Dicen que después de la tormenta siempre llega la calma...y así es. ¿Sabes una cosa? Te mereces pasarle a las cosas buenas. Por eso nunca quieras a quien te quiera, como si tuvieses miedo de no encontrar a otra persona a la que ames. Quiere a quien tenga miedo de quererte, porque seguramente acabe amándote más que nadie en este mundo. No te conformes con lo fácil, que lo difícil también se intenta. Y se consigue. Nunca dejes de creer en la magia, esa que lo hace todo jodidamente irracional e irrepetible, que te hace cometer locuras y enamorarte de la vida y de todo aquello que te hace feliz. Aprende a disfrutar de los buenos recuerdos, no te tortures con ellos, porque son un tesoro que nada ni nadie podrá arrebatarte. El corazón del ser humano es un lugar demasiado complejo como para pretender entender lo que sucede en su interior. Un lugar donde el tiempo, la razón y la cordura no existen. Por eso si algún día decides luchar por ese algo que no sabes cómo explicar que te nace de ahí adentro, no lo hagas cuando pienses que es lo oportuno. Hazlo cuando sientas que vale la pena, aunque el momento sea el menos oportuno de todos. Y habrá ocasiones en las que podrás equivocarte, pero cuando te des cuenta de que escogiste el camino incorrecto, darás media vuelta entendiendo que lo importante no era el final, sino el transcurso del viaje, y que aquel camino, aún resultando no ser el definitivo, tenia unas vistas preciosas. Haz caso de tus impulsos, y mantén siempre la esperanza de que no todo puede salirnos mal si aprendemos de nuestros errores, de que las segundas oportunidades existen, de que a la tercera, a la séptima o a la mil una vendrá la vencida, de que la vida te tendrá guardado algo bueno tras los malos golpes. Así que sal ahí fuera, cómete el mundo a bocados, recorre los caminos que te hagan falta hasta encontrar el que tu corazón verdaderamente desea. Siente tus pies golpeando la tierra firme, siente la brisa acariciándote la cara con dulzura. Siente, no temas. Ten paciencia. Espera a que el destino te conceda lo que quieres, porque tarde o temprano Marzo llegará y traerá consigo la primavera más bonita de todas. Y llénate. Llénate de la belleza que te rodea. Abraza, besa, baila, grita con todas tus fuerzas, deja que la lluvia penetre hasta el último poro de tu piel empapándote hasta los huesos...y simplemente, VIVE.
lunes, 19 de enero de 2015
lunes, 12 de enero de 2015
La idiota es ella.
No seas idiota. Levántate de ese sofá y sal a la calle. Sal corriendo sin perder el tiempo en buscar las llaves. Para qué. No las necesitas. Coge la cartera, y corre. Plántate en la estación y coge el primer tren que salga hacia donde te dice el corazón. ‘Qué le digo’, ‘Qué hago’, ‘No tendría que haber dicho eso’, ‘Tendría que haber hecho las cosas de otra manera’...Quítate esos pensamientos de la cabeza, no sirven, no pagarás ni un solo billete con ellos. Son sólo calderilla para echar a la gorra del primer mendigo que encuentres junto al andén. Siéntate y pon los pies en el asiento de en frente hasta que el revisor te llame la atención, escucha esa canción que sin querer te recuerda a ella, quédate dormido hasta que tu cabeza caiga sobre el desconocido de al lado y te haga pasar ese incómodo y embarazoso momento al despertar. Espera a que se abran las puertas y vuelve, vuelve a correr sin detenerte. Sortea a la gente, ábrete paso entre la multitud, empújala si hace falta, que se jodan, ellos no tienen tus ganas, ellos están muertos por dentro. Qué sabrá toda esa gente de los sentimientos...qué sabrá toda esa gente de buscar el amor. Espérala en el portal, o mejor aún, llama a todos los timbres hasta que escuches su voz. Su dulce y seductora voz. Empuja la puerta, sube las escaleras de dos en dos, que las segundas oportunidades a veces merecen la pena. Tropiézate si hace falta, que ya te levantarás. Ahí está. Mirándote con su moño despeinado y su camiseta de estar por casa, atónita, perpleja...preciosa. Cógele la cara con las manos y cómele la boca. Cómesela como si llevases meses sin desayunar. Con ella. Eso es lo que ella sueña con que harás algún día. Pero lo que haces es muy diferente. Te quedaste mirando esa pantalla del móvil, esas conversaciones en las que decías todo sin decir nada, y no decías nada, diciéndolo todo. Borraste su historial. No arriesgaste, y sigues sin arriesgar. Quien no arriesga no gana, y tu decidiste perder. Tú no buscas nada, aunque en el fondo esperas que ella te encuentre. Y día tras día, ella espera que lo que sea que estés buscando, sea mejor que lo que estás perdiendo. Porque en el fondo, como casi siempre en estas historias, el que busca no eres tú, es ella. El que corre no eres tú, es ella. El que arriesga no eres tú, es ella....El idiota no eres tú. La idiota, es ella. La idiota siempre es ella.
