Es así como funciona. Hay quien pinta, hay quien corre, y hay quien escribe. Igual que para quien pinta es necesario el color o para quien corre lo es el asfalto, para escribir hace falta ideas. Las ideas no nacen de la nada, tiene que haber algo que las genere, y como todo en la vida para los que carecemos de eso que llaman Fe en Dios, hay que saber manejarlas e interpretarlas, y no duran eternamente. Ni Alatriste consiguió que Reverte no interrumpiera sus aventuras pensando en la reina del Sur o en la carta esférica, ni Tolkien tuvo anillos para llenar más de 1.557 páginas, ni el amor de Don Quijote hacia Dulcinea fue sentido como tal por Cervantes. Las ideas se agotan, se duermen, y por triste que resulte, hay ocasiones en las que el beso del príncipe nunca llega, y no vuelven a despertar jamás. Después de explotar una idea brillante, especial o íntegra, llega una etapa de transición, un período de luto, un vacío de inspiración. Pero cuando una idea de este tipo muere, otra nace. Y puede que haya a quien no le guste como suenan, o simplemente no las entienda, pero igual que al pintor le sirve un pincel o al corredor un par de zapatillas, a ti una idea nueva te inspira, y con eso es suficiente para dejar dormir a las viejas ideas, aunque no seas capaz de matarlas, y evitando pensar en si algún día, bien de la misma forma o transformadas, despertarán de nuevo, volver a coger un bolígrafo, sacar un papel, y ponerte a escribir.
miércoles, 9 de marzo de 2011
Sin ganas.
martes, 8 de marzo de 2011
lunes, 7 de marzo de 2011
Hablemos sobre Dios... (1998)
domingo, 6 de marzo de 2011
Quien te entienda, que te compre.
Está loco, parece idiota, a veces. Idiota en el sentido literal de lo que la palabra significa, engreído sin fundamento para ello, corto de entendimiento. No le falta tacto, carece casi por completo del mismo. Incoherente, temperamental, en ocasiones reservado hasta el punto de resultar totalmente insensible. Y ese humor...ese humor que si no eres capaz de entender acaba por sacarte de quicio, y que aunque lo entiendas en determinados momentos resulta absurdo, parece que se ríe de tí, y te dan ganas de no volver a perder ni un solo minuto de tu tiempo con él. No lo merece, o no lo demuestra, se comporta de forma egoísta, inmadura, sin sentido. Y no lo entiendes, esta vez no. Y no es porque lleve un abrigo enorme, porque no se peine, o porque use siempre el mismo par de zapatillas, todo eso te da exactamente igual. Pero los días pasan, el tiempo se te acaba, y no hace nada. Y duele, aunque te cueste reconocerlo, aunque estés cansada...lo sientes, te importa, y duele.
viernes, 4 de marzo de 2011
Aula 101. Raquel...y encima, lleva mi nombre.
Primera duda que me ha surgido sobre cómo actuar, y eso que todo ésto no ha hecho más que empezar. El examen se acaba, y no ha tenido tiempo suficiente. Llevaba un rato agobiada, aunque ella piense que desde fuera no se nota, su cara en la última fila reflejaba a gritos el esfuerzo finalmente inútil por contener las lágrimas que hace unos minutos no paraban de brotar de sus ojos. Parece una niña aplicada, despierta ternura, y creo que será de las que merece la pena conocer. Probablemente sin la presión y sin nervios hubiera sido capaz de hacerlo mejor, mucho mejor, tras conseguir tranquilizarla sólo era cuestión de dejarle unos minutos más. Pero es un mero examen, una simple prueba de instituto, y por algún sitio tiene que empezar a aprender que cuanto más mayor sea, menos ocasiones tendrá en la vida en las que pueda robarle al tiempo unos minutos más.
jueves, 3 de marzo de 2011
No, solo ida.
miércoles, 2 de marzo de 2011
No por tí. Contigo.
Dulce y amarga nostalgia.
