-¿Has vuelto a verla?-Preguntó Víctor dejando derramar sin querer parte del café sobre el mantel.
-Ha estado aquí hoy mismo.-Alatz cerró los ojos con fuerza, como si al hacerlo pudiera verla de nuevo frente a él.- Ha dicho que le importo, y luego se ha quedado callada. Se ha quedado callada mirándome, y yo he temblado entero, porque no hay nada que me de más pánico que la responsabilidad de tratar con un corazón en carne viva. Me ha dejado sin palabras, y es que sé que ella también me importa, y me odio a mí mismo porque el miedo no me deja hablar las cosas claras. El problema en todo esto es, que yo ya no puedo sumar algunas letras, y mucho menos pronunciarlas. "A mí también me importas" o "yo también te quiero en mi vida" sería un buen comienzo, por ejemplo, pero no me sale decirlo. Y no es culpa del orgullo, ni de las drogas, ni de agobios, esta vez no. Esta vez sucede que soy un cobarde. Sólo puedo esperar que ella no lo entienda, y una de dos, o se aleje, o insista. Que insista hasta que ya no tenga fuerzas para acumular silencios. Que me persiga hasta un callejón sin salida y que en medio de todo este sin-sentido me abrace. Y entonces, quizás entonces, pueda acercarme a su oído y susurrarle: Yo también. #Elpalaciodeparedesverdes #nochesdetintaypapel #novelaenpreparto #devueltaalacafeína #vístemedeinspiración #night #inspiration #writing #backtotheroots
jueves, 18 de febrero de 2016
lunes, 15 de febrero de 2016
Olores.
Laura siempre había sido bastante rara para los olores. No era capaz de comer o beber algo que no le gustara cómo olía, y podía percibir la presencia de ciertas personas sólo por el perfume que desprendían. Llevaba tiempo sintiendo el (d)olor de la ausencia de Nico entre sus sábanas, y hasta aquella noche había sido incapaz de tan siquiera plantearse la posibilidad de reemplazarlo, aunque fuera un rato. Se sentía especialmente nerviosa. No tenía nada que ver con la cena en aquel restaurante de moda, ni con el paseo por el centro de la ciudad, ni con lo insultantemente atractivo que siempre le había resultado él. Él y su sonrisa llena de hoyuelos, su verde mirada penetrante, su tez morena, sus largas manos, llenas de venas. Cuando a la mañana siguiente, tras desayunar con ella, abandonó su casa, se escondió bajo las sábanas y rompió a llorar. Era la primera vez desde la misteriosa desaparición de Nico que otra persona ocupaba aquella cama, y se había sentido más vacía que todas las noches anteriores en las que había dormido sola. Respiró profundamente interrumpida por sus propios sollozos, y dejó escapar el aire tranquila al comprobar que el recuerdo de su almohada seguía oliendo a Nico. Cerró los ojos y le dolió ahí donde sus manos, en algún momento, alguna vez, le hicieron sentir que nunca se iría. Pensó que era una auténtica putada que la piel no sufriera Alzheimer emocional, o que las farmacias no vendieran anestesia a granel, al menos. Entendió entonces que su alma no había perdido la esperanza de que la policía le trajera a Nico de vuelta. Que de nada sirve tapar las heridas con tiritas nuevas, que para que cicatricen es mejor dejar que les de el aire, y en todo caso, esperar a que si tienen que regresar, regresen las viejas. Porque el único remedio para curarlas, solamente lo conoce la persona que las crea.
sábado, 13 de febrero de 2016
Tinta de lluvia y carretera.
Si los asientos traseros de un coche tuvieran permiso para hablar, podrían escribir más historias que la propia luna en cada una de sus madrugadas sin ropa. Historias de descampados de carretera y aparcamientos de supermercado, de amaneceres en los que los relojes se rompen esparciendo su arena en tantas direcciones como pueden tomar tus manos recorriendo mis piernas desnudas. Historias de mensajes a deshora, de cristales empañados, de freno de mano erguido, palanca de cambios en posición "marcha atrás", luces apagadas y corazones encendidos. Historias de esas que se intuyen con una mirada, que al recordar tu alma suspira, en silencio, sintiendo como si cientos de galgos recorrieran tu sistema respiratorio acaparando tu aliento, tu alma, sin descanso, sin fondo. Historias de esas de las de "si me tocas de la misma manera en la que me miras, no respondo."
martes, 9 de febrero de 2016
Maravillas del mundo.
De vez en cuando, la vida nos concede un puñado de momentos de felicidad plena. En ocasiones duran tan sólo unas horas. Otras son días, incluso semanas. El recuerdo de esos momentos nos acompañará siempre, transformándose en un país de memoria que nos hace volver a ellos una y otra vez, en un intento desesperado de nuestro subconsciente por regresar a esa vida.
Xichen Itza.
