuelta. Sentirme cómoda hasta en los silencios, poder disfrutar de ellos como de cualquier conversación. Escuchar sus inquietudes, sus preocupaciones, que escuche las mías. Verle sonreir, sonreir con él. Reir, discutir sin enfadarme, bailar, cantar, soñar, y escucharle en sueños, caminar en la misma dirección, sentir a su gente un poquito mía, crecer como personas, juntos. Y por encima de todo, no dejar que el miedo a un mañana incierto nos impida disfrutar del momento, no permitir que las cicatrices del pasado nos impidan generar nuevas cicatrices. Porque justamente son esas batallas las que nos hacen ganar la guerra, las que nos hacen madurar como personas, las que nos enseñan a querer a la otra persona...las que nos hacen sentir que a pesar del orgullo, sentimos, y estamos vivos.
miércoles, 22 de julio de 2015
lunes, 6 de julio de 2015
Tinta de domingo.
Era un domingo cualquiera. Primavera, estación amiga de las mariposas y de las idealizaciones pasajeras. El sol se despedía dejando el cielo cubierto de un rojo especial. Ella le observaba sentada en el taburete de aquella cafetería, algo nerviosa, pero segura de sí misma y poco preocupada. Al fin y al cabo, tenía claro que no iba a liarse con tonterías ni romances pasajeros. Dicen que el amor es adictivo, pero cuando te acostumbras a la soledad desprenderte de ella es todo un reto, porque logras que tu felicidad dependa únicamente de ti. De ti y de tus ganas de amar la vida. Entonces sucedió. Él la miró, con una sonrisa capaz de tumbar a un ejército entero instantes antes de atacar. Charlaron, rieron, y por momentos ella dejó de pensar. Se miraban con los ojos como platos mientras se contaban lo primero que se les pasaba por la cabeza. Conectaron. Pero no fue una conexión cualquiera, no. Fue una de esas conexiones que ya venía haciendo saltar chispas, de esas que tienen electricidad suficiente como para hacer sonar las alarmas de cualquier corazón oxidado. Porque eso de que el amor surge con el tiempo es verdad, pero hay ocasiones en las que con tan sólo cinco minutos puedes saber si alguien será capaz, tocando las teclas adecuadas, de llegar a tu corazón con el paso de ese tiempo. Y justamente esas oportunidades son las que no hay que dejar pasar. Poco a poco, sin querer pero queriendo, se fueron conociendo. Parecía como si se conociesen de toda la vida, y al mismo tiempo vivían situaciones de desconcierto en las que no sabían cómo acertar, ni cómo reaccionar. Un día, mientras paseaban, él la cogió por la cintura y la besó, como otras veces. Pero ella bajó la guardia. Por un momento sintió que todo a su alrededor había desaparecido, estaban solos, el y ella, en un mundo que se escapaba de su control. Y fue justo en ese momento, cuando decidió que no podía permitirse enamorarse de él.
-Tengo miedo.-Le contó a su amiga.
-¿Miedo de qué?
-De volver a sentir.
-Mas vale sentir la intensidad de una emoción arriesgada que no sentir nada y estar muerto por dentro.
Y era cierto. Es cierto. No hay miedo más poderoso que el vacío. El que no sabe ni a dulce, ni a salado. El que ya no ríe, ni llora. El amor implica valor. Y la vida está hecha para los valientes que aún en las batallas perdidas siempre encuentran una victoria. Así que una vez más, ella cubrió de ilusión sus cicatrices, y simplemente, se dejó llevar.
-¿Miedo de qué?
-De volver a sentir.
-Mas vale sentir la intensidad de una emoción arriesgada que no sentir nada y estar muerto por dentro.
Y era cierto. Es cierto. No hay miedo más poderoso que el vacío. El que no sabe ni a dulce, ni a salado. El que ya no ríe, ni llora. El amor implica valor. Y la vida está hecha para los valientes que aún en las batallas perdidas siempre encuentran una victoria. Así que una vez más, ella cubrió de ilusión sus cicatrices, y simplemente, se dejó llevar.
domingo, 5 de julio de 2015
Tinta de domingo.