Tinta de domingo.
Queremos decir tanto, que terminamos no diciendo nada. Ahogamos nuestros sentimientos en nuestros propios labios creyendo que no hay forma de cambiar la realidad que estamos viviendo. Nuestra realidad. Hay dudas que con el tiempo forman ríos dentro de nosotros mismos, y a veces acaban desbordando...pero cuando pasa la tormenta y el viento deja de revolvernos los sentimientos seguimos acomodándonos a la rutina de siempre. Nos acostumbramos, nos conformamos. Empiezas a pensar que ese peso que te acompaña se irá haciendo cada vez más liviano, hasta que algún día te levantes por la mañana y no lo sientas, te dejará dormir tranquilo...pero ahora dime si los barcos pueden llegar al destino deseado sin un capitán que durante un tiempo pase las noches en vela. Tu rutina, tu vida, necesita tu ayuda para tomar el rumbo adecuado, tú eres el capitán y debes guiarla, debes vivirla, porque de lo contrario tu destino se escribirá con la tinta equivocada. Así que empieza a sellar tus labios con momentos y no con remordimientos, sin ningún tipo de arrepentimiento. Navega sin miedo. Busca tu sitio, y no temas por caerte en alta mar, que tarde o temprano la persona que esperas saltará a por ti para ayudarte a subir de nuevo junto al timón. Busca tu tierra firme, allá donde pises fuerte sin necesidad de echar el ancla. Busca tu felicidad. Echa mano de la brújula que tienes dentro, y busca, porque si no tu vida será eso que sucede mientras te ahogas en tus propios ríos, como un barco que navega hacia una dirección que ya no existe. Y no hay nada más triste y cobarde que navegar contra la corriente que uno siente.
miércoles, 7 de enero de 2015
Miércoles con sabor a Domingo.
Hoy es una de esas noches en las que aunque la inspiración no llame a la puerta el señor de nombre Plazo y apellido Límite te fuerza a ponerte el gorro y la bufanda y salir en su busca. Dicen que los días grises son más libres porque no te obligan a ser feliz, pero te encadenan a la ambigüedad de no saber dónde ni cómo definirte. La renuencia a reconocer los errores que uno comete es como abrazar un cactus y preguntarte rato después por qué sangras. Y lo malo no es tropezar. Lo malo es que te guste la piedra. Pero si intentáramos mirar en el interior de la otra persona y entender los desafíos a los que cada uno se enfrenta a diario, antes de sentarle en el banco de los acusados en un juicio de moral, creo que nos trataríamos los unos a los otros con más paciencia, tolerancia, respeto y cuidado. Por eso vive la vida como tú quieras vivirla, no como los demás pretendan que la vivas. No hagas caso de las críticas destructivas, ni del desgastado "qué dirán". No te dejes aconsejar por quienes te envidian, por quienes no buscan tu bien, sino alcanzar a través de ti su propia gloria. Enamórate de la persona equivocada, desenamórate, vuélvete a enamorar una y mil veces de todo aquello que te haga feliz. Toma decisiones, sé valiente. Déjate llevar, piensa menos, y siente más. Tropieza, equivócate, y levántate de nuevo para demostrarle a todo el mundo que puedes con lo que venga, pero sobre todo para demostrártelo a ti mismo. Y pase lo que pase, venga lo que venga, sonríe, porque la ilusión nunca se lesiona. Sonríe siempre. Que si sonríes, prometo no interrumpirte...aunque me muera de ganas por comerte la boca.
