-¿Cómo me llama?-Preguntó el joven retomando la conversación, sin ocultar su expresión de desconcierto.
-No te llama de ninguna manera.-Respondió el anciano mientras recogía con la cucharilla los restos de nata de su taza de café.
-¿No habla de mí, entonces?
-Claro que habla. Pero no hay ninguna necesidad de ponerle etiquetas a las personas…Ni creo que tú estés haciendo nada por merecerlas últimamente.
-Gracias.-Dijo con gesto incómodo.
-Para ella eres…Especial.
-¿Especial?-Preguntó el joven sorprendido.
-Sí. Especial.-Repitió el anciano dejando ver entre sus arrugas lo que parecía una ligera sonrisa.-Es la palabra con la que le gusta describirte. La palabra que por lo general utiliza cuando algo le resulta indefinible, indescifrable, fuera de lo normal o de a lo que está normalmente acostumbrada. Lo cierto es que "especial" no quiere decir absolutamente nada, pero si es hora de sincerarse y admitir lo que pasa, para ella quiere decir que lo tienes todo. Especial radica en la necesidad de ponerle un nombre a lo desconocido, y en el hecho de que a veces le cuesta entender todas y cada una de tus puñeteras actitudes. Especial significa en su mundo, en su idioma: “Está loco, es lo más cuerdo que existe, se acerca, se aleja, me echa en falta, ni me recuerda, soy lo que quiere, habla de tantas...cree que me tiene, teme no tener nada.” Pero hay algo que está claro que sí tienes. Tienes la maravillosa habilidad de hacerla sentir. Le haces sentir, y esa sí que es la más clara influencia que generas sobre su persona. Y en ocasiones se siente idiota, manipulada, lejos de ser por momentos esa persona inteligente que creía ser, y que de hecho es, ni nada que se le parezca. Y su centro, su equilibrio, su razón, sus pilares...transitoriamente todo declina, todo se va, se esfuma. ¿Qué es lo que te pasa entonces, muchacho?
-No me pasa nada.-Susurró él, sin saber qué contestar. El anciano negó con la cabeza.
-Respuesta no acertada. Sí pasa. Pasa que como todos, tienes derecho a tener miedo, y a equivocarte. Somos humanos, cometemos errores, repetidos y frustrantes. Pero para ella tú eres, indiscutiblemente, alguien especial.
martes, 23 de junio de 2015
martes, 2 de junio de 2015
A punto.
Cada mañana de domingo, cuando despiertas abrazada a un hueco vacío, cuando amaneces y sientes que no hay nadie al otro lado de la cama, aunque lo haya, te encuentras queriendo huir sin saber por qué. Y no sabes por qué hasta que llega algo capaz de llenar ese hueco y acabar con una soledad que aunque te cueste admitirlo muchas veces no fue buena compañera. Es entonces cuando entiendes, que ningún viaje fugaz entre unas piernas te dará eso que buscas. Porque el que ha sentido alguna vez sabe que el amor es algo más que decir "te quiero" antes de sentirlo o caminar por la calle cogida de la mano y sentir que caminas sola. Que antes de todo eso el amor necesita de unos ojos, de una mirada, de una sonrisa donde poder quedarse a vivir cuando uno quiera. Hace poco leí en alguna parte, eso de que es bueno tener sonrisas a punto, guardadas en esos domingos llenos de vacío, por si aparece el beso que añorabas o vuelves a dormir una noche en la que tus sueños dejan de convertirse en pesadillas, porque sientes que hay alguien a tu lado que se encarga de matar a tus monstruos y fantasmas. Es bueno tener también abrazos a punto, para fundirte entre las sábanas rodeada de un cuerpo que no es el tuyo, y brindar con las mejillas enrojecidas por el primer sol de este verano que amenaza con traer las mejores madrugadas en vela que puedas imaginarte. Es bueno tener a punto la capacidad de sorprenderte, de enamorarte como la primera vez, para dejarte llevar por lo que sientes y capturar paisajes que no desaparecerán nunca más de tus retinas. Y sí, es bueno tener sonrisas a punto, por si algún día en lugar de follar vuelves a hacer el amor como si el mundo fuese a terminar mañana mismo y el tiempo se detuviera en el instante en el que sus labios, sus ojos, su cuerpo y hasta su alma se pierdan entre los tuyos. Es bueno tener sonrisas a punto, caricias a punto, abrazos a punto, besos a punto. Palabras para decirle de las que salen del corazón. Silencios para mirarle dentro y sentir que te bañarías en él aún cuando el agua esté helada, y que podrías vivir en esa playa tendida desnuda sobre su arena durante el resto de tu vida.
lunes, 25 de mayo de 2015
Tinta de domingo.