Era un domingo cualquiera. Primavera, estación amiga de las mariposas y de las idealizaciones pasajeras. El sol se despedía dejando el cielo cubierto de un rojo especial. Ella le observaba sentada en el taburete de aquella cafetería, algo nerviosa, pero segura de sí misma y poco preocupada. Al fin y al cabo, tenía claro que no iba a liarse con tonterías ni romances pasajeros. Dicen que el amor es adictivo, pero cuando te acostumbras a la soledad desprenderte de ella es todo un reto, porque logras que tu felicidad dependa únicamente de ti. De ti y de tus ganas de amar la vida. Entonces sucedió. Él la miró, con una sonrisa capaz de tumbar a un ejército entero instantes antes de atacar. Charlaron, rieron, y por momentos ella dejó de pensar. Se miraban con los ojos como platos mientras se contaban lo primero que se les pasaba por la cabeza. Conectaron. Pero no fue una conexión cualquiera, no. Fue una de esas conexiones que ya venía haciendo saltar chispas, de esas que tienen electricidad suficiente como para hacer sonar las alarmas de cualquier corazón oxidado. Porque eso de que el amor surge con el tiempo es verdad, pero hay ocasiones en las que con tan sólo cinco minutos puedes saber si alguien será capaz, tocando las teclas adecuadas, de llegar a tu corazón con el paso de ese tiempo. Y justamente esas oportunidades son las que no hay que dejar pasar. Poco a poco, sin querer pero queriendo, se fueron conociendo. Parecía como si se conociesen de toda la vida, y al mismo tiempo vivían situaciones de desconcierto en las que no sabían cómo acertar, ni cómo reaccionar. Un día, mientras paseaban, él la cogió por la cintura y la besó, como otras veces. Pero ella bajó la guardia. Por un momento sintió que todo a su alrededor había desaparecido, estaban solos, el y ella, en un mundo que se escapaba de su control. Y fue justo en ese momento, cuando decidió que no podía permitirse enamorarse de él.
-Tengo miedo.-Le contó a su amiga.
-¿Miedo de qué?-De volver a sentir.
-Mas vale sentir la intensidad de una emoción arriesgada que no sentir nada y estar muerto por dentro.
Y era cierto. Es cierto. No hay miedo más poderoso que el vacío. El que no sabe ni a dulce, ni a salado. El que ya no ríe, ni llora. El amor implica valor. Y la vida está hecha para los valientes que aún en las batallas perdidas siempre encuentran una victoria. Así que una vez más, ella cubrió de ilusión sus cicatrices, y simplemente, se dejó llevar.
miércoles, 1 de julio de 2015
Incendios de nieve.
Pocos sentimientos tan angustiosos existen como querer a alguien y comprobar que no te hace feliz. Y agarrarte al mayor motor de nuestro corazón: La esperanza. Como a un clavo ardiendo que lo único que provoca son más heridas que no cicatrizan solas. Fumarte los restos de ceniza, las sobras de un amor que fue, que ya no es, ni será jamás, intentando no sentirte culpable por un fracaso que hace tiempo que añadiste a tu lista. Dormir hasta que deje de doler. Hasta abrir los ojos una mañana y no sentir que aún empapada en sudor las sábanas permanecen frías, ahogándote por dentro. Sonreír al espejo antes de salir de casa y forzar la sonrisa con quien te rodea, pisar fuerte para que nadie note que, en realidad, todavía estas un poco rota por dentro. Escribir hasta que las palabras se te salgan por los ojos y las grites, sacarlas fuera y que no vuelvan a entrar jamás. Beber hasta que los recuerdos desfilen uno a uno delante de ti, y llegue el día en el que te rías de ellos, en el que no te sientas como la mala del cuento. Guardar el corazón en la nevera. Congelarte por dentro. Congelarlo todo. Y en medio de todo ese caos, permitir que llegue alguien que poco a poco provoque el deshielo con sus incendios. Convencerte de que hay algo más después del dolor, de que no somos más fríos por la ausencia de sentimientos, sino por la abundancia de decepciones. Pero que todas esas decepciones se derretirán hasta desaparecer entre las llamas, si te das la oportunidad de sentir, de vivir, y de volver a ser feliz.
martes, 23 de junio de 2015
Tinta de lluvia.