martes, 6 de enero de 2015
lunes, 22 de diciembre de 2014
Tinta de domingo.
Esperanza: Estado de ánimo en el cual se nos presenta como posible lo que deseamos.
Frustración: Sentimiento generado tras dejar sin efecto un propósito contra la intención de quien procura realizarlo. O dicho de otra manera...Lo que se siente cuando la pierdes.
Y en contra de lo que uno espera...las finales, no sólo se juegan. Las finales, también se pierden.
Frustración: Sentimiento generado tras dejar sin efecto un propósito contra la intención de quien procura realizarlo. O dicho de otra manera...Lo que se siente cuando la pierdes.
Y en contra de lo que uno espera...las finales, no sólo se juegan. Las finales, también se pierden.
domingo, 21 de diciembre de 2014
Amor y otras drogas.
Todos esos, que tanto dicen quererse, que se llenan la boca de esas siete letras que tan poco ocupan, y tanto significan. Todos esos ignorantes que desgastan la palabra osadamente, todos ellos, no tienen ni la menor idea de lo que significa. No saben lo jodidamente difícil que es querer. Pero querer de verdad, no a medias tintas, ni de boquilla, no querer a ratos, o a temporadas. Querer como estado natural, como sentimiento puro e íntegro que un día tenace dentro y no hay manera de controlarlo. Querer es como coger aire y colmarte por dentro, y al expulsarlo sentirte llena de vida, de energía, plena. Querer es sentir cómo todas las conexiones neuronales dejan de funcionar de golpe cada vez que te abraza o te besa, o simplemente cada vez que le sientes cerca. Querer es sonreír sin motivo aparente, es pensar en la otra persona antes que en uno mismo. El problema viene cuando uno quiere, y deja de ser querido. Eso es algo que aunque te lo contaran en la mejor novela de la historia o en la mejor película del mundo, no serías capaz de entenderlo si no lo has sentido antes. Si no has sentido ese dolor incontrolable en el pecho, que parece que se te va a salir algo muy fuerte de dentro, atravesándote el corazón de lado a lado de un solo golpe. Y duele. Duele como si todos los huesos de tu cuerpo se retorcieran, haciéndote escuchar a tus entrañas crujir mientras respiras. Como amanecer desnudo en plena tormenta de verano y sentir las gotas de lluvia arañándote la piel, como un pitido ensordecedor que te penetra en los oídos a punto de reventarte los tímpanos, sin llegar a hacerlo. Como el ardor de las llamas de un incendio que te recorre el cuerpo y se detiene en el alma, regodeándose en las cenizas y esparciéndolas por todas partes, en todas las direcciones posibles. Como sumergirte en una bañera de hielos donde apenas puedes respirar, pero no te ahogas del todo. Y no te ahogas, porque morir de amor sería un final demasiado bonito para tanto dolor. Hasta que un día, de repente, dejas de sentir. La lluvia para, el hielo se derrite, el incendio se apaga, el pitido cesa. Y llega el silencio, llega la calma...llega la paz. Es entonces, y sólo entonces, cuando podrás permitirte el lujo de recordar. Y lo mejor de recordar una vez superado el sentimiento es, que puedes regresar cuando quieras, cuando a ti te de la gana, sin sufrir. Y nada ni nadie podrá arrebatarte eso.
lunes, 8 de diciembre de 2014
Miedo por dentro.