Hay noches en las que detendría el tiempo indefinidamente y días enteros que viviría dos veces. Días de esos en los que uno vuelve a creer en que las mariposas pueden revolotear dentro del estómago, en los que esta ciudad no parece tan oscura los domingos por la tarde, en los que la canción que suena a nosotros es mi nueva canción favorita. Que su culo y su voz y su cara, la forma en la que se mueve cuando camina y la manera en la que me mira, sonríe y me abraza, son cosas con las que sueño de vez en cuando y me resisto a despertar. Imagino que hoy en día estamos reduciendo el expresar lo que uno siente a escribir verdades por pantallas o a disimular sin que se nos note en los ojos la certeza, pero os juro que en su boca hay un paisaje que sólo ven mis ojos. Que cuando se calla, y le miro, y no se da ni cuenta, siento como si fuésemos el más perfecto de los atardeceres. Que cuando hacemos el amor la poesía nos envidia, que sólo él sabe bailarme los silencios, que huele bien hasta cuando sólo huele a sueño. Y que cuando me besa, en uno solo de sus besos, en lo que dura cualquiera de ellos, parece que todos los relojes de arena del mundo explotaran en mil pedazos y detuvieran el tiempo. Y aunque en cuestión de segundos las agujas vuelvan a retomar su marcha, en ese instante, siento que podría vivir en ese beso durante el resto de mi vida.
lunes, 18 de mayo de 2015
Amor y otras drogas.
La mejor forma de impedir que alguien te cause dolor es no dejar que tu corazón sepa de su existencia. Si sientes que ya es demasiado tarde, es porque algo sientes...y ante eso no hay marcha atrás. Al final sentir, estar dispuesto a que llegue el momento en el que ames a alguien, es como darle la posibilidad de destruirte, confiando ciega y desesperadamente en que no lo haga. Por eso me preocupa la gente que dice que lleva tiempo buscando el amor, como si el amor estuviera por ahí correteando de un lado al otro de la calle o escondido en un rincón. Como si existiera un amor empaquetado, un producto diseñado que adorna un escaparate o que compras en el supermercado. Se creen el cuento del amor prefabricado que nos venden en las películas de los domingos por la tarde, o que nos cantan en las canciones que suenan a todas horas en la radio. Uno no busca el amor, uno lo construye, poco a poco, con tiempo y con cuidado, sin prisas, sin agobios, incluso en el momento más inesperado. Uno no busca el amor...es el amor el que le encuentra a él.
viernes, 15 de mayo de 2015
Mi canción favorita.
Últimamente estar contigo es como cerrar los ojos mientras suena tu canción favorita. Esa canción que en determinados versos te pone los pelos de punta, en otros te roba una sonrisa...y en otros se escucha el silencio, y todo se queda en calma. Hay días que me descubro a mi misma contando las horas que faltan para volver a verte, como quien cuenta el tempo marcando una partitura y le pueden las ganas por llegar al estribillo. Hay noches en las que no puedo dormir, observo el lado vacío de mi cama, e imagino lo que te diría al oído si te tuviera entre mis sábanas. Imagino lo que te haría, si te tuviera entre ellas. Me encanta sentir tu cuerpo junto al mío, sentir tu olor, y tu piel, dejar que me uses de instrumento para hacer sonar esa canción mientras compones melodías que se deslizan entre suspiros, mientras mis manos acompañan el ritmo recorriéndote la espalda, y mis uñas desabrochan en ella tormentas que derramar sobre la cama. Te tarareo sin querer, cada vez más a menudo y sin poder evitar sonreír cuando intento averiguar cuáles serán las notas que haces sonar para que desde que estás en mi vida me resulte más sencillo ser feliz. Hay veces que me tocas y hasta tiemblo, y cuando me besas...es en ese momento, cuando me besas, cuando cierro los ojos y la escucho dentro de mí, cuando siento que mi canción favorita no es otra que la tuya...cuando siento que mi canción favorita, eres tú.
viernes, 8 de mayo de 2015
La playa.
