domingo, 30 de junio de 2013

Pinceladas para un futuro manifiesto.

Girarme y descubrir que mi sombra me sigue fiel a todas partes. Sin tiritas, sin dudas, sin gilipolleces. Que me traigan un cola cao con grumitos y cuchara a la cama, caminar por la calle con sonrisa de tonta porque acabo de recordar un piropo raro. Atravesar decidida callejones sin salida pese a que escondan derrotas oportunas, sentirme tan segura de mí misma que mis contoneos no hagan temblar a mis tacones, aunque camine descalza. Que mil noches sean suficientes para que lo que busco no me encuentre, y que en los días nublados, siempre tenga un sol que me caliente el alma. Que el camarero se encapriche conmigo y me sirva las copas gratis, ir de frase en frase ligándome al girar cada palabra descarada. Que actúen sin darme tiempo a pensar, que me lean entre líneas y me entiendan hasta cuando no me entiendo ni yo. Amigos insobornables que me cubran en la retirada y me devuelvan el mordisco, levantarme cada mañana con estrellas enzarzadas en trifulca en el estómago. Sacudirme los cariños desgastados sin tener que cumplir inútilmente con cualquiera. Mirarme y ver que no tengo miedo a querer, porque no van a dejar de quererme. Y sobre todo, no abrirme la cabeza porque me asuste la posibilidad de rompérmela.



domingo, 16 de junio de 2013

Nunca a medias.

No sé reír a medias. No sé ser casi amigo, y mucho menos sé amar a medias. Me incomodan las lágrimas que sólo llevan agua, las frases inacabadas, las personas incompletas, el "no puedo", "no me atrevo", el "no lo tengo claro" o el "sí pero" que no lleva a ninguna parte. O todo o nada, nunca a medias. No entiendo a los falsos valientes, me sacan de quicio los auténticos cobardes y me ponen nerviosa las inseguridades. Camino con ambos zapatos abrochados, con los pies sobre la tierra, y piso fuerte, no a medias. Soy fiel a lo íntegro y a lo sincero, sea como sea y le duela a quien le duela, pero nunca a medias. Me gusta reír hasta que me duele la tripa y no llorar siempre que sea posible evitarlo, ser amigo hasta el final de los problemas, incluido el principio y el durante, y amar tan intensamente que daría la vida por quien amo. En esto también y sobre todo, nunca a medias. No sé querer a medias tintas, si quiero, quiero al completo, con confianza, con todo lo que se puede querer, sin medida, sin agobios, sin prohibiciones ni ataduras. Y es que digan lo que digan, no se engañen, no se puede querer a medias, y mucho menos, amar a medias.

jueves, 13 de junio de 2013

Miradas.

Me fascinan las miradas. Las de los que se aman o se atraen y ya no pueden reprimirse más, pero lo hacen, las que adivinan, o lo intentan, las que observan, las que aguardan pacientes, o impacientes, las cómplices, las que esconden un secreto y las que hablan a voz en grito...sí, hay miradas que hablan, que gritan en el silencio, que desnudan, que te atraviesan de golpe y te arrebatan el alma. Hay miradas que se quedan bien adentro, escondidas,  y a veces es arriesgado dejarles ver la luz porque sabes que si las vuelves a cruzar...Hay ojos en los que me quedaría a vivir y otros que preferiría mantener ocultos tras sus párpados de por vida. Hay  días que temo mirar a otros ojos iguales a los míos por miedo a verme desnuda ante ellos, en cambio hay otros días que me armo  de valor y sin un sólo pestañeo me como el mundo, como si de un algodón de azúcar se tratara. Pero lo que de verdad importa en todo esto es, que da igual el color de los ojos, su forma, los cristales que lleven delante o la longitud de sus pestañas. Lo que de verdad vale la pena, en esencia, sin duda son las miradas. 

miércoles, 12 de junio de 2013

Y ya son las doce.