Riviera Maya.México.
Maravillas del mundo.
En todos los sentidos.
miércoles, 27 de enero de 2016
"Lo que escuece imaginarse el sin ti, después de ti."
Cuando no puedas dormir, te mando sueño. Piensa que estoy ahí, contigo. Es uno de esos días en los que el cielo muestra su traje de luces puras y blancas, mientras el viento hace que un coro de árboles fuerce sus ramas como si de cuerdas vocales se trataran, en sus posturas más agudas, más intensas, más humanas. Cuando no debas dormir, te mando un beso. Siente que estoy ahí, contigo. Es uno de esos días en los que se desatan tormentas en el mar de las sábanas, mientras mis piernas te enredan, y nuestros cuerpos se mueven al son de las olas que bailan la más dulce y violenta melodía que nazca de tu alma. Cuando no quieras dormir, te mando mis sueños y mis besos. Déjame soñar contigo. Déjame dormir contigo, anda. Déjame darte un beso de esos que no se olvidan. Ni en otros labios, ni en otros cuerpos, ni en otras camas, ni en otras aguas. Ni en otras vidas.
domingo, 10 de enero de 2016
Tinta de domingo.
Dicen que el dolor ablanda a las personas. Yo pienso que a la larga, las endurece más. Recuerdo que de pequeña, mi abuela me dijo una vez que ella cuando estaba triste o cuando no se aguantaba ni a sí misma se escondía en un rincón de su habitación, sola, sin que nadie la molestara. Se escondía a esperar a que la tristeza se marchara. En más de una ocasión la encontré allí, con la luz apagada, y sin atreverme a entrar me senté junto a la puerta a esperar a que cesara su llanto. Nunca me ha gustado que me vean llorar, así que por entonces elegí como mi rincón el hueco de detrás de las cortinas, porque creía que aunque yo pudiera ver a través de ellas nadie podía verme a mí. Ahora, cuando me siento así, me escondo en el rincón de sus silencios. Y al cerrar los ojos, todavía consigo recordar cómo sonaba su voz. Entonces poco a poco algo dentro de mí me va calmando, y sin querer pero queriendo se dibuja en mi rostro una sonrisa al recordar cómo era la suya. Por eso cuando tu mundo se desmorone y no encuentres un rincón donde esconderte, ven, que aunque ahora esté parecido, yo te hago un hueco en el mío.
domingo, 3 de enero de 2016
Tinta de domingo.
Si aquella noche le hubieran preguntado dónde estaba, probablemente no hubiera sido capaz de responder. Llevaba tantas horas sumergido en copas de vozca y champagne y dejando colgar sus brazos sobre crías que intentaban convertirse en mujeres, que ni siquiera era consciente de lo denigrante y vergonzosa que resultaba para cualquier auténtica mujer que le obesrvara desde fuera la imagen que estaba dando, restregando su cabeza entre los pechos de aquella peliroja mal teniña de formas insultantemente vulgares que conocía más camas que pijamas, en medio del bar. Hora después, cuando regreasba a buscar su coche haciendo un esfuerzo inútil por mantener la línea recta, un borracho se acercó a él. Se quedó parado mirándole, y apoyándose sobre su hombro izquierdo le susurró: "¿Sabes lo que te pasa? Que has perdido lo más valioso que tenías. Así tu vida ya no va hacia ninguna parte." Han pasado semanas desde aquella madrugada, y aunque procura no pensar mucho en ello algo en su interior le hace sentirse intranquilo. Como si realmente etuviera perdiendo algo muy valioso, y con ello se hubiera perdido a a sí mismo. Coo si realmente su vida ya no fuese hacia ninguna parte, y hasta ese precioso momento, no hubieese tnido tiempo ni para darse cuenta.
martes, 22 de diciembre de 2015
miércoles, 25 de noviembre de 2015
Siempre hay salida.
Cuando era pequeña tenía la mala costumbre de acabar metida en más problemas de los que me correspondían. Sin embargo de una manera o de otra, al final siempre conseguía salir del paso sin consecuencias importantes. Mi madre me decía que todas las personas tenemos un angel de la guarda, que nos protege en los momentos en los que resolver la situación pasa a estar fuera de nuestro alcance. Supongo que mi madre se refería también a esos momentos, en los que tus pulmones se niegan a seguir buscando oxígeno para acabar con esa sensación de falta de aire, y sientes cómo tu corazón se resquebraja separándose en mil pedazos. Es en esos momentos, cuando ese ángel de la guarda aparece, y uno a uno va recogiéndolos sin que te des cuenta, uniéndolos hasta conseguir que las piezas vuelvan a encajar, y puedas recomponerlo. Y aunque te parezca imposible, llegará el día en el que la balanza termine de decantarse para un lado o para el otro, el respirar no duela, y el latir te permita continuar con tu camino, y empezar de nuevo. Porque hay salida. Siempre hay salida.
lunes, 23 de noviembre de 2015
Lunes con sabor a domingo.