Apareció en su vida de la misma manera en la que el mar se niega a abandonar la orilla, a pesar de la cantidad de veces que le obligan a alejarse. Y lo mejor fue que al igual que el mar, él siempre volvía. Volvía una y otra vez como las olas rompen contra las rocas sin importarles lo que se cruce en su camino, para explicarle que aunque dicen que las casualidades son difíciles de entender, ella las entendería el mismo día en el que sus labios se cruzaran con los suyos. ¿Habéis visto alguna vez el mar cuando anochece? Cuando el agua se vuelve reflejo de sus ojos, verde y marrón, oscura y clara al mismo tiempo, y el viento peina las olas sobre la arena. Le entraban escalofríos solo de pensar en sumergirse en el y recorrerlo entero, profundamente, inagotablemente. La noche en la que su boca decidió detenerse entre los dos besos que separaban sus mejillas, y explicarle sin palabras que la soledad no siempre es buena compañía, sintió como si la ola mas inmensa les hubiera envuelto, ocultándoles de todo cuanto les rodeaba, como si todos lo relojes de arena del mundo se hubieran roto en pedazos en aquella playa que surgía entre las sombras, bajo la luna. Desde entonces comenzó a encontrarse a sí misma sin querer desnudándole con su tinta y haciéndole el amor sobre el papel, pensando en lo sencillo y al mismo tiempo complicado que sería cualquier madrugada abrirse paso entre sus sábanas. Cerraba esos ojos tan ambiguos y no sentía más que dudas, pero de todas sus dudas, sin duda, él fue la mejor. "Quédate con quien te sigue mirando cuando tú cierras los ojos", le decía algo dentro, y no le quedó otra que admitir que el único y verdadero problema, era que él era su solución. Que no podía negar lo evidente, que hay deseos que no se cubren con miedos ni mentiras...y que si cada uno decide dónde quiere estar en cada momento, ella quería permanecer en aquella playa...ella quería vivir en su sonrisa.
domingo, 3 de mayo de 2015
La más bonita de todas.
Después de este pequeño puñado de años, durante los que decidiste compartir tu vida conmigo,o más bien vivir para mí más que para tí misma, me he dado cuenta de que últimamente repito demasiadas veces el “hoy no, otro día” y el “ahora no puedo”. Que me he apoyado mucho en el “dentro de un tiempo” y que he pensado con demasiada frecuencia en el “no es el momento ”. Y como si hay algo que he aprendido de todo esto es, que puede que no haya "luego", que los "ahora no puedo" pueden repetirse con facilidad, que los "ya lo haré" se quedan en listas de espera que recuperamos cuando ya es tarde, y que los "no tengo tiempo" son incontrolables porque siempre acaba por suceder algo inesperado, quería darte las gracias, Mamá. Gracias por aguantar que no sea capaz de mantener limpio y ordenado el caos de mi habitación, por aguantar eso que yo llamo mi propio orden, que como ambas sabemos la mayoría de las veces sigue sin parecerse al tuyo. Gracias por no cortarme las alas, por dejarme montar castillos de arena en el aire de esos que muchas veces se disipan cuando el viento cambia y sopla en sentido contrario. Por tolerar mis tonterías y mis aires de mecomoelmundo, que a veces acaban en momentos de derrumbe de elmundomecomeami en los que tú siempre estás presente para animarme, sin un reproche ni uno de esos innecesarios y generalmente dolorosos "te lo dije". Por escuchar mis palabras pero sobre todo por escuchar mis silencios, por respetarlos, aún cuando no los entiendes. Sigo creyendo que hay cosas a las que les doy demasiadas vueltas, y tú sigues diciéndome que cuando algo no tiene solución no merece la pena preocuparse tanto, que la vida resulta más sencilla cuando aprendes a aceptar una disculpa que nunca recibiste. Que el éxito se basa en insistir, y en resistir, que si algo no me gusta siempre puedo cambiarlo por otra cosa, que pase lo que pase después de cumplir mis obligaciones recuerde cumplir mis sueños. Y que por encima de todas esas cosas, siempre, siempre confiarás en mí. Y sí, dicen que madre no hay más que una, pero cada día estoy más convencida de que a mí me ha tocado la más bonita de todas.
viernes, 1 de mayo de 2015
Vísteme de inspiración, que sin ella estoy desnuda.
Él. Todo él me gusta. Me gusta la forma en que sujeta su arpa entre mis piernas, me gusta cuando la toca. La manera en la que le arranca las notas y cómo cierra los ojos escuchando su música. Me gustan sus manos, y hasta el lunar que tiene en el dorso de su mano derecha. Y es que no me gustan los lunares, pero me perdería en su espalda contando los suyos, hasta acabar arañándola como quien hace sonar con pasión las cuerdas de una guitarra española. Su dulce y pícara sonrisa y sus labios, que me llaman desde lejos, acabando con la soledad que hace tiempo sentían los míos. Me encanta escucharle hablar, aunque a veces me quede ensimismada en él y no sepa de qué demonios habla. Adoro su voz, sus suspiros, la forma en la que pronuncia mi nombre y cómo ladea la lengua mientras sonríe y me mira de reojo. Me gusta cómo me abraza cuando estoy entre sus sábanas antes de quedarse dormido, me da tranquilidad, me genera confianza...me da paz. Me encanta acariciarle cuando tiene el pelo empapado en sudor, me encanta besar su cuello y aspirar su aroma, sentir su pecho abrazado al mío, sentirle dentro de mí. Sus piernas, su cuerpo, todo el, me vuelve loca su locura. Adoro cuando sonríe, me mira, y me lleva a la cama. Le haría el amor todo el tiempo, a todas las horas, en cualquier lugar. Y sé que no hay tiritas para algunas heridas, ni suficientes ojos bonitos en el mundo para olvidar que aunque quizás no lo sepa los suyos, sus ojos, tendrían permiso para quedarse en mis cicatrices el tiempo suficiente como para ver más allá de lo que yo nunca supe enseñar.Y sé que no es perfecto, que tiene sus defectos, sus manías, pero qué queréis que os diga...yo me siento más feliz cada vez que él me mira.
lunes, 27 de abril de 2015
Dulce introducción al caos.
Dicen que el mundo siempre prefiere que cambies tu caos, que lo controles, que lo corrijas, que lo ordenes o que lo disminuyas. Pero justamente eso es lo que te impide ser feliz. El ser humano necesita que le impacten, que le sorprendan, que pongan patas arriba todo lo que creía patas abajo y desmonten toda su estabilidad y coherencia. Conseguirlo no está al alcance de cualquiera, pero cuando algo es capaz de aparecer en tu vida en el momento menos oportuno, y quedarse, quizás tengas que admitir que los momentos menos oportunos pueden ser al mismo tiempo los más necesarios. Que el mirar atrás sólo te hace renunciar al presente. Que cuando algo encaja en tu caos, da igual cuál sea el momento en el que se haya cruzado en tu camino. Si te hace feliz, merece la pena dejarse llevar por el instinto, por sensaciones, por los impulsos. Si te hace feliz, merece la pena intentarlo.
viernes, 3 de abril de 2015
Abril entre líneas.
Dicen que toda historia tiene sus puntos y sus comas, que siempre hay puntos suspensivos antes de llegar al punto final, pero el corrector ortográfico que trabaja para la editorial siempre me llama la atención por abusar de ellos...dice que lo importante, es saber dónde y cuándo colocarlos. Me pregunto entonces dónde y cuándo se pone ese punto en el que no sabes si necesitas un abrazo, un beso, cuatro polvos, o dos hostias. Ese absurdo e indeterminado punto. Ese. En el que las manecillas del reloj parecen estancarse mientras el péndulo sube, y baja, y sube, y baja, y no hay manera de hacerlas avanzar pero tampoco puedes hacer que giren hacia atrás. Y te quedas plantado ahí, junto a la puerta, pensando en si llegará el día en el que te atrevas a cruzarla. Y sí, de momento no tienes ninguna intención de entrar en un lugar del que no te asegures poder salir cuando a ti te de la gana, pero cuando te preguntan dónde te duele, no hay dudas. Le señalas a él. Y es ahí, desde ese punto, desde ese instante, desde donde le deseas suerte. Esperas que tenga salud. Que sea fuerte. Esperas que no se conforme, que sea valiente. Que la vida le de motivos para levantarse cada mañana con una sonrisa, y que cuando no se los de lo haga igualmente. Esto último lo esperas especialmente, porque tiene una sonrisa preciosa. Esperas que sea feliz. Pero sobre todo, esperas que lo que sea que está buscando, sea mejor que lo que está perdiendo.
viernes, 20 de marzo de 2015
Pinceladas para un futuro manifiesto.
No obligues a nadie a quererte, mejor déjale ir. Porque para que tu corazón salude a la persona correcta antes debe despedir a la persona equivocada. Ignoramos a quien nos quiere, queremos a quien nos ignora, herimos a quien nos ama y amamos a quien nos hiere. Pero quien insiste en quedarse, es quien realmente quiere formar parte de tu vida. Ama a la persona que te vio cuando eras invisible para el resto, en lugar de hacer caso a quien te considera la persona correcta que conoció en el momento equivocado, porque no se puede vivir de la esperanza eternamente. El tiempo te va demostrando quienes merecen la pena y quienes no, quien no te busca, no te extraña, y quien no te extraña, no te quiere. Cuando estás abajo, sabes realmente quiénes son tus amigos, cuando estás arriba, tus amigos son los que saben quién eres. Por eso vive la vida como tú quieras vivirla, no como los demás pretendan que la vivas. Vive sin dar tantas explicaciones. Quien te quiere bien, no las necesita, quien te quiere mal, no las cree. Y quien no está a la altura, simplemente no las entiende...Ni las merece. Y sobre todas estas cosas, aprende a apreciar lo que tienes, antes de que el tiempo te enseñe a valorar lo que tuviste.
lunes, 16 de marzo de 2015
Prólogo del diario de un infiel.
Las buenas historias no siempre tienen por qué hacernos felices. A veces nos hacen olvidar que no lo somos, y otras, simplemente nos lo recuerdan. Esta es una de esas historias, escrita a partir de uno de esos recuerdos...si es que ese tipo de polvo puede calificarse como recuerdo, claro. Sí, polvo, esos que tienen que ver con el sexo, tampoco hay que escandalizarse. Esos de los de ‘sin querer’, pero queriendo, y que la única forma de evitarlos es dejando de hacer el gilipollas, y desapareciendo. No generando conversaciones que sabes de antemano cómo acabarán. No bebiendo una copa más, y otra, y otra, después de la de "una y me marcho". No metiéndose en la misma habitación y acostándose en la misma cama. No desnudándose delante del otro esperando que mire para otro lado, y le deje ponerse un pijama así sin más, como si nada. Pero tampoco como ninguno de los dos esperábamos, porque lo esperábamos, yo sé que lo hacíamos, aunque no así. Hay que joderse. Joderse y escribir, porque al fin y al cabo en aquella habitación con olor a sexo, alcohol, perfume y tabaco se juntaron un par de historias que nada tenían que ver...aparentemente. Ella era de las que quería follar para desaprender a amar, y aún así sería capaz de enamorarse de mí, si le dejara. Y yo era de los que hablaban de amor constantemente, y podría enamorarme de ella...pero no dejaba de pensar en follar. Sé que puedo resultar soez, que estarán pensando que soy un auténtico cerdo, pero tenían que ver cómo sujeta las copas mientras sonríe, como baila, cómo habla...cómo respira. Entiéndanme, con ese cuerpo, ese olor, esa mirada...definitivamente, ese cuerpo...no podía pensar en otra cosa. Y sí, realmente no estuvo bien lo que hicimos. No estuvo bien en sí, la mierda emocional, moral y todo eso me da exactamente igual. No estuvo bien porque nos moríamos de ganas y nos quedamos con ellas. Quizás sea demasiado joven para juzgarnos, demasiado inmaduro...o demasiado poco buena persona. No lo sé. Pero confío en que llegue el día en el que nos sonriamos al vernos sin necesidad de fingir esa sonrisa. El caso es que para contar esta historia es mejor empezar por donde todo el mundo empieza, por el principio. Pero antes de nada hay algo que me gustaría decir: Necesítense. Necesítense y satisfagan ese impulso. Hagan lo que sientan en el momento, aunque esté mal, y lo más importante: Aprendan a dejarse llevar por lo que sienten. Aprendan a no pensar mientras lo hacen.
miércoles, 11 de marzo de 2015
La sonrisa de Lúa en Madrid.
Habéis sido varios los que me habéis preguntado, lo cual me alegra enormemente...Para aquellos que estén interesados en comprar La sonrisa de Lúa en la capital, o cualquiera de mis otras dos novelas, podréis encontrarlas en las siguientes librerías:
Librería Aurea, c/ Almansa 3, Metro Cuatro Caminos. Tfno: 91 5335818
Librería de la Biblioteca Nacional, en la entrada a las exposiciones hay una librería, Metro Colón.
Librería Kiriku y la bruja, Calle Rafael Salazar Alonso, 17, Metro Sainz de Baranda Tfno.: 91 574 41 28
Librería de la Biblioteca Nacional, en la entrada a las exposiciones hay una librería, Metro Colón.
Librería Kiriku y la bruja, Calle Rafael Salazar Alonso, 17, Metro Sainz de Baranda Tfno.: 91 574 41 28
¡¡Muchas gracias por vuestro interés!! Espero y confío en que os gustará...
lunes, 9 de marzo de 2015
viernes, 6 de marzo de 2015
Bienvenido, Marzo. Marzo entre líneas.
No importa cómo de largo sea el camino, porque al final te das cuenta de que lo esencial es invisible a los ojos, de que los pequeños detalles siempre marcan la diferencia. Las conversaciones hasta las dos de la mañana, los cigarros a medias, las sonrisas espontáneas, las fotos que te roban una sonrisa de idiota al recordar el momento en el que fueron hechas. Los mensajes que prefieres borrar porque te revuelven algo dentro, poniéndote el alma patas arriba hasta cuestionarte por qué hiciste las cosas de una manera o de otra. Esos secretos que nadie más conoce, una caricia, un beso, un abrazo, un piropo dicho así sin más, de manera natural como lo primero que pasa por la cabeza, en el momento menos esperado...y al mismo tiempo más afortunado. Una voz, un gesto, una mirada. Un cortado que te tomas sola pensando en quién se lo tomó contigo la última vez, en ese mismo lugar. Al final son las cosas diminutas, las que con el tiempo, provocan emociones gigantescas. Así eres tú. Eres como una primavera que siempre llega en pleno invierno. Un lugar para refugiarse de los problemas, un soplo de aire fresco que viene y se va provocando el caos. Eres como el sol que resurge después de una tormenta o el café con leche recién hecho cuando los párpados se caen solos. Eres color, eres vida, eres pasión. Eres sonrisas, aunque a veces provoques lágrimas. Pero lo más importante de todo es, que eres casualidad. Eres de esas casualidades que llegan para recordarme cómo la vida puede ponernos en situaciones que somos incapaces de controlar. Cómo tiene la capacidad de rompernos todos nuestros esquemas sin ni siquiera preguntarnos, haciéndonos sentir felicidad y tristeza al mismo tiempo, enfrentando nuestros sentimientos hasta no saber qué decir, ni cómo reaccionar. Y nos enseña que lo que realmente nosotros llamamos casualidades no son mas que una serie de sucesos impredecibles que poco a poco van adquiriendo un sentido. Y yo ya tengo el mío. No importa lo que venga después, ni lo que vino antes, ni lo que está viniendo ahora mismo. Si de las mil casualidades que me ha tocado vivir tuviera que elegir una, sin duda, me quedo con la tuya. Sin duda, me quedo contigo.
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