-¿Cómo me llama?-Preguntó el joven retomando la conversación, sin ocultar su expresión de desconcierto.
-No te llama de ninguna manera.-Respondió el anciano mientras recogía con la cucharilla los restos de nata de su taza de café.
-¿No habla de mí, entonces?
-Claro que habla. Pero no hay ninguna necesidad de ponerle etiquetas a las personas…Ni creo que tú estés haciendo nada por merecerlas últimamente.
-Gracias.-Dijo con gesto incómodo.
-Para ella eres…Especial.
-¿Especial?-Preguntó el joven sorprendido.
-Sí. Especial.-Repitió el anciano dejando ver entre sus arrugas lo que parecía una ligera sonrisa.-Es la palabra con la que le gusta describirte. La palabra que por lo general utiliza cuando algo le resulta indefinible, indescifrable, fuera de lo normal o de a lo que está normalmente acostumbrada. Lo cierto es que "especial" no quiere decir absolutamente nada, pero si es hora de sincerarse y admitir lo que pasa, para ella quiere decir que lo tienes todo. Especial radica en la necesidad de ponerle un nombre a lo desconocido, y en el hecho de que a veces le cuesta entender todas y cada una de tus puñeteras actitudes. Especial significa en su mundo, en su idioma: “Está loco, es lo más cuerdo que existe, se acerca, se aleja, me echa en falta, ni me recuerda, soy lo que quiere, habla de tantas...cree que me tiene, teme no tener nada.” Pero hay algo que está claro que sí tienes. Tienes la maravillosa habilidad de hacerla sentir. Le haces sentir, y esa sí que es la más clara influencia que generas sobre su persona. Y en ocasiones se siente idiota, manipulada, lejos de ser por momentos esa persona inteligente que creía ser, y que de hecho es, ni nada que se le parezca. Y su centro, su equilibrio, su razón, sus pilares...transitoriamente todo declina, todo se va, se esfuma. ¿Qué es lo que te pasa entonces, muchacho?
-No me pasa nada.-Susurró él, sin saber qué contestar. El anciano negó con la cabeza.
-Respuesta no acertada. Sí pasa. Pasa que como todos, tienes derecho a tener miedo, y a equivocarte. Somos humanos, cometemos errores, repetidos y frustrantes. Pero para ella tú eres, indiscutiblemente, alguien especial.
-No te llama de ninguna manera.-Respondió el anciano mientras recogía con la cucharilla los restos de nata de su taza de café.
-¿No habla de mí, entonces?
-Claro que habla. Pero no hay ninguna necesidad de ponerle etiquetas a las personas…Ni creo que tú estés haciendo nada por merecerlas últimamente.
-Gracias.-Dijo con gesto incómodo.
-Para ella eres…Especial.
-¿Especial?-Preguntó el joven sorprendido.
-Sí. Especial.-Repitió el anciano dejando ver entre sus arrugas lo que parecía una ligera sonrisa.-Es la palabra con la que le gusta describirte. La palabra que por lo general utiliza cuando algo le resulta indefinible, indescifrable, fuera de lo normal o de a lo que está normalmente acostumbrada. Lo cierto es que "especial" no quiere decir absolutamente nada, pero si es hora de sincerarse y admitir lo que pasa, para ella quiere decir que lo tienes todo. Especial radica en la necesidad de ponerle un nombre a lo desconocido, y en el hecho de que a veces le cuesta entender todas y cada una de tus puñeteras actitudes. Especial significa en su mundo, en su idioma: “Está loco, es lo más cuerdo que existe, se acerca, se aleja, me echa en falta, ni me recuerda, soy lo que quiere, habla de tantas...cree que me tiene, teme no tener nada.” Pero hay algo que está claro que sí tienes. Tienes la maravillosa habilidad de hacerla sentir. Le haces sentir, y esa sí que es la más clara influencia que generas sobre su persona. Y en ocasiones se siente idiota, manipulada, lejos de ser por momentos esa persona inteligente que creía ser, y que de hecho es, ni nada que se le parezca. Y su centro, su equilibrio, su razón, sus pilares...transitoriamente todo declina, todo se va, se esfuma. ¿Qué es lo que te pasa entonces, muchacho?
