El mejor profesor que tuve durante mi época universitaria fue sin duda Sergio Lerena. De él aprendí muchísimas cosas, además de que no se le pueden tirar los trastos a un recién nombrado catedrático de física cuántica con la intención de que te apruebe la asignatura, y mucho menos enamorarte de él para luego rechazar su proposición de matrimonio en dos ocasiones, y dejarle ir. El caso es que dejando a un lado lo insultantemente atractivo que me resultaba, y los maravillosos recuerdos del posiblemente mejor sexo que he tenido hasta la fecha (llámenlo magia, arte, o como quieran, pero sin ánimo de resultar soez, lo que ese hombre era capaz de hacer con sus manos, su lengua, y todo lo demás es algo que no se contempla dentro de lasa descripciones del vulgar y anodino vocabulario humano), puedo decir que aunque me tocó estudiar en verano aprendí de su ausencia una de las lecciones más importantes de mi vida. No dejes de hacer lo que sientes en cada momento por miedo a cometer errores. Porque quien abre una herida es capaz de cerrar la cicatriz. Y si el tiempo se resiste a coser los agujeros, aprende a disfrutar de los pedazos rotos.
miércoles, 20 de abril de 2016
lunes, 18 de abril de 2016
Con la cabeza en los pies.
El anciano hizo una pausa para terminar de verter el contenido de la tetera en la taza de la joven, y continuó hablando.- La triste realidad de cómo funcionan muchas personas aquí dentro es que tienen la cabeza en los pies. Sin conocerte hablan de ti y te colocan etiquetas que no van a ninguna parte más allá de hacer daño. ¿Acaso despiertan contigo todas las mañanas? ¿Saben con quién duermes o quién te quita el sueño por las noches? ¿Saben lo que sueñas o lo que provoca tus madrugadas en vela? ¿Lo que te encantan los helados y que no puedes pasar un día sin comer chocolate? ¿Cuál es tu libro favorito o la película de Disney que más te gusta? ¿Saben cómo suena tu canción o quién es la persona que hace que al pensar en ella se te escape una sonrisa?¿Saben cómo te tiembla el corazón por dentro cuando alguien se deja caer por casualidad las seis letras de su nombre? ¿Saben qué es lo que aunque casi nunca llores te ha robado últimamente más lágrimas? ¿Han acariciado tu alma, sucumbido a tus encantos o entendido tu dolor? ¿Alguna de esas personas se ha puesto en tus zapatos y ha vivido tu lucha, tu día a día, tus tristezas y alegrías? ¿Esos secretos que casi nadie conoce, que cuando hablas de ellos te hacen sentirte completamente desnuda e indefensa, frágil y vulnerable? No. Definitivamente, no te conocen. Hablan, porque todos hablamos, pero existe una clara diferencia entre hablar con conocimiento y sin él. Así que si piensan que te conocen, antes de abrir la boca...que lo piensen otra vez.
martes, 29 de marzo de 2016
Y acariciar la herida, para que no duela.
Uno de mis recuerdos favoritos de aquella época es el de la primera vez que la miré. No la primera vez que la vi, la había visto muchas veces, en diferentes ocasiones sin si quiera darme cuenta. La primera vez que la miré de verdad, que me detuve sin querer durante unos segundos en la miel de sus ojos, que observé su sonrisa y pensé que era lo más bonito que había visto aquel domingo de resaca...lo más bonito que había visto en mucho tiempo. No sé por qué me sentí afortunado, y aunque siempre fui bastante escéptico en la magia os juro que noté a las jodidas mariposas revolotear dentro de mi estómago. Perdí por completo el hilo de la conversación, de lo que fuera que me estuviera contando que no dudo que fuera interesante...pero hay sensaciones que pueden borrar de golpe todas las palabras del mundo, que te hacen acariciar el tiempo como si escondieras cinco orgasmos en cada una de tus manos. Cuando recuerdo aquel momento a mí también se me asoman los dientes y se me escapan los hoyuelos. Es lo que me hace sacar las pinturas de colores cuando los días se vuelven grises como hoy, y crear un mar lleno de olas enormes que rompen contra las rocas con rabia, en un intento desesperado de volver a aquella playa. Al fin y al cabo si sonríes al recordar, es que no lo hizo mal del todo. Y lo importante no es quién cura las heridas. Sino quién es capaz de volverlas a abrir sin que te duelan.
viernes, 25 de marzo de 2016
Tit tac.