Puede que a simple vista no se le note, pero Ella le observa. Él remueve el café mientras habla con gracia sin mirar a la taza, con la mano izquierda. Siempre la mano izquierda. Imagina cómo esa misma mano sujetará el arco de su preciado violín, acariciando las cuerdas con dulzura. Continúa observándole. deja caer por un instante los párpados con gesto engañosamente tímido, coge el bombón que adorna el pequeño plato de porcelana y lo desenvuelve desinteresadamente, haciendo una bola con el papel de plata, al tiempo que desliza el dulce entre sus dedos y se lo mete en la boca. Chocolate. Le encanta esa palabra. Y su sabor. Se sorprende a sí misma envidiando al caramelo por un instante, por sentir el placer de dejarse rozar por sus labios, e imagina cómo se derrite poco a poco deslizándose entre sus dientes. Entonces Él sonríe. Sonríe. Y ahí sí que está perdida. Y es que puede lidiar con sus finas y bronceadas manos, puede aguantar esa voz natural e inocentemente sugerente, puede dejar pasar ese pelo cobrizo al sol tan bien  despeinadamente peinado, y aunque por momentos se bañe en sus penetrantes ojos, ese mar de miel lleno de pestañas, puede incluso soportar esa mirada que lo dice todo sin decir nada. Pero su sonrisa...esa sonrisa llena de hoyuelos, de picardía, de ese venacomerteelmundoconmigo, aquí, y ahora, le envuelve hasta tal punto que se olvida hasta de su nombre. Y de todo lo demás. Es entonces cuando de pronto, la pompa de chicle explota, la carroza de cadena y dos ruedas le reclama, suena el reloj,  ya son las doce, y bajo la lluvia ve cómo poco a poco, con sus manos, con su voz, con sus ojos, con su pelo, con su sonrisa, se hace pequeño en la distancia, perdiéndose entre las sombras de la noche.

sábado, 8 de junio de 2013

No todo es Baloncesto.

La combinación perfecta para odiar determinados momentos hasta llegar a temerlos es que no te guste algo que además se te da mal. Nunca me han gustado las despedidas, no entiendo por qué es necesario poner fin a las cosas buenas, a aquello de lo que te cuesta desprenderte y que sabes con total seguridad que lo echarás de menos en el futuro. Para colmo se me dan fatal, no se muy bien qué decir, o cómo decirlo, porque mientras lo estoy haciendo tengo la sensación de estar arrepintiéndome de ello. Hace poco reconocí que había asumido una pérdida importante en mi vida, una pérdida que no se bien cómo encajar, y que día a día siento cómo me acompaña allá donde voy, de manera constante y a veces hasta sin sentido. Hoy llega el fin de una etapa, y aunque lleve meses intentando asimilarlo y mi cabeza sabía que este momento tendría que llegar, los sentimientos no se pueden controlar, y por más que lo intento los míos se niegan a aceptarlo. Y es que para ciertas personas son así de caprichosos, se toman su tiempo. No encuentro ni encontraré jamás las palabras adecuadas para decir adiós a un grupo de personitas que han significado tanto para mí durante estos 4 años, y precisamente por eso no tengo intención de hacerlo. Y es que cuando me refiero a ellas voy mucho más allá de Baloncesto, porque con solamente el deporte en sí no tengo suficiente para describir lo que he vivido con ellas, por ellas, y a través de ellas. Ahora que el motivo que nos unió parece separar nuestros caminos, me aterra el hecho de pensar que de alguna manera también nos separará en todo lo demás. Por más que lo pienso soy incapaz de aceptar que durante el año que viene no seré yo la que pise el campo de Jesuitas durante sus horas de entrenamiento, que habrá otra persona, sea quien sea, que ocupe mi lugar. Y claro que ha habido otras, y las seguirá habiendo, pero hay una cosa que tengo clara, que va mucho más allá del Baloncesto. Venga quien venga y digan lo que digan, hay cosas que están por encima de todo, y ellas, con todo lo que significan, son únicas, y son las mías. 

Para mí, SIEMPRE serán mis niñas.


martes, 28 de mayo de 2013

Baloncesto.