-No me pasa nada.-Susurró él, sin saber qué contestar. El anciano negó con la cabeza.
-Respuesta no acertada. Sí pasa. Pasa que como todos, tienes derecho a tener miedo, y a equivocarte. Somos humanos, cometemos errores, repetidos y frustrantes. Pero para ella tú eres, indiscutiblemente, alguien especial.
martes, 2 de junio de 2015
A punto.
Cada mañana de domingo, cuando despiertas abrazada a un hueco vacío, cuando amaneces y sientes que no hay nadie al otro lado de la cama, aunque lo haya, te encuentras queriendo huir sin saber por qué. Y no sabes por qué hasta que llega algo capaz de llenar ese hueco y acabar con una soledad que aunque te cueste admitirlo muchas veces no fue buena compañera. Es entonces cuando entiendes, que ningún viaje fugaz entre unas piernas te dará eso que buscas. Porque el que ha sentido alguna vez sabe que el amor es algo más que decir "te quiero" antes de sentirlo o caminar por la calle cogida de la mano y sentir que caminas sola. Que antes de todo eso el amor necesita de unos ojos, de una mirada, de una sonrisa donde poder quedarse a vivir cuando uno quiera. Hace poco leí en alguna parte, eso de que es bueno tener sonrisas a punto, guardadas en esos domingos llenos de vacío, por si aparece el beso que añorabas o vuelves a dormir una noche en la que tus sueños dejan de convertirse en pesadillas, porque sientes que hay alguien a tu lado que se encarga de matar a tus monstruos y fantasmas. Es bueno tener también abrazos a punto, para fundirte entre las sábanas rodeada de un cuerpo que no es el tuyo, y brindar con las mejillas enrojecidas por el primer sol de este verano que amenaza con traer las mejores madrugadas en vela que puedas imaginarte. Es bueno tener a punto la capacidad de sorprenderte, de enamorarte como la primera vez, para dejarte llevar por lo que sientes y capturar paisajes que no desaparecerán nunca más de tus retinas. Y sí, es bueno tener sonrisas a punto, por si algún día en lugar de follar vuelves a hacer el amor como si el mundo fuese a terminar mañana mismo y el tiempo se detuviera en el instante en el que sus labios, sus ojos, su cuerpo y hasta su alma se pierdan entre los tuyos. Es bueno tener sonrisas a punto, caricias a punto, abrazos a punto, besos a punto. Palabras para decirle de las que salen del corazón. Silencios para mirarle dentro y sentir que te bañarías en él aún cuando el agua esté helada, y que podrías vivir en esa playa tendida desnuda sobre su arena durante el resto de tu vida.
lunes, 25 de mayo de 2015
Tinta de domingo.
Hay noches en las que detendría el tiempo indefinidamente y días enteros que viviría dos veces. Días de esos en los que uno vuelve a creer en que las mariposas pueden revolotear dentro del estómago, en los que esta ciudad no parece tan oscura los domingos por la tarde, en los que la canción que suena a nosotros es mi nueva canción favorita. Que su culo y su voz y su cara, la forma en la que se mueve cuando camina y la manera en la que me mira, sonríe y me abraza, son cosas con las que sueño de vez en cuando y me resisto a despertar. Imagino que hoy en día estamos reduciendo el expresar lo que uno siente a escribir verdades por pantallas o a disimular sin que se nos note en los ojos la certeza, pero os juro que en su boca hay un paisaje que sólo ven mis ojos. Que cuando se calla, y le miro, y no se da ni cuenta, siento como si fuésemos el más perfecto de los atardeceres. Que cuando hacemos el amor la poesía nos envidia, que sólo él sabe bailarme los silencios, que huele bien hasta cuando sólo huele a sueño. Y que cuando me besa, en uno solo de sus besos, en lo que dura cualquiera de ellos, parece que todos los relojes de arena del mundo explotaran en mil pedazos y detuvieran el tiempo. Y aunque en cuestión de segundos las agujas vuelvan a retomar su marcha, en ese instante, siento que podría vivir en ese beso durante el resto de mi vida.
lunes, 18 de mayo de 2015
Amor y otras drogas.