Suena el reloj, y ya son las siete. Camino a tientas hasta el lavabo mientras intento desenredar mis pestañas, y maquillar las ojeras que con esfuerzo he pintado hasta altas horas de la noche. Dejo caer la ropa sobre el gélido suelo del baño con la misma natural desgana que las serpientes su piel al mudarla, y reptando con elegante torpeza llego hasta la bañera. Tras unos minutos bajo la ducha siento cómo el agua acaricia mi cuerpo desnudo de la misma manera en la que antes lo hacían tus manos. Entonces me descubro a mí misma pensando en el dulce y amargo recuerdo de despertar cada mañana con el café de tus ojos. En lo bonito que es ser el motivo por el que alguien le muestra sin miedo sus dientes al mundo...y en lo triste que es dejar de serlo. Cierro el grifo y me pregunto qué cojones hago aquí sentada, mirando la lluvia, si hace días que no llueve. Me pregunto por qué lloro, y mis lágrimas no salen. Me pregunto tantas cosas que no logro responder...Y es que existen personas que hacen que te cuestiones el amor, después de haberlas amado con toda tu alma.
miércoles, 23 de marzo de 2016
El mundo entero.
Ayer cuando salía de trabajar me encontré con una niña que lloraba desconsoladamente en la puerta de una guardería. El llanto era tan desesperado que no pude evitar acercarme a la verja. Al preguntarle qué le sucedía me respondió que su papá había muerto. Me abrazó entre los barrotes, rompiendo de nuevo a llorar, y tras unos minutos en silencio en los que sentí cómo se me encogía el corazón pedacito a pedacito, le pregunté que por qué estaba allí, sola, en lugar de jugando con los demás niños. Agachando la mirada y con las lágrimas ya mudas brotando de sus enormes y brillantes ojos, me respondió: "La señorita me ha castigado por llorar por mi padre. Dice que con la que está cayendo en Bruselas soy una egoísta, y yo no sé qué es lo que se está cayendo en Bruselas, ni qué es Bruselas, ni qué es ser egoísta...pero sé que es algo malo." Han pasado más de veinte horas desde que me encontré con esa niña, pero algo dentro de mí me hace sentirme intranquila. Como quien ve cada vez más cerca un precipicio hacia el que poquito a poco nos estamos empujando los unos a los otros, y no hubiese manera alguna de frenarnos. Como si realmente no fuese Bruselas la que cae, sino todos. El mundo entero.
martes, 15 de marzo de 2016
Círculos.
De entre todas las actividades que el circo en el que trabajaba su familia le ofrecía, tenía claro que nunca sería Maga. Le resultaba demasiado triste asumir desde el principio que existía truco, y conocerlo. Al espectador siempre puede quedarle la duda, por escéptico que sea siempre puede contar con la posibilidad de creer. Ella no creía en la magia desde el día en el que le rompieron el corazón. Le llevó tanto esfuerzo recoger los pedacitos y recomponerlo que lo había encerrado en una armadura ermética y fría, difícil de alcanzar y más todavía de destruir. No se había vuelto a enamorar nunca. Encaprichado sí, muchas veces, pero al final siempre se aburría, o le aburrían, o quería creer que era aburrimiento y no miedo a terminar enamorándose de verdad lo que realmente sentía. No quería pasar por aquello otra vez...no quería que le hicieran daño, aunque egoístamente en ocasiones terminara por hacerlo ella. Tampoco es que lo pusiera muy fácil. Siempre decía lo que pensaba, y no lo que ellos querían escuchar, y eso es algo que en ocasiones puede confundirse con pedantería, bordería o prepotencia...así de mal valorada está hoy en día la sinceridad. A veces se quedaba callada como si el mundo no fuera con ella, como si la vida diera vueltas a su alrededor mientras ella caminaba en anodinos círculos, como si bogara como un escualo moribundo alienada en un estado de ataraxia y sin rumbo fijo. Hasta que un día, en medio de uno de esos círculos sin sentido y de la manera más inesperada, se encontró con la horma de su propio zapato. Se encontró con él.
viernes, 26 de febrero de 2016
Vuelve, verano. Vuelve.
De vez en cuando, la vida nos concede un puñado de momentos de felicidad plena. En ocasiones duran tan sólo unas horas. Otras son días, incluso semanas. El recuerdo de esos momentos nos acompañará siempre, transformándose en un país de memoria que nos hace cerrar los ojos y volver a ellos una y otra vez, en un intento desesperado de nuestro subconsciente por regresar. Hasta que el día menos pensado algo suena "click" en tu cabeza abriéndote los ojos de golpe, haciéndote entender eso de que "podemos echar de menos algo, pero no necesariamente quererlo de vuelta." Estar perdido no es malo. Pero para encontrarse es necesario sentarse, mirarse uno mismo hacia dentro, y tener el valor de aguantar la respiración sin salir corriendo.
lunes, 22 de febrero de 2016
Tinta de domingo.