Lo cierto es que nunca me ha gustado nada esa palabra, o más bien ese sentimiento, pero no se puede esquivar a la nostalgia cuando algo de tal trascendencia se desprende de tu vida sin que estés preparada para ello, cuando has sentido cómo te lo iban arrebatando poco a poco como si te arrancaran la piel a tiras. Lentamente. Con dolor. Sin anestesia. Tras estos 443 días, en los que he ido recomponiendo mis trocitos con sumo cuidado y no demasiada paciencia, creo que puedo reconocerme a mí misma, y por tanto a todos los demás, que he asumido la pérdida. Y lo admito, no lo llevo nada bien, tengo mis días malos, y mis días peores, pero he encontrado la forma de canalizarlo, aprovecharlo de otra manera, y evitar así el enterrarlo para siempre y desterrarlo injustamente de mi vida. Y en gran parte, se lo debo a Ellas. Porque en esta vida todo se supera, y llegados a este punto en el que la cuenta atrás se termina sin dar comienzo a una nueva, hacia delante, en la que, como diría Sabina, al punto final de los finales no le quedan ya dos puntos suspensivos, tan solo puedo decir una cosa:


GRACIAS.



domingo, 26 de mayo de 2013

Fin del espectáculo.

Dejaremos que pase el tiempo, que corra el aire y el viento suene hasta que arrastre palabras mudas de esas que sólo tu y yo escuchamos. Será entonces, y sólo entonces, cuando apartando todo a un lado, hablaremos. Hablaremos para empezar del tiempo y del espacio, la velocidad, las leyes físicas,  y todas esas ecuaciones que últimamente nos fallan tanto. Hablaremos de cómo la miel de mis ojos, poco a poco, se va apagando. De la distancia, del olvido, de que me mires y no me veas, de lo jodidamente difícil que es escribir para ti, y que no me leas. Que hagas como si no existiera, que pises todos mis textos con tu maldita indiferencia. Hay tantas líneas que saben a ti. Tantas y tantas líneas que todavía huelen a ti. Tanta tinta de la más oscura,  la más roja, la más profunda...la que más duele malgastar cuando uno se desnuda el alma y la usa. No sabes cuántas veces pensé en ti mientras escribía. No sabes cuánto me diste...y cuánto me quitaste. No tienes ni la más remota idea de lo especial que me resulta el hecho de que tú me leas...pero no lo haces. No como los demás. No de la misma manera. Me siento como una niña con sus bailarinas nuevas, su tu-tu rosa y su pelo tensado, sola en el escenario frente a un patio de butacas con un único espectador. Imagina por un instante lo triste que sería que estando en primera fila, no le hiciera caso. Le dará igual que la sala comience a llenarse, no escuchará los aplausos ni los gritos de alegría de los miles de personas que colman hasta el segundo palco. Para ella, su espectador se ha roto. Y sin él, no hay melodía, no hay sonido, no hay ritmo, no hay sonrisa...sin él, por mucho que lo intenté, el espectáculo, está acabado.

sábado, 25 de mayo de 2013

Logroño, Ciudad Europea del Deporte. Una de las bromas más abyectas del año.