Casi sin que te de tiempo a reaccionar, llega un día en el que te plantan ahí, al otro lado de la barrera, dando por hecho que en los últimos años has aprendido todo lo que tenías que aprender para saber enseñárselo a la gente que ocupa el lugar que hasta hace no mucho era el tuyo. Y te das cuenta de todo lo que viviste sentado en esos pupitres, sin darle importancia ni prestarle demasiada atención. Supongo que hay diferentes formas de verlo. Hay quien echa en falta todo y hay quien simplemente no echa en falta nada. Yo echo en falta muchas cosas, pero sobre todo recuerdo las más recientes...
Llegar a la hora que llegue, y que siempre esté ahí, sentado junto a tu hueco vacío, y tras señalar a su muñeca simulando el reloj que nunca lleva te mire con esa cara de “siempre tarde”.
Compartir folios, bien sea porque no trajo, bien porque no trajiste tú, bien porque ninguno de los dos se acordó y tenéis que echar a suertes quién pide a los demás. Y acabas haciendo la letra más pequeña de lo normal para que te quepa todo en la misma hoja, aunque muchas veces resulte inútil y tengas que acabar pidiendo una más.
Quedarte sin bolígrafos, porque al menos un par de veces al mes olvida o pierde el que le dejaste el día anterior, que tiempo después encuentras tirado por el asiento o la guantera de su coche.
Reírte, más que con los demás, de los demás, aunque suene cruel, pero sin malicia, por pasar el rato.
Intentar distraerle porque te aburres, cuando trata de atender, pintarle la mesa, o los brazos, y sacarle de quicio, hasta conseguir que se eche las manos a la cabeza y se revuelva el pelo más de lo normal...pero acabe sonriendo.
Aprovechar su paciencia cuando la tuya no es suficiente para detenerte a pensar un poco más, y entender algo que requiere más tiempo del que quieres dedicarle.
Ese mensaje, esa llamada, ese “suerte”, ese “ánimo” ese “¿qué tal lo llevas?”, “¿qué tal te ha salido?”, “¿sabes si ésto entra?” ,“¿lo entiendes?”,“¿te has mirado ésto?”.
Son sólo pequeños detalles, que en el momento en el que los vives no eres consciente de que los tienes, pero que una vez que los pierdes vienen a tu memoria involuntariamente, y te hacen recordar, valorar y entender lo que en su momento significaban para tí, y lo que, te guste o no, continúan significando...porque te siguen inspirando.
lunes, 28 de febrero de 2011
Despedidas.
Odio las ciudades con aeropuerto. Por ponerle un nombre, llamémosle Barcelona. Odio Barcelona, su aeropuerto, y su estación de tren, o de autobús, cualquiera desde la que haya que decir adiós. En realidad da igual cuál sea la ciudad, la impresión que transmiten esos lugares siempre es la misma. Cargados del nerviosismo de gente apresurada de un lado para el otro arrastrando maletas y bolsos de viaje, de la emoción de padres despidiendo a sus hijos que regresan a los lugares donde estudian, de parejas que se abrazan y se recuerdan todo lo que se van a echar de menos...y de ese olor. Ese olor gris, a vehículo grande, que seguramente contamine menos que el de los miles y miles de coches que circulan cada día por las carreteras, pero que penetra en tus pulmones con una fuerza mucho mayor. Y cuando el conductor ocupa su asiento, las puertas se cierran, el motor se enciende, y ves cómo se va alejando poco a poco hasta que finalmente lo pierdes de vista, te quedas ahí de pie, impasible, inmóvil, mirando hacia el hueco que tan solo unos pocos segundos antes ocupaba...pero que ahora está vacío, y ya no queda nada. Y es entonces cuando aparece esa horrible sensación. La sensación que te recorre el cuerpo de arriba a abajo, sin olvidarse ni un solo rincón, para después permanecer ahí, estancada, sin moverse ni para dejarte respirar bajo un ritmo cardiaco médicamente normal...hasta que finalmente tomas aire, das media vuelta, y abandonas la estación, llevándote contigo ese enorme hueco vacío, que sólo siendo quien se marcha en lugar de quien se queda podrás conseguir evitar. Odio Barcelona. Odio las ciudades con aeropuerto, odio las estaciones de tren y de autobús...pero lo que más odio de todo, son las despedidas.
sábado, 26 de febrero de 2011
...