Hace poco leí en alguna parte, eso de que los días grises parecen más libres, porque no te obligan a ser feliz. Es por eso que a veces no estoy bien, pero sonrío. Es por eso que a veces me siento acojonadamente sola. Es por eso que intento romperme, aunque sólo pueda disolverme en lágrimas. Es por eso, por todas esas cosas que no se pueden contar. Cada domingo que quedo contigo, bailando restos de alcohol entre mis sábanas, cierro los ojos con la esperanza de que mañana suene el despertador, y al abrirlos de nuevo en la resaca, no te vayas. Y es que de todas mis dudas, sin duda, tú fuiste la mejor. Pero siempre tengo esa tonta necesidad de cargarme con mil cosas y llegar tarde a todas partes, soy impuntual por naturaleza, de pensamiento y de alma, qué le vamos a hacer. Siempre será hace una hora, una semana o un mes. Hace un minuto, o simplemente hace tan solo un segundo. Porque una vez más, llegué tarde, y una vez más, no pudo ser. Y aquí estoy, negándome a perderte, de la misma manera en la que el mar se niega a abandonar la orilla, a pesar de la cantidad de veces que le obligan a alejarse. Pero qué me decís de lo jodidamente bonito que resulta sentir que al final, a pesar de todo, en su resaca, las olas regresan a la orilla. Que sí, que todo viene, todo pasa, todo cambia...y todo vuelve. El reloj de mi alma siempre ha ido con retraso, y puede que llegase tarde algún día, pero te aseguro que llegué...y te aseguro: Volveré.
lunes, 1 de diciembre de 2014
Mum, I want a motorbike.
Cuando los primeros rallos de sol entraron por las
rendijas de la ventana de madera, Víctor comenzó a abrir los ojos lentamente.
Tomó aire, y sintió cómo ese olor inconfundible se adentraba en lo más profundo
de sus pulmones, colmándolos de oxígeno puro, de frescura, de vida. No había
duda: La primavera había llegado.
Víctor era un chico peculiar, de esos que a simple
vista no suelen pasar desapercibidos. Guapo, sí, pero no guapo de los de
portada de revista, no guapo vacío. Tenía algo especial en su mirada, algo que
sin conocerle despertaba curiosidad, despertaba interés en ese quéhabrámásallá.
Era uno de esos tipos con una sonrisa llena de hoyuelos, que cada vez que la
mostraba te daban ganas de sonreír a ti también. Había algo diferente en su
forma de caminar, en sus maneras, como si a su paso alguien fuera extendiendo
una alfombra roja y miles de flashes le deslumbran por el camino…y sin embargo
él no se diera cuenta. Su forma de vestir, y de desvestirse, aunque eso creo
que sólo me lo imagino, pero estoy segura de que tiene que ser así, tal cual lo
veo en mi cabeza. Y su voz. Su voz y su forma de hablar, su forma de
expresarse, daba tranquilidad, generaba confianza…generaba paz. La manera en la
que se revolvía el pelo, su pelo, despeinadamente peinado, sin orden ni
gobierno y ordenado al mismo tiempo. La música que escuchaba. Y sus manos. Sus
manos llenas de venas, y lo que era capaz de hacer con ellas. Sus ideas, su
creatividad, esa facilidad que tenía para crear un algo de la misma nada, esa
imaginación que le desbordaba por los poros de la piel y esa osadía que
mostraba ante la hoja en blanco. La inspiración que transmitía, la sensibilidad
que dejaba ver tras la armadura y la máscara, a veces. Su discreción, y su
engañosa timidez, que yo nunca me la creí, pero a veces no era capaz de
adivinar lo que escondía detrás de ella, lo que le pasaba por la cabeza. O por
el alma, que al fin y al cabo me interesaba más. Me importaba más. Así era Víctor,
un guapo con miga, que digo yo.
Aquella mañana se había levantado de buen humor.