La mejor forma de impedir que alguien te cause dolor es no dejar que tu corazón sepa de su existencia. Si sientes que ya es demasiado tarde, es porque algo sientes...y ante eso no hay marcha atrás. Al final sentir, estar dispuesto a que llegue el momento en el que ames a alguien, es como darle la posibilidad de destruirte, confiando ciega y desesperadamente en que no lo haga. Por eso me preocupa la gente que dice que lleva tiempo buscando el amor, como si el amor estuviera por ahí correteando de un lado al otro de la calle o escondido en un rincón. Como si existiera un amor empaquetado, un producto diseñado que adorna un escaparate o que compras en el supermercado. Se creen el cuento del amor prefabricado que nos venden en las películas de los domingos por la tarde, o que nos cantan en las canciones que suenan a todas horas en la radio. Uno no busca el amor, uno lo construye, poco a poco, con tiempo y con cuidado, sin prisas, sin agobios, incluso en el momento más inesperado. Uno no busca el amor...es el amor el que le encuentra a él.
viernes, 15 de mayo de 2015
Mi canción favorita.
Últimamente estar contigo es como cerrar los ojos mientras suena tu canción favorita. Esa canción que en determinados versos te pone los pelos de punta, en otros te roba una sonrisa...y en otros se escucha el silencio, y todo se queda en calma. Hay días que me descubro a mi misma contando las horas que faltan para volver a verte, como quien cuenta el tempo marcando una partitura y le pueden las ganas por llegar al estribillo. Hay noches en las que no puedo dormir, observo el lado vacío de mi cama, e imagino lo que te diría al oído si te tuviera entre mis sábanas. Imagino lo que te haría, si te tuviera entre ellas. Me encanta sentir tu cuerpo junto al mío, sentir tu olor, y tu piel, dejar que me uses de instrumento para hacer sonar esa canción mientras compones melodías que se deslizan entre suspiros, mientras mis manos acompañan el ritmo recorriéndote la espalda, y mis uñas desabrochan en ella tormentas que derramar sobre la cama. Te tarareo sin querer, cada vez más a menudo y sin poder evitar sonreír cuando intento averiguar cuáles serán las notas que haces sonar para que desde que estás en mi vida me resulte más sencillo ser feliz. Hay veces que me tocas y hasta tiemblo, y cuando me besas...es en ese momento, cuando me besas, cuando cierro los ojos y la escucho dentro de mí, cuando siento que mi canción favorita no es otra que la tuya...cuando siento que mi canción favorita, eres tú.
viernes, 8 de mayo de 2015
La playa.
Apareció en su vida de la misma manera en la que el mar se niega a abandonar la orilla, a pesar de la cantidad de veces que le obligan a alejarse. Y lo mejor fue que al igual que el mar, él siempre volvía. Volvía una y otra vez como las olas rompen contra las rocas sin importarles lo que se cruce en su camino, para explicarle que aunque dicen que las casualidades son difíciles de entender, ella las entendería el mismo día en el que sus labios se cruzaran con los suyos. ¿Habéis visto alguna vez el mar cuando anochece? Cuando el agua se vuelve reflejo de sus ojos, verde y marrón, oscura y clara al mismo tiempo, y el viento peina las olas sobre la arena. Le entraban escalofríos solo de pensar en sumergirse en el y recorrerlo entero, profundamente, inagotablemente. La noche en la que su boca decidió detenerse entre los dos besos que separaban sus mejillas, y explicarle sin palabras que la soledad no siempre es buena compañía, sintió como si la ola mas inmensa les hubiera envuelto, ocultándoles de todo cuanto les rodeaba, como si todos lo relojes de arena del mundo se hubieran roto en pedazos en aquella playa que surgía entre las sombras, bajo la luna. Desde entonces comenzó a encontrarse a sí misma sin querer desnudándole con su tinta y haciéndole el amor sobre el papel, pensando en lo sencillo y al mismo tiempo complicado que sería cualquier madrugada abrirse paso entre sus sábanas. Cerraba esos ojos tan ambiguos y no sentía más que dudas, pero de todas sus dudas, sin duda, él fue la mejor. "Quédate con quien te sigue mirando cuando tú cierras los ojos", le decía algo dentro, y no le quedó otra que admitir que el único y verdadero problema, era que él era su solución. Que no podía negar lo evidente, que hay deseos que no se cubren con miedos ni mentiras...y que si cada uno decide dónde quiere estar en cada momento, ella quería permanecer en aquella playa...ella quería vivir en su sonrisa.
domingo, 3 de mayo de 2015
La más bonita de todas.