Puestos a ser sinceros desde el principio, he de reconocer antes de nada que la primera vez que he escuchado la noticia no he podido evitar que me entrara la risa. Y no me refiero a una risa agradable o ilusionada como deportista que soy, sino a una carcajada con sorna, irónica, natural e involuntaria. No obstante, y puesto que como decía mi abuela, "prevenir es mejor que curar", me he informado de en qué consiste exactamente dicho reconocimiento. Rezan así, en varias noticias: "Otorgado cada año por la Asociación Capital Europea del Deporte, está orientado a promover los valores del deporte a nivel municipal y supone un reconocimiento a la política deportiva de la ciudad." Y es entonces cuando me pregunto yo: ¿No ha sido este año cuando los gimnasios públicos han sufrido una subida de precio mensual de un 40%? ¿No ha sido este año cuando se han reducido los grupos de actividades deportivas, y se han subido las cuotas de todas ellas? ¿A caso no se ha prescindido de varios profesionales dedicados a estas actividades, y se les ha reducido el sueldo a otros tantos? Se han eliminado subvenciones deportivas dedicadas a desplazamientos, a reformas de infraestructuras, a presupuesto para material. Los juegos escolares deportivos cada vez ofrecen menos, y cuestan más. Hay deportistas que tienen que dejar de practicar su deporte a nivel federado al cumplir los 18 años, o incluso antes, por meros problemas económicos. No existe ningún tipo de beca para aquellos jóvenes que quieren formarse y obtener el título de entrenador de algún deporte. No ofertamos los estudios de INEF en nuestra Universidad. No contamos con instalaciones deportivas en condiciones (No nos engañemos, un Palacio de Deportes y un Campo de Fútbol quedan muy bonitos si los ves desde la ventana, doy Fe, pero son hormigas en comparación con los leones que se encuentran en otros lugares). No disponemos de carril bici, y con carril bici no me refiero a unos cuantos metros de asfalto rojo pintados de manera irregular, diseñados por alguien que estoy segura de que no ha utilizado una bicicleta para desplazarse por una ciudad en su vida, porque de ser así, jamás los hubiera distribuido tan escandalosamente mal. No pretendo faltar al respeto a nadie, pero parecen sacados del juego de "buscando a Wally". Como persona que utiliza la bicicleta habitualmente, puedo decir que es complicado hacerlo peor. Seguramente si continúo pensando se me ocurrirán unas cuantas razones más por las que creo que no merecemos ni tan si quiera atrevernos a presentar tal candidatura, pero una vez más, si de todas formas lo vamos a hacer mal, por lo menos seamos sinceros, y llamemos a las cosas por su nombre.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Vísteme de Inspiración, que sin Ella, estoy desnuda.

Dibujo una estela de humo en el aire que pronto se mueve, que pronto se expande. Estalla en lo alto del cielo pintando de luces y sombras el mar de la luna, que corre, que vuela y sonríe, con esos hoyuelos que muestran la más pícara y risueña de las sonrisas. Peina su pelo cobrizo con gracia y el viento lo vuelve y revuelve a su antojo bajo el brillo del sol que lo aclara. Y al remangarse de brazos su tez morena se funde con esa camisa de cuadros, de rallas,  lisa, de mil colores, negra y blanca, hasta llegar a sus manos. La mano izquierda. La que crea, la que a pesar de haber sido por tantos siglos despreciada, vale la pena. Me busco en sus ojos, me encuentro, y me baño en la miel de su mar, dulce, agradable, tranquila...en paz. De pronto el tiempo se para, el péndulo no sube, ni tampoco baja, la arena rebosa todo cuanto encuentra a su paso y no hay segundos suficientes para recoger de nuevo sus granos. Porque ya no importan, porque ya no hacen falta. Y en medio de todo y de nada, una dulce melodía envuelve la noche y el día, haciendo al silencio gritar de alegría. Te frotas los ojos incrédula, pestañeas fuerte, te muerdes el labio de nervios, a ver si duele, y tras comprobar que es cierto, sólo te queda decir una cosa:

Gracias, Musa. Gracias, por haber vuelto.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Silencio.