Lloraba y lloraba desconsoladamente, sintiendo cómo las lágrimas se engendraban en lo más profundo de sus entrañas y le arañaban el alma, brotando a borbotones empañando sus ojos y resbalando por sus mejillas hasta confundirse con la sangre que manaba de sus labios. Intentaba por todos los medios detenerlas, pero no podía, cada vez que lograba contener su respiración algo dentro de ella le estrujaba el corazón, escurriendo el sentimiento e impulsándolo a salir fuera. Tenía tanto escondido dentro. Tanta impotencia contenida, tanta falta de cariño, tantos te quiero no dichos, tantos ratos de los de no poder más, tantos restos de tinta y papel de la que no se puede publicar. El oxígeno le abrasaba los pulmones entrando y saliendo en ellos a destiempo, provocando una respiración entrecortada que le impedía hablar. Entonces sucedió. El pequeño Lucas apareció frente a ella, arrastrando su peluche favorito, con el chupete colgando y el pañal empapado, asustado, desconcertado, perdido. Era la primera vez que sucedía delante de su hijo. Era la primera vez que le veía llorar. Una fuerza que solo alberga explicación en el amor que sentía hacia él se apoderó de ella en aquel instante. Con el labio partido y el hombro dislocado se levantó del suelo del recibidor, donde el portazo de su marido que le había golpeado en la cara la había dejado tendida. Se acercó al teléfono, y con pulso tembloroso descolgó el auricular. Decidió poner fin a su condena. Decidió llamar.
viernes, 13 de noviembre de 2015
Miedo.
Cierra los ojos y deja de pensar. Siente. Que un euro se gasta, y un polvo se acaba. Que hay que dedicarse a algo de lo que jamás te quieras jubilar. Y nada vale la pena sin alguien que te haga ser incoherente. Alguien que llegue, te empuje a hacer cosas de las que jamás te creíste capaz y que arrase de un plumazo con tus principios, tus valores, tus yo nunca, tus yo qué va. Alguien que aparezca por sorpresa un jueves por la noche en la puerta de tu casa, que escriba líneas para ti en un pedazo de papel, que le guste hacerse fotos contigo porque sabe que al verlas te robará una sonrisa. Alguien que te quiera y te lo demuestre cada día. Que te cuide, que se preocupe por ti sin miedo a lo que quede por vivir. Sin miedo al fracaso. Sin miedo al qué dirán. Sin miedo a perder lo que tiene. Y sobre todo, sin miedo a por no tener miedo de perderlo, acabar perdiéndolo.
lunes, 9 de noviembre de 2015
Momentos.
Cada día que pasa estoy más convencida de que lo que le da emoción a nuestras vidas son los pequeños detalles, los pequeños grandes momentos. El diccionario de la Real Academia Española define la palabra momento como una porción de tiempo muy breve. Yo lo defino como una inyección de vida. La vida está compuesta por una sucesión de momentos sin importancia, entre los cuales se esconden otros que hacen que al recordarlos venga lo que venga merezca la pena seguir, que merezca la pena vivir. Momentos. La sensación de la arena húmera cubriendo tus pies descalzos el primer día de playa del verano. Escuchar por casualidad en la radio esa canción que te recuerda a alguien, robándote una sonrisa. El instante en el que conoces la noticia de la pérdida de un ser querido, y algo dentro de ti se desgarra, haciendo que te olvides hasta de respirar. Esa cicatriz en tu cuerpo que casi nadie más conoce. Esa cicatriz de tu alma. Despertar de un sueño que hubieras deseado que no acabase nunca, y volver a cerrar los ojos con fuerza en busca de la inútil esperanza de retomarlo. Los primeros rayos de sol que entran por la rendija de la persiana en un domingo soleado, y sin abrir los ojos sonríes, porque sientes ese olor que tanto te gusta y su respiración junto a tu pecho, y sabes que no tendréis que madrugar, que podréis volver a hacer el amor por la mañana. El temblor de tu cuerpo tras uno de esos orgasmos que te hacen rozar el cielo con las manos. Ese te quiero que escuchas por primera vez y te pone los pelos de punta. Y darte cuenta de lo bien que sienta de vez en cuando echar la vista atrás, y recordar. Recordar los momentos que te llevaron a estar donde estás. Mantener la mirada como aquella vez, y una vez más que no haga falta decir nada. Una vez más no poder evitarlo. No poder evitar sonreir, y sentir que en el fondo, no es tan complicado ser feliz. #nochesdetintaypapel #momentos
miércoles, 4 de noviembre de 2015
Noviembre entre líneas.