Después de este pequeño puñado de años, durante los que decidiste compartir tu vida conmigo,o más bien vivir para mí más que para tí misma, me he dado cuenta de que últimamente repito demasiadas veces el “hoy no, otro día” y el “ahora no puedo”. Que me he apoyado mucho en el “dentro de un tiempo” y que he pensado con demasiada frecuencia en el “no es el momento ”. Y como si hay algo que he aprendido de todo esto es, que puede que no haya "luego", que los "ahora no puedo" pueden repetirse con facilidad, que los "ya lo haré" se quedan en listas de espera que recuperamos cuando ya es tarde, y que los "no tengo tiempo" son incontrolables porque siempre acaba por suceder algo inesperado, quería darte las gracias, Mamá. Gracias por aguantar que no sea capaz de mantener limpio y ordenado el caos de mi habitación, por aguantar eso que yo llamo mi propio orden, que como ambas sabemos la mayoría de las veces sigue sin parecerse al tuyo. Gracias por no cortarme las alas, por dejarme montar castillos de arena en el aire de esos que muchas veces se disipan cuando el viento cambia y sopla en sentido contrario. Por tolerar mis tonterías y mis aires de mecomoelmundo, que a veces acaban en momentos de derrumbe de elmundomecomeami en los que tú siempre estás presente para animarme, sin un reproche ni uno de esos innecesarios y generalmente dolorosos "te lo dije". Por escuchar mis palabras pero sobre todo por escuchar mis silencios, por respetarlos, aún cuando no los entiendes. Sigo creyendo que hay cosas a las que les doy demasiadas vueltas, y tú sigues diciéndome que cuando algo no tiene solución no merece la pena preocuparse tanto, que la vida resulta más sencilla cuando aprendes a aceptar una disculpa que nunca recibiste. Que el éxito se basa en insistir, y en resistir, que si algo no me gusta siempre puedo cambiarlo por otra cosa, que pase lo que pase después de cumplir mis obligaciones recuerde cumplir mis sueños. Y que por encima de todas esas cosas, siempre, siempre confiarás en mí. Y sí, dicen que madre no hay más que una, pero cada día estoy más convencida de que a mí me ha tocado la más bonita de todas.
viernes, 1 de mayo de 2015
Vísteme de inspiración, que sin ella estoy desnuda.
Él. Todo él me gusta. Me gusta la forma en que sujeta su arpa entre mis piernas, me gusta cuando la toca. La manera en la que le arranca las notas y cómo cierra los ojos escuchando su música. Me gustan sus manos, y hasta el lunar que tiene en el dorso de su mano derecha. Y es que no me gustan los lunares, pero me perdería en su espalda contando los suyos, hasta acabar arañándola como quien hace sonar con pasión las cuerdas de una guitarra española. Su dulce y pícara sonrisa y sus labios, que me llaman desde lejos, acabando con la soledad que hace tiempo sentían los míos. Me encanta escucharle hablar, aunque a veces me quede ensimismada en él y no sepa de qué demonios habla. Adoro su voz, sus suspiros, la forma en la que pronuncia mi nombre y cómo ladea la lengua mientras sonríe y me mira de reojo. Me gusta cómo me abraza cuando estoy entre sus sábanas antes de quedarse dormido, me da tranquilidad, me genera confianza...me da paz. Me encanta acariciarle cuando tiene el pelo empapado en sudor, me encanta besar su cuello y aspirar su aroma, sentir su pecho abrazado al mío, sentirle dentro de mí. Sus piernas, su cuerpo, todo el, me vuelve loca su locura. Adoro cuando sonríe, me mira, y me lleva a la cama. Le haría el amor todo el tiempo, a todas las horas, en cualquier lugar. Y sé que no hay tiritas para algunas heridas, ni suficientes ojos bonitos en el mundo para olvidar que aunque quizás no lo sepa los suyos, sus ojos, tendrían permiso para quedarse en mis cicatrices el tiempo suficiente como para ver más allá de lo que yo nunca supe enseñar.Y sé que no es perfecto, que tiene sus defectos, sus manías, pero qué queréis que os diga...yo me siento más feliz cada vez que él me mira.
lunes, 27 de abril de 2015
Dulce introducción al caos.