El silencio es la consecuencia inevitable de todas las alternativas que existen a saber qué decir, cuando decirlo y de qué manera se debe de decir. Y si las luces están apagadas, y si todas las puertas y ventanas están o no cerradas, y si las agujas se detienen siempre en el mismo punto y el péndulo parece subir más de la cuenta cada vez que tú pasas frente al reloj...pero nunca se para, siempre vuelve a bajar, y a subir, y a bajar, y a subir...siempre el mismo espacio. Tiempo, espacio, velocidad, todo sucede al mismo ritmo, todo es tan frustrantemente anodino y constante que hay veces que hasta me mareo solo de pensar que nunca cambiará, que seguirá así hasta que en algún momento reviente de golpe haciendo saltar todas las piezas, en todas las direcciones posibles...pero entonces ya será tarde, porque el mecanismo quedará inservible. El caso es que a veces creo que hablo demasiado poco hacia afuera y demasiado mucho hacia dentro, pero no puedo evitarlo, siempre me falla una de las tres. El qué, el cuándo, o la seguridad de que lo que voy a decir sea algo con sentido que no incomode ni dañe a nadie. Por eso tiendo a tirar de silencio y listo, no me complico. Y es que ante la cantidad de necedades y sandeces que se escuchan por ahí, ¿Qué necesidad hay de engordar la lista? Total, las mías no van a ser mi mejores ni peores que las de los demás, y prefiero no cargar con la responsabilidad de haberlas dejado salir de mi boca, así, gratuitamente, sin un motivo de peso. Claro está que a veces se me escapan, pero procuro que no hagan mucho ruido, no vaya ser que al final el reloj estalle de verdad, la explosión sea demasiado fuerte, y me acabe salpicando la porquería más de la cuenta. Tampoco es que vaya armando jaleo por ahí, simplemente me aparto cuando no me convence el guión de la película, y dejo que otros actúen.

Al fin y al cabo, lo que digan de mí, no es asunto mío.


domingo, 28 de abril de 2013

Tinta de Domingo.

No me gustan los espacios cerrados. Ni los tiempos, ni las velocidades, ni nada que tenga que ver con el límite o el sentido. La imaginación y el libre albedrío, ese es mi cerco, ahí es donde me muevo y me siento a gusto, tranquila, segura de mi misma y de lo que me rodea. Soy más de espacios abiertos, de ideas infinitas, de esas que empiezan y nunca se terminan porque en realidad nunca empezaron, simplemente existen, están ahí, y con eso basta. Me asusta dar pasos en falso y me aterra pensar que en alguno de ellos no habrá superficie firme debajo de mis zapatos, que caeré en el vacío más inmenso y me perderé en el abismo de las dudas. A veces hasta retrocedo por miedo a avanzar mal, y luego me arrepiento y me digo a mí misma que me he comportado como una cobarde...aunque ya sea tarde. Me atrae la inteligencia. Me atrae una cara y un cuerpo cuando detrás hay una mente que merece la pena conocer. Hombre o mujer, eso da igual, es lo de menos. Me encanta la creatividad que generan ciertas personas de manera natural, esas que desprenden un brillo especial, diferente, dejando una estela de luz allá por donde van. Esas que tienen capas y capas que vas descubriendo poco a poco sin estar segura de querer llegar al fondo del asunto. Pero nunca llegas, siempre te sorprenden con ideas nuevas, atractivas, imperfectamente perfectas. Confío en los guapos con miga, esos que detrás de un caradura con sonrisa de revista esconden un alma...jodidamente retorcida, a veces, pero alma al fin y al cabo, que es lo que vale. La sencillez de lo complejo en sí mismo, lo íntegro, lo ingenioso, lo auténtico, eso es lo que merece la pena, ahí es donde se encuentra inspiración para crear, para escribir generalmente, en mi caso. Las palabras vienen a mí cabeza como si supiera perfectamente qué es lo que tengo que hacer con ellas, pero aquí entre nosotros no hace falta engañarse. Lo reconozco, no tengo ni idea. Las ordeno como puedo, como ellas quieren y me dejan. Las palabras son así de imprevisibles, llegan sin avisar, y más vale que dejes lo que estés haciendo en ese momento si realmente te interesan, porque no suelen volver por segunda vez, o al menos no cuando tu quieres que lo hagan. Pero hay una cosa que tengo clara: El mérito no es mío. Es de ellas.

lunes, 22 de abril de 2013

Vísteme de inspiración, que sin ella, estoy desnuda.