El anciano la miró con ternura, acariciando con delicadeza su rostro obligando a morir así a las lágrimas que recorrían su pómulo izquierdo.-No seas tan ingenua, cielo. Abre esos ojos tan grandes que tienes, y aunque te duela, acéptalo. En el fondo nunca tuviste un padre, nunca lo fue para ti y no lo va a ser ahora, a estas alturas. La experiencia en la vida me ha enseñado que si una persona no te llama, es porque no quiere llamarte. Si te trata como si le importaras una mierda, es porque en ese momento le importas una jodida mierda. Si te traiciona, es porque no le interesas lo suficiente. De nada te sirven las personas que tratan de justificar su ausencia durante tu lucha, que dicen estar asustadas, confusas, deprimidas o agobiadas. De nada te sirven las personas que dicen estar dramáticamente afectadas por su pasado. De nada te sirven las personas que dicen estar necesitadas de distancia o de tiempo. Las personas se dividen solamente en dos categorías: Las que te quieren, y las que no te quieren. Todo lo demás, en algunas ocasiones es falta de madurez. Y por desgracia, en la mayoría de ellas, es una excusa. La realidad, es que no les importas lo suficiente.
jueves, 18 de febrero de 2016
Novela en pre-parto.
-¿Has vuelto a verla?-Preguntó Víctor dejando derramar sin querer parte del café sobre el mantel.
-Ha estado aquí hoy mismo.-Alatz cerró los ojos con fuerza, como si al hacerlo pudiera verla de nuevo frente a él.- Ha dicho que le importo, y luego se ha quedado callada. Se ha quedado callada mirándome, y yo he temblado entero, porque no hay nada que me de más pánico que la responsabilidad de tratar con un corazón en carne viva. Me ha dejado sin palabras, y es que sé que ella también me importa, y me odio a mí mismo porque el miedo no me deja hablar las cosas claras. El problema en todo esto es, que yo ya no puedo sumar algunas letras, y mucho menos pronunciarlas. "A mí también me importas" o "yo también te quiero en mi vida" sería un buen comienzo, por ejemplo, pero no me sale decirlo. Y no es culpa del orgullo, ni de las drogas, ni de agobios, esta vez no. Esta vez sucede que soy un cobarde. Sólo puedo esperar que ella no lo entienda, y una de dos, o se aleje, o insista. Que insista hasta que ya no tenga fuerzas para acumular silencios. Que me persiga hasta un callejón sin salida y que en medio de todo este sin-sentido me abrace. Y entonces, quizás entonces, pueda acercarme a su oído y susurrarle: Yo también. #Elpalaciodeparedesverdes #nochesdetintaypapel #novelaenpreparto #devueltaalacafeína #vístemedeinspiración #night #inspiration #writing #backtotheroots
lunes, 15 de febrero de 2016
Olores.
Laura siempre había sido bastante rara para los olores. No era capaz de comer o beber algo que no le gustara cómo olía, y podía percibir la presencia de ciertas personas sólo por el perfume que desprendían. Llevaba tiempo sintiendo el (d)olor de la ausencia de Nico entre sus sábanas, y hasta aquella noche había sido incapaz de tan siquiera plantearse la posibilidad de reemplazarlo, aunque fuera un rato. Se sentía especialmente nerviosa. No tenía nada que ver con la cena en aquel restaurante de moda, ni con el paseo por el centro de la ciudad, ni con lo insultantemente atractivo que siempre le había resultado él. Él y su sonrisa llena de hoyuelos, su verde mirada penetrante, su tez morena, sus largas manos, llenas de venas. Cuando a la mañana siguiente, tras desayunar con ella, abandonó su casa, se escondió bajo las sábanas y rompió a llorar. Era la primera vez desde la misteriosa desaparición de Nico que otra persona ocupaba aquella cama, y se había sentido más vacía que todas las noches anteriores en las que había dormido sola. Respiró profundamente interrumpida por sus propios sollozos, y dejó escapar el aire tranquila al comprobar que el recuerdo de su almohada seguía oliendo a Nico. Cerró los ojos y le dolió ahí donde sus manos, en algún momento, alguna vez, le hicieron sentir que nunca se iría. Pensó que era una auténtica putada que la piel no sufriera Alzheimer emocional, o que las farmacias no vendieran anestesia a granel, al menos. Entendió entonces que su alma no había perdido la esperanza de que la policía le trajera a Nico de vuelta. Que de nada sirve tapar las heridas con tiritas nuevas, que para que cicatricen es mejor dejar que les de el aire, y en todo caso, esperar a que si tienen que regresar, regresen las viejas. Porque el único remedio para curarlas, solamente lo conoce la persona que las crea.
sábado, 13 de febrero de 2016
Tinta de lluvia y carretera.