Tras una ducha de agua fría y un par de tostadas acompañadas de un café recién
hecho, bajó al garaje en busca de su pequeña Vespa, para tomar rumbo hacia casa de su prima Nicole. Le costó
unos minutos conseguir que arrancara, pero tendía a darle esos sustos de vez en
cuando. Al final, siempre cedía ante sus encantos…o él ante los de ella.
Adoraba aquella moto. En realidad cualquiera, según él era cuestión de
sentirlo, quien lo ha sentido lo entiende y quien no seguramente no lo llegue a
entender nunca. La primera vez que montó en una moto tenía menos de cinco años.
Fue con el abuelo de su prima, y con ella. Nicole era un par de años mayor que
él, pero desde siempre Víctor había sentido cierto instinto protector hacia
ella. Para él era como una hermana pequeña. De aquella moto sólo recordaba ya
el color, rojo desgastado, el velocímetro analógico cuyos números apenas
lograba distinguir, y la lona negra llena de polvo que la recubría mientras
descansaba aparcada en el gallinero de la finca. No tenía constancia de cuánto
duró el paseo, imagina que porque a esas edades nunca se tiene constancia de
cuánto duran las cosas…lamentablemente ya se le había pasado. Ahora sabía medir
el tiempo, sentir que se le escapaba de las manos continuamente y cómo de vez
en cuando le daban ganas de pegarle una patada a todos los relojes de arena que
se encontraba en el camino. El caso es, sin irme por las ramas, que aquel paseo
fue realmente impactante para él. Sentir cómo el aire cálido de aquella tarde
de finales de Marzo golpeaba su cara, y cómo ese hormigueo extraño y
desconocido, que tiempo después descubrió que se llamaba
"adrenalina", recorría su cuerpo a esa velocidad, le hizo entrar en
un estado de plenitud desconocido para él hasta entonces.
Conforme fueron pasando los años, descubrió que
había otro aliciente que aunque también le resultaba agradable, mermaba un poco
esa sensación de libertad: Montar con su prima Nicole. Tener una moto propia
era una idea que le entusiasmaba, y que venía acompañada de algo desconocido
para él. Montar solo. Con ello se desvanecía la protección que desprendía el
que su prima le agarrase fuerte de la cintura, de sentir que esa sensación era
compartida con alguien más…aunque implicara tener que abrazar un hueco vacío.
Pero algo en su interior se lo pedía a gritos. Así que una tarde de finales de
verano, entro por la puerta de su casa directo hasta el salón, y sin si quiera
sentarse se plantó frente a su madre y le dijo con decisión: Mamá, quiero una
moto.
domingo, 30 de noviembre de 2014
jueves, 27 de noviembre de 2014
Con tinta de almas prestadas.
Dicen que de los peores sentimientos nacen los mejores textos, pero después de rachas solitarias y oscuras uno necesita estar enamorado para poder escribir. No tiene por qué ser de una persona, hay quien se enamora de un lugar, del trabajo, de un deporte o de su propia vida, pero siempre he pensado que uno es mejor persona cuando se enamora. O al menos, se siente así. Lo que está claro es, que uno necesita estar enamorado para escribir con su propia tinta, y no con la del alma de otros, porque de lo contrario sus líneas acabarán sonando frías, vacías, sin luz...sin magia. El ser humano es un ser complicado, no todo en él tiene por qué encajarnos. Hay hombres que me gustan para quererles, y otros me gustan para un rato, para viajar a Roma durante unas horas entre sus piernas. Otros me gustan para hablar, para que me escuchen, y escucharles, otros para abrazarles, y que me abracen, para que me hagan sentir pequeña, y a la vez grande. Otros me gustan simplemente para verles sonreír, para perderme en sus hoyuelos y contar los dientes que separan sus labios de mis besos. Hay hombres que me gustan, y luego estás tú. Ven. Ven y déjame ver si en tus ojos se refleja que tienes los sueños vueltos del revés como los míos. Ven, estréllate contra mi cuerpo, córtame en pedazos y llévatelos, arrójalos cerca de aquel lugar donde nos veíamos cuando solíamos gritar en silencio nuestros sentimientos. Que sí, que hay hombres que me gustan, pero tú...tú me gustas para todo.
lunes, 24 de noviembre de 2014
Un hombre hecho de lluvia.