Dicen que el mundo siempre prefiere que cambies tu caos, que lo controles, que lo corrijas, que lo ordenes o que lo disminuyas. Pero justamente eso es lo que te impide ser feliz. El ser humano necesita que le impacten, que le sorprendan, que pongan patas arriba todo lo que creía patas abajo y desmonten toda su estabilidad y coherencia. Conseguirlo no está al alcance de cualquiera, pero cuando algo es capaz de aparecer en tu vida en el momento menos oportuno, y quedarse, quizás tengas que admitir que los momentos menos oportunos pueden ser al mismo tiempo los más necesarios. Que el mirar atrás sólo te hace renunciar al presente. Que cuando algo encaja en tu caos, da igual cuál sea el momento en el que se haya cruzado en tu camino. Si te hace feliz, merece la pena dejarse llevar por el instinto, por sensaciones, por los impulsos. Si te hace feliz, merece la pena intentarlo.
viernes, 3 de abril de 2015
Abril entre líneas.
Dicen que toda historia tiene sus puntos y sus comas, que siempre hay puntos suspensivos antes de llegar al punto final, pero el corrector ortográfico que trabaja para la editorial siempre me llama la atención por abusar de ellos...dice que lo importante, es saber dónde y cuándo colocarlos. Me pregunto entonces dónde y cuándo se pone ese punto en el que no sabes si necesitas un abrazo, un beso, cuatro polvos, o dos hostias. Ese absurdo e indeterminado punto. Ese. En el que las manecillas del reloj parecen estancarse mientras el péndulo sube, y baja, y sube, y baja, y no hay manera de hacerlas avanzar pero tampoco puedes hacer que giren hacia atrás. Y te quedas plantado ahí, junto a la puerta, pensando en si llegará el día en el que te atrevas a cruzarla. Y sí, de momento no tienes ninguna intención de entrar en un lugar del que no te asegures poder salir cuando a ti te de la gana, pero cuando te preguntan dónde te duele, no hay dudas. Le señalas a él. Y es ahí, desde ese punto, desde ese instante, desde donde le deseas suerte. Esperas que tenga salud. Que sea fuerte. Esperas que no se conforme, que sea valiente. Que la vida le de motivos para levantarse cada mañana con una sonrisa, y que cuando no se los de lo haga igualmente. Esto último lo esperas especialmente, porque tiene una sonrisa preciosa. Esperas que sea feliz. Pero sobre todo, esperas que lo que sea que está buscando, sea mejor que lo que está perdiendo.
viernes, 20 de marzo de 2015
Pinceladas para un futuro manifiesto.
No obligues a nadie a quererte, mejor déjale ir. Porque para que tu corazón salude a la persona correcta antes debe despedir a la persona equivocada. Ignoramos a quien nos quiere, queremos a quien nos ignora, herimos a quien nos ama y amamos a quien nos hiere. Pero quien insiste en quedarse, es quien realmente quiere formar parte de tu vida. Ama a la persona que te vio cuando eras invisible para el resto, en lugar de hacer caso a quien te considera la persona correcta que conoció en el momento equivocado, porque no se puede vivir de la esperanza eternamente. El tiempo te va demostrando quienes merecen la pena y quienes no, quien no te busca, no te extraña, y quien no te extraña, no te quiere. Cuando estás abajo, sabes realmente quiénes son tus amigos, cuando estás arriba, tus amigos son los que saben quién eres. Por eso vive la vida como tú quieras vivirla, no como los demás pretendan que la vivas. Vive sin dar tantas explicaciones. Quien te quiere bien, no las necesita, quien te quiere mal, no las cree. Y quien no está a la altura, simplemente no las entiende...Ni las merece. Y sobre todas estas cosas, aprende a apreciar lo que tienes, antes de que el tiempo te enseñe a valorar lo que tuviste.
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