Si los asientos traseros de un coche tuvieran permiso para hablar, podrían escribir más historias que la propia luna en cada una de sus madrugadas sin ropa. Historias de descampados de carretera y aparcamientos de supermercado, de amaneceres en los que los relojes se rompen esparciendo su arena en tantas direcciones como pueden tomar tus manos recorriendo mis piernas desnudas. Historias de mensajes a deshora, de cristales empañados, de freno de mano erguido, palanca de cambios en posición "marcha atrás", luces apagadas y corazones encendidos. Historias de esas que se intuyen con una mirada, que al recordar tu alma suspira, en silencio, sintiendo como si cientos de galgos recorrieran tu sistema respiratorio acaparando tu aliento, tu alma, sin descanso, sin fondo. Historias de esas de las de "si me tocas de la misma manera en la que me miras, no respondo."
martes, 9 de febrero de 2016
Maravillas del mundo.
De vez en cuando, la vida nos concede un puñado de momentos de felicidad plena. En ocasiones duran tan sólo unas horas. Otras son días, incluso semanas. El recuerdo de esos momentos nos acompañará siempre, transformándose en un país de memoria que nos hace volver a ellos una y otra vez, en un intento desesperado de nuestro subconsciente por regresar a esa vida.
Xichen Itza.
Riviera Maya.México.
Maravillas del mundo.
En todos los sentidos.
miércoles, 27 de enero de 2016
"Lo que escuece imaginarse el sin ti, después de ti."
Cuando no puedas dormir, te mando sueño. Piensa que estoy ahí, contigo. Es uno de esos días en los que el cielo muestra su traje de luces puras y blancas, mientras el viento hace que un coro de árboles fuerce sus ramas como si de cuerdas vocales se trataran, en sus posturas más agudas, más intensas, más humanas. Cuando no debas dormir, te mando un beso. Siente que estoy ahí, contigo. Es uno de esos días en los que se desatan tormentas en el mar de las sábanas, mientras mis piernas te enredan, y nuestros cuerpos se mueven al son de las olas que bailan la más dulce y violenta melodía que nazca de tu alma. Cuando no quieras dormir, te mando mis sueños y mis besos. Déjame soñar contigo. Déjame dormir contigo, anda. Déjame darte un beso de esos que no se olvidan. Ni en otros labios, ni en otros cuerpos, ni en otras camas, ni en otras aguas. Ni en otras vidas.
domingo, 10 de enero de 2016
Tinta de domingo.
Dicen que el dolor ablanda a las personas. Yo pienso que a la larga, las endurece más. Recuerdo que de pequeña, mi abuela me dijo una vez que ella cuando estaba triste o cuando no se aguantaba ni a sí misma se escondía en un rincón de su habitación, sola, sin que nadie la molestara. Se escondía a esperar a que la tristeza se marchara. En más de una ocasión la encontré allí, con la luz apagada, y sin atreverme a entrar me senté junto a la puerta a esperar a que cesara su llanto. Nunca me ha gustado que me vean llorar, así que por entonces elegí como mi rincón el hueco de detrás de las cortinas, porque creía que aunque yo pudiera ver a través de ellas nadie podía verme a mí. Ahora, cuando me siento así, me escondo en el rincón de sus silencios. Y al cerrar los ojos, todavía consigo recordar cómo sonaba su voz. Entonces poco a poco algo dentro de mí me va calmando, y sin querer pero queriendo se dibuja en mi rostro una sonrisa al recordar cómo era la suya. Por eso cuando tu mundo se desmorone y no encuentres un rincón donde esconderte, ven, que aunque ahora esté parecido, yo te hago un hueco en el mío.
domingo, 3 de enero de 2016
Tinta de domingo.
Si aquella noche le hubieran preguntado dónde estaba, probablemente no hubiera sido capaz de responder. Llevaba tantas horas sumergido en copas de vozca y champagne y dejando colgar sus brazos sobre crías que intentaban convertirse en mujeres, que ni siquiera era consciente de lo denigrante y vergonzosa que resultaba para cualquier auténtica mujer que le obesrvara desde fuera la imagen que estaba dando, restregando su cabeza entre los pechos de aquella peliroja mal teniña de formas insultantemente vulgares que conocía más camas que pijamas, en medio del bar. Hora después, cuando regreasba a buscar su coche haciendo un esfuerzo inútil por mantener la línea recta, un borracho se acercó a él. Se quedó parado mirándole, y apoyándose sobre su hombro izquierdo le susurró: "¿Sabes lo que te pasa? Que has perdido lo más valioso que tenías. Así tu vida ya no va hacia ninguna parte." Han pasado semanas desde aquella madrugada, y aunque procura no pensar mucho en ello algo en su interior le hace sentirse intranquilo. Como si realmente etuviera perdiendo algo muy valioso, y con ello se hubiera perdido a a sí mismo. Coo si realmente su vida ya no fuese hacia ninguna parte, y hasta ese precioso momento, no hubieese tnido tiempo ni para darse cuenta.
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