Quiero un hombre hecho de lluvia. Un hombre que me moje, que me haga ver el arcoiris en los días sin nubes, para bailar bajo él toda la noche y ver el sol más brillante en lo alto del cielo por la mañana, cuando ya no esté entre mis sábanas. Un hombre que me empape de vida con su sonrisa, que sea capaz de calarme hasta los huesos, que me deje temblando y pensando en qué es lo que ha pasado, que se escurra en mi mente sin avisar. Que sea sorprendentemente incontrolable. Que me refresque en la noches calurosas de verano y me bese bajo su paraguas en las frías noches de invierno. Que sea un torrente de emociones, que sienta, que su impulsividad cree vida a mi alrededor. Pero sé que debo tener cuidado, porque la lluvia es delicada. Dicen que jugar con fuego es arriesgado, pero eso sólo sirve para quien nunca ha jugado con agua. Jugar con agua es completamente impredecible. Lo que parecía una pequeña tormenta de verano puede llegar a convertirse en un monzón que arrasa con todo, es imposible poner barreras ante ello. Si quiere, puede hacer crecer la primavera en el colchón de tu cama, pero también puede devastar, asolar, arramblar, no dejar piedra sobre piedra, ahogarte en un mar de dudas. Y aún así, yo quiero un hombre hecho de lluvia. Y es que seguramente sean los únicos capaces de quitarte la sed en medio del desierto, aunque después de uno de ellos no te queden ganas de acercarte a ningún otro por miedo a volver a sentir esa sensación de que te inundan los pulmones sólo con su mirada. Pero llegados a este punto, me pregunto yo...¿No merece la pena sufrir la neumonía provocada por el agua helada, antes que pasarte toda la vida en seco? Como dijo François Ozon en la película Dans La Maison...Ni siquiera la lluvia, puede bailar descalza.
martes, 18 de noviembre de 2014
Vulnerable.
El diccionario de la Real Academia Española define el término "vulnerable" como aquello que puede ser herido, física o moralmente. Hay quien considera equivocadamente que vulnerable es sinónimo de débil, pero cualquier ser humano, en condición de sentir, debe ser, en determinados momentos, vulnerable. Decía un proverbio chino que cuando
soplan vientos de cambio, algunos construyen muros, mientras que otros
construyen molinos. Levantarse cada
mañana con una actitud optimista para lo que sea que nos depare la vida puede
que sea la mejor opción para afrontar lo que tenga que venir, pero de vez en
cuando uno necesita darse un margen. Al fin y al cabo, es complicado construir
molinos si sólo disponemos de ladrillos y cemento, en cuyo caso los muros siempre
son la mejor opción para el alma. Uno
necesita su trocito de soledad y de aislamiento de vez en cuando, tarde o temprano
acabará llegando alguien dispuesto a ayudarte con el material que te falta. Te
observará durante un tiempo, hasta que sea capaz de trepar, asomarse a tu
muralla, y saltar. Puedes juzgar a la gente por lo que hacen cuando nadie les
mira. Cuando creen, que nadie les mira. Ayer te vi, aunque tú no lo sepas. Te vi, escuché en la distancia cómo te
llamaban, y el cielo gris se volvió azul
de repente. Las nubes se disiparon de golpe como el humo de uno de esos trucos de magia
que tanto nos gusta pensar que son verdad, y dieron paso al sol más reluciente
de este Otoño gris. Entonces me sentí feliz, porque supe que aún siento. Da
igual qué, pero siento. Sé que siento, porque al verte, al escuchar tu nombre,
necesito sujetarme el corazón. Y no se trata de una necesidad física, pero te
juro que la sensación de que el alma se me revolvía por dentro y se me iba a
escapar por los poros de la piel no me la invento. Fue entonces cuando volví a
entender eso de que no somos fríos por la ausencia de sentimientos, sino por la
abundancia de decepciones. Y lo
difícil que es explicarle a alguien que
puede ser todo para ti cuando piensa que no tiene nada que ofrecerte. Porque
somos así. Cuando estamos rozando el cielo en la cumbre más alta de la montaña,
va, y se nos antoja el mar. Yo me perdí entre
los besos que decían que nunca te irías, justo antes de que tu cogieras ese
tren hacia ninguna parte y yo me mudara de piel el corazón. Me fui, sin carta de despedida, sin discusión
de medianoche, sin punto y final de los finales de los que habla Sabina. Me
fui, pero no me he ido. La impuntualidad siempre ha sido uno de nuestros
defectos favoritos, y tal vez llegue tarde algún día…pero te aseguro: Llegaré.