No se bien cómo empezar, pero las cosas están bastante claras, al menos por mi parte. Que me canso, que no te entiendo, que ya no aguanto más. Que estoy harta. De tenerte siempre delante y que ni te enteres de que se te cae la piel a trozos porque soy yo quien te la arranca a jirones desde dentro, con las uñas de mi mirada, afilada como cuchillas de afeitar. De que el tiempo se detenga cada vez que caminas junto a mí, que no conmigo, y revientes con tu voz muda todos los relojes de arena poniéndolo todo perdido, para que luego sea yo la que tiene que recoger los granos, uno por uno, y volver a amontonarlos en algún sitio. Un sitio que no es el suyo, pero a ti eso te da igual, no valoras los recuerdos, ni lo que está por llegar, no valoras absolutamente nada. Tú sólo mal vives, te resignas a ello, te limitas a eso, a estar, sin mas. Harta de que te guardes tu sonrisa, con tus hoyuelos y tu diente ligeramente montado, hasta hacerme casi olvidarla, de que quieras dejar salir tus lágrimas hasta formar un mar entero, y no lo hagas. Harta de que seas tan voluble, tan frágil, tan jodidamente complicada, de que te rompas en mil pedazos y sea yo quien se corta con los cristales. Y sí, en esto siempre has llevado razón: Me me pasa por caminar descalza. Y es que hace tiempo que te dejé mis zapatos para que te pongas en ellos, me mires, y me veas. Pero ni aún así lo haces, ni si quiera los usas, prefieres volar sobre una realidad que no quieres molestarte en recuperar, verla de lejos, y así no te afecta. O eso quieres creer, porque en el fondo ambas sabemos que mientes. Te engañas a ti misma, con esa máscara aterida y opaca que no deja pasar ni el más mínimo resquicio de luz, ni de esperanza, ni de nada. ¿Pero sabes lo que te digo? Que me da igual. Me das igual tú, y tus estúpidas tonterías de no mezclarte con nadie ni con nada. Que me he cansado, que ahí te quedas, y cuando quieras algo, me buscas...pero no tardes mucho, Musa, no tardes mucho, porque a lo mejor, ya no me encuentras.

miércoles, 17 de abril de 2013

Sobre lo que deberíais de ser, pero no sois.


Mientras las desigualdades sociales alcanzan límites nunca imaginados. Mientras el desempleo supera cifras nunca conocidas, ni siquiera conjeturadas. Mientras las clases trabajadoras pierden uno tras otro derechos que ha costado décadas conseguir tras esfuerzos inenarrables. En este momento, en el que el país ha sido intervenido de facto, viendo mermada su supuesta soberanía y destrozada su democracia, y su ya demediado Estado de bienestar es arrojado al basurero de los trastes inútiles e ineficaces de la Historia, en este mismo momento, una desalmada y antihumanista cosmovisión neoliberal vestida con sus mejores galas, se pone sus botas de mando, corrupción y desvergüenza, y tijera en mano se dispone a "des-reformar", una vez más. LOMCE, la llaman. Una ley con nombre de lo que debería de ser, pero no es. Una ley que desprecia y olvida al profesorado, que se basa en postulados ideológicos en lugar de en necesidades educativas. ¿Una Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, dicen? Seamos realistas, bajen aquí, pasen, y vean: Hay niños que pasan hambre en los centros escolares, adolescentes desatendidos, familias que no pueden pagar los libros, ni el comedor, ni las excursiones. Es indignante, arcaico y deplorable ponerle a un padre en la cruel tesitura de elegir cuál de sus hijos podrá permitirse el día de mañana ir a la universidad. Quieren subirnos en un DeLorean, como hizo Noe con su arca, y devolvernos a la España de los años 50, recuperando itinerarios segregadores y clasistas. Los dueños de las grandes fortunas de este país de impiedad y desvergüenza, están descorchando sus botellas de champagne día tras día, mientras ríen satisfechos por su poder inconmensurable. No nos engañemos, están pintando la Educación con ceras blandas que en cuanto llueva se pudrirán. Que aquí no hay pinturas, no hay colores, que no es cuestión ni de rojos, ni de grises, sino de decencia o indecencia, depravación o transparencia, dejemos ya para los cuentos los espejismos y mutaciones, y si de todas formas lo vais a hacer mal, por lo menos, por principios, por integridad, por lo que sea, llamemos a las cosas por su nombre.

jueves, 11 de abril de 2013

El Tiempo. Como siempre, el Tiempo.