No es miedo, claro que no es miedo, o si lo es, sólo en parte. En realidad son un montón de sentimientos, que agitados en una coctelera tienden a explotar al mezclarse entre sí, y no tienes ni idea de cómo hacer para distinguirlos, separarlos y exteriorizarlos. Pero al menos, no es solamente miedo.
jueves, 24 de febrero de 2011
65.537 horas.
3 horas con él bastan para que te sorprenda. A las 5 creerás que está loco, y alrededor de las 17 puede que hasta te parezca un completo idiota. A partir de las 257 coge aire, y tómatelo con calma...no le falta tacto, carece casi por completo del mismo. Incoherente, temperamental, extremadamente reservado a veces, le cuesta canalizar sus emociones y exteriorizar lo que siente, hasta el punto de parecer totalmente insensible. Y ese humor...ese humor tan ácido que si no eres capaz de entender acabará por sacarte de quicio. Pero al llegar a las 65.537 horas...verás que es más sensible de lo que aparenta, apreciarás su discreción, te hará gracia su incoherencia, te reirás con ese humor...y lo único que querrás quitarle, será ese enorme y horrible abrigo, y ese clásico y monótono par de zapatillas.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Insomnio.
domingo, 20 de febrero de 2011
Dulce condena.
Es un no va más, un fuera de serie, un motivo para irme y para quedarme a la vez, para morirme de ganas por darle un beso y al mismo tiempo desear que se marche cuanto antes. Le admiro, no puedo evitar admirarle, es un punto de referencia, un ejemplo a seguir en muchos aspectos. Me entiende, me llena, me completa, y ya me he quedado sin fuerzas hasta para decirle que no. Quizás nos encontramos porque los dos corríamos directamente hacía la nada, sin objetivo, sin buscar. Nos encontramos sintiendo todo, porque seguramente estábamos muy cerca de no sentir nada. Y no se qué cojones tiene, pero juro que engancha, es un encanto especial que le define, que consigue descolocarme y sacarme una sonrisa de idiota cada vez que le veo...y mi centro, mi razón, mis pilares...transitoriamente todo declina, todo se nubla, se esfuma. Y me siento estúpida, lejos de ser por momentos la persona inteligente que creía ser, aunque suene arrogante, pero me siento cómoda a su lado, a la misma altura, incluso a menos, a veces. Y me alegro de que el final no encuentre su momento, porque no quiero finales felices. Si alguna vez se acaba, que se acabe, estará condenado a ser triste...en esta ocasión, terriblemente triste.
Que no se movía, pero no estaba roto. Sólo era cuestión de volver a darle cuerda.
miércoles, 16 de febrero de 2011
Miércoles.
El reloj funciona de forma diferente en esos momentos. Sigue habiendo mañanas en las que se levanta pensando en ello, y noches en las que antes de dormir es lo último que le pasa por la cabeza. Y en ocasiones viene a su mente sin más, así sin querer, de forma involuntaria. Y cuando le ve...cuando le ve no puede evitar sonreír. Aunque muchas veces no se le note por fuera, por dentro está sonriendo. Y no sonríe porque le haga gracia ese abrigo tan horrible en el que caben dos como él, porque no pare de dar chillos sin si quiera estar de mal humor, o porque no haga mas que tocarse el pelo que lleva más corto de lo habitual. Sonríe porque sí, no tiene una explicación para ello. Y le inspira para escribir todas estas tonterías, que aunque no van a ninguna parte ni significan nada, siempre suenan bien. El caso es que da igual que el tiempo pase. Le sigue haciendo reír. Y cada vez que le mira, le habla, le toca, le abraza, le...no puede evitar pensar que merece la pena.