Uno de los detalles más importantes que el ajedrez me ha enseñado es que hay que saber cuidar de tu reina, porque cualquier peón te la puede quitar. Y es que siempre se ha dicho que son los pequeños detalles los que marcan la diferencia. Enamorarse de cosas raras y de personas perfectamente imperfectas. El olor que se queda en las manos tras echarse reflex en la rodilla. El sabor del helado de chocolate fresquito en verano y del colacao calentito en invierno. Peli mantita y sofá. Sola o en buena compañía. Despertar y que te traigan el desayuno a la cama. Las duchas de agua tan caliente que inundan de vapor el cuarto de baño entero, y te dejan los dedos arrugados. Un beso sin venir a cuento, un abrazo de los que te estrujan las costillas. Cualquier cosa escrita en cualquier lugar, y más si está escrita para ti. De pequeña leía todo, desde los carteles de alquiler de locales de las paredes en la calle hasta las etiquetas de los botes en el supermercado. Nunca salgo sin colonia, y no puedo evitar mirarme en el cristal de los escaparates mientras camino. No soy de hablar mucho pero me gusta escuchar, las conversaciones largas y tranquilas, sobre nada en concreto, sobre todo en general. Soy de sangre caliente y corazón frío, e intento acariciar el alma cuando escribo. De dibujar hasta en los manteles de los restaurantes, de cantar sin darme cuenta y de escribir poesía en la parada del autobús. De viajar de aquí para allá. Adoro el mar, y la nieve. De hacer cualquier cosa para conseguir que quien quiero sonría. De estar un día triste sin ganas de salir de casa y al día siguiente feliz bailando por ahí. Así son, los pequeños detalles. Así somos, los seres humanos. Somos de quien nos está faltando cuando mejor lo estamos pasando. Somos de quien nos mira a los ojos, y nos hace soñar. #
domingo, 25 de octubre de 2015
Tinta de lluvia.
Dicen que la mejor forma de impedir que alguien te cause dolor es no permitir que tu corazón sepa de su existencia. Si sientes que ya es demasiado tarde, es porque le quieres, y le quieres bien. No me gusta que las cosas se acaben, ni establecer un final o un principio. Quizás por eso soy incapaz de acabarme el croissant de chocolate que me trajiste para desayunar, y dos días después aún conservo un cachito en el frigorífico. Quizás por eso duermo en tu lado de la cama las noches en las que no estás, para llenar el hueco que dejas, que a estas alturas tengo que reconocer que me genera más vacío que el mío(y conserva cierto olor a ti). Quizás por eso sonrío con cara de idiota cuando veo tus fotos, y me enamoro una y otra vez de la sonrisa que veo en ellas, llena de dientes desalineados, con hoyuelos disimulados, imperfectamente perfecta. Quizás por eso me giro cuando alguien con el aroma de One Million pasa a mi lado, con la absurda esperanza de al seguir su rastro encontrar tu rostro. Quizás por todo eso, entre unas cuantas cosas más, tenga que admitir que el amor existe, que por muchos motivos materiales impregnados de envidia que la gente invente, hay cosas que no se compran con regalos ni dinero, y no hay motivo más sencillo y bonito para que dos personas estén juntas que el sentimiento que comparten. Y que aunque sepa que podría permitirme perfectamente vivir sin ti, ahora mismo, me aterra el hecho de pensar en la posibilidad de no tenerte aquí conmigo. #Logroño #SanAntón #tintadelluviaycarretera #ratosdetintaypapel #ratosmoñas #díasgrises #winteriscoming
martes, 6 de octubre de 2015
Sé que nunca te lo dije. Pero te quiero.
Caminaba con paso lento sin saber qué dirección seguir, envuelta en su manto de lágrimas sujetando el ramo de margaritas ya secas, moribundas, que a duras penas conservaban sus pétalos impares. La lluvia comenzó a golpear con fuerza el hueco vacío que brotaba de su alma, provocándole un temblor ligero, al principio, que fue creciendo hasta hacer tiritar a todos y cada uno de los huesos que asustados se escondían bajo su piel. Su larga melena dorada se había apagado por completo, cayendo sobre sus hombros desnudos, sin un brillo de esperanza que le hiciera resistirse a los gritos del viento que la desgarraba. Pero Martina no lo sentía. No sentía el viento, ni el frío, ni el agua, ni las afiladas piedras del lúgubre y angosto camino que se clavaban en sus pies descalzos, haciendo que dos hileras de sangre manaran de sus plantas, concluyendo en un pequeño charco que se confundía con los restos de barro y salitre, dibujando un corazón. Cuando por fin se detuvo frente a Lucas, haciendo rechinar los dientes en un intento desesperado por controlar la rabia que la ahogaba por dentro, se derrumbó sobre su cuerpo ya sin vida, y con las pocas fuerzas que le quedaban dejó escapar una última frase, antes de perder el conocimiento: "Sé que nunca te lo dije. Pero te quiero".
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