Antes de empezar por el principio, por donde todo el mundo empieza, tengo que aclarar que entiendo que el de musa es un trabajo que entusiasma, pero cansa. Esa disponibilidad absoluta, en cualquier momento, a cualquier hora, que te saca de la cama a rastras o te deja sin el postre en la comida, ese contrato sin caducidad aparente, sin remuneración definida, sin reglas fijas. Inmersa en esa inestabilidad de hoy te quiero, mañana te olvido, y la semana que viene, te echo de menos, no le queda otra que sobrevivir como puede, como le dejan, que no es mucho...aunque ya es algo. Pero entender no significa estar de acuerdo, y aún sabiendo que lleva razón, que no es su culpa sino mía, aún así, me quejo. Y es que no hay manera de escribir cuando no está, cuando las palabras se amontonan, cuando la falta de tiempo te llena de rabia, todo fluye, y nada queda. Ni su pelo peinado al viento, ordenado, revuelto, ni su tez morena, ni esas manos llenas de venas, ni la dulce y seductora forma que adoptan sus ojos cuando sonríe, con esa sonrisa llena de dientes y de hoyuelos y de yo qué se que más, si ni si quiera se por qué sonríe ni tengo tiempo de saberlo. Y es que hay maneras, y es que hay andares que hacen estallar todos los relojes de arena que les pone el camino, imparables, sin destino. Y esos ojos, o más bien esas miradas que tanto dicen y tanto callan, esa voz, esos sonidos, esa sencillez tan compleja que te envuelve y te envenena, amargo dulce, dulce condena. Y llegados a este punto, sin principios, ni finales, ni nada que se le parezca, aún siendo consciente de que de Ella abuso, de que merece mucho más de mí que estas líneas sin sentido, acabo por hoy, una vez más, por falta de lo mismo: El Tiempo. Como siempre, El Tiempo.

Huecos vacíos.

Escúchame un momento, detente un segundo. Mírate a los pies. ¡Cómo no te vas a tropezar!...Y justamente ahí, es cuando te das cuenta. Caminas por la vida a un ritmo al que ni si quiera se te ve, y no tienes tiempo ni de pararte a pensar en ello, ni en nada, en realidad. Apenas piensas, sólo actúas. Pero de pronto un día llega alguien que te hace detenerte en seco. Alguien que te obliga a agacharte y abrocharte los cordones de los zapatos, los cuales llevan tiempo sueltos, ni si quiera sabes cuánto...ni si quiera recordabas haberte puesto esos zapatos. Y es justo en ese momento del que te hablo, el momento en el que te das cuenta. Es un error pensar que lo superaste demasiado pronto. No porque no sea posible, sino porque si necesitas añadir ese "demasiado", es porque realmente no lo has superado. Supongo que es cuestión de fases, y que tras una primera etapa en la que te dejas llevar, y te paseas por la vida rodando dentro de tu burbuja gigante a un ritmo vertiginoso, ésta comienza a descascarillarse. No explota de golpe, no es algo de lo que te des cuenta de la noche a la mañana, va poco a poco, deshaciéndose con cada piedra y cada bache que encuentra por el camino. Es entonces cuando eres consciente de los pequeños detalles, del día a día, de lo que siempre ha estado ahí, pero ya no está. Los filetes que han sobrado en la comida continuarán ahí a la hora de la cena, exactamente los mismos, tal cual los dejaste. Al llegar a casa  hay luces encendidas, pero no es ella la que está cenando o viendo la televisión. La puerta de su habitación siempre está abierta, y su baño siempre está libre, vacío, como el hueco que deja. Los ruidos que escuchas por las noches son ruidos, sin etiqueta, sin nombre, sin ningún tipo de justificación...sin esencia. Comienzas a sentir la ausencia, ese vacío interior que te obliga a coger aire con fuerza, colmar los pulmones hasta arriba...y que aún así, no se llena. Y seguramente sea pronto todavía, para asumir que tienes que convivir con ellos, que por mucho que lo intentes, ni con aire, ni con nada...esos huecos, no se llenan.