lunes, 17 de noviembre de 2014
Tinta de domingo.
Miro a un punto fijo intermitente al tiempo que escucho el sonido de la cucharilla contra el tazón. Giran y giran círculos de espuma en el café junto a restos de cereal y chocolate, y yo me dejo derretir junto al balcón de la cocina. Tic tac, suena el reloj en la pared, como todos los días, ese que activa el piloto automático que apaga mi alma, me conecta la cabeza al mundo...Y dejo de hacerme preguntas. Pero justo hasta ese momento, me pregunto tantas cosas que nunca me da tiempo a responderme. Me pregunto, entre otras, por qué me despierto algunas mañanas y lo primero que hago es pensar en ti. Por qué se me revuelve algo dentro cada vez que escucho tu nombre en algún lugar, incluso cuando esas dos sílabas llenas de letras se refieren a otra persona. Por qué entro de puntillas en las redes sociales como quien entra a escondidas a una habitación a oscuras en busca de algo que un día olvidó. Por qué borré tus fotografías, si se me agarran a las retinas día sí día también. Por qué hago ver que no las veo, si no me hace falta ni mirarlas, si ya me las sé de memoria. Por qué salgo por las noches como si nada, como si jamás te hubiese conocido...Y por qué les acabo pidiendo a otros que hagan de ti. Que les gusten tus mismas cosas. Que sonrían como lo hacías tú. Por qué les comparo siempre contigo. Qué culpa tendrán ellos de no saber que me exististe, de no poder acabar este final. Por qué me he cansado de trucos de magia, por qué ya no me apetece jugar. A la mierda la lotería. Quiero que me toques tú.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Infinitos millones de montones de GRACIAS.
Dicen que la esencia de una persona se puede medir por la calidad humana de la gente que le rodea, y de sus amigos, pero en mi caso creo que no existe ningún aparato de medida con la capacidad suficiente para ello. Nunca me ha gustado mucho la fecha de mi cumpleaños, pero alguien especial me dijo hace unos meses que es bueno celebrar que ha pasado un año más, y seguimos bien. Después del día de ayer no me queda más remedio que darle la razón. No encuentro ni encontraré, por muchas horas que me pase delante de la pantalla del ordenador, las palabras adecuadas que describan lo agradecida y afortunada que me siento de que de una u otra manera forméis parte de mi vida. Gracias a los que estuvisteis, porque me hicisteis reír, y mucho más difícil aún, llorar, y también a los que no pudisteis estar, porque la ausencia también se valora, y se siente. Gracias a los que me felicitasteis siete veces, a los que lo hicisteis una, y a los que os habéis acordado hoy, porque más vale tarde que nunca. Gracias a los que me llamasteis, porque aunque no me guste el teléfono hay voces que de vez en cuando necesito escuchar. A los que me escribisteis media línea, dos o veinte, porque es muy gratificante que por un día sean los demás los que escriben para ti. Porque gracias a vosotros voy cogiéndole el puntillo a esto de cumplir años, y porque de vez en cuando, sienta genial decirle a los tuyos que les quieres. Sé que se me de fatal estrujar el alma y sacar todo el jugo para fuera, pero aunque nunca os lo diga, os quiero